La Dra. Sakena Yacoobi, defensora de los derechos humanos, pide ayuda en medio de la crisis afgana

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Queridos amigos, simpatizantes y colegas

Esta es una de las cartas más difíciles que he escrito. Después de veinte años, nuestro gobierno se derrumbó sin ninguna resistencia. La constitución por la que tanto trabajamos, los derechos por los que nuestras mujeres se sacrificaron tanto, han sido arrojados por la ventana como sobras para los perros. Nuestros militares y el gobierno de Ghani huyeron, dejando a nuestras mujeres y niños para enfrentarse a los talibanes sin ningún tipo de apoyo. El mundo lo vio lo que pasaba sin importarle. Suplicamos, gritando por ayuda. Así que ahora vemos que la paz se hace de nuevo a costa de las mujeres y los niños.

La República Islámica de Afganistán ha caído y Kabul es un completo caos. Mi oficina y mi personal están ilesos, por lo que damos gracias a Dios. La nación de Afganistán es un caos. Mis escuelas siguen en pie; a partir de ahora, hemos recibido instrucciones de que podemos continuar mientras separemos a los niños de las niñas. El día que los talibanes tomaron Kandahar, plantaron sus banderas en el patio de tres de ellas. Mis escuelas deben ser importantes, ya que las visitaron el primer día que los talibanes tomaron el control.

Nuestros Centros de Aprendizaje para Mujeres siguen abiertos, ya que atienden principalmente a las mujeres. Por ahora, mi personal está ileso. Esperamos y rezamos para que esto siga siendo así. Nos han dicho que Radio y TV Meraj no deben operar hasta que se nos avise, esperaremos esa instrucción. Esperamos y rezamos que los talibanes no hayan mentido cuando dijeron al mundo que no tenían intención de cerrar las escuelas, pero nuestras universidades ya han cerrado sus puertas a las mujeres y les han dicho que se vayan a casa. Las ventas de burkas se han triplicado, al igual que los precios para adquirirlas.

Las mujeres que antes vivían con los talibanes van ahora a comprar estas prendas, mientras que las hijas criadas bajo la ocupación estadounidense se las echan en cara a sus madres, negándose a llevarlas.

Somos una nación en una encrucijada, pero AIL (Afghan Institute of Learning) hará lo que siempre ha hecho. Seguiremos educando y proporcionando un espacio seguro para los niños y las mujeres. Seguiremos ofreciendo comida y formación laboral y atención médica mientras podamos permanecer en nuestras instalaciones. Cuando ya no sea posible permanecer en esos edificios, encontraremos nuevos edificios y trabajaremos desde allí. Dondequiera que tengamos escuelas ahora, las tendremos la semana que viene o el mes que viene, o el año que viene.

AIL se inició en secreto y continuará en secreto si es necesario. Aunque tenemos miedo, no estamos derrotados. Nuestra misión sigue siendo la misma. Crearemos escuelas en todas las provincias, ahora que lo peor ha llegado. Sabemos lo que nos espera. Conocemos muy bien a los talibanes. No hay duda de cómo operan ni de lo que esperan. Sabemos cómo manejarlos. Así lo haremos.

Carta tras carta, llamada tras llamada, llegaron este fin de semana preguntando cómo se puede ayudar. Necesitamos suministros humanitarios. La situación de los refugiados de la que les informamos la semana pasada y la anterior no ha hecho más que empeorar. Tenemos 300.000 refugiados internos y 80.000 niños que carecen de refugio y alimentos. Donde estábamos escasos de suministros, ahora estamos sin nada. Los necesitados nos superan. Las agencias de ayuda se han ido con los estadounidenses. AIL no se irá, así que ampliaremos nuestras instalaciones para ayudar a los que lo han perdido todo, incluso sus casas, en los combates. Necesitamos leche en polvo, ropa, material escolar, medicamentos, artículos de higiene, y el Covid sigue presente, por lo que el jabón y los desinfectantes son fundamentales. Muchos de ustedes han preguntado qué más pueden hacer, y a eso les digo que se pongan en contacto con la ONU y los funcionarios del gobierno y les digan que quieren que utilicen todas las herramientas posibles que tienen para proteger a nuestras mujeres y niñas por medios diplomáticos. Sancionen a Pakistán por su invasión de mi país y recen por la seguridad de mi pueblo.

Nuestra democracia puede haber caído por ahora, pero las ideas no desaparecen tan fácilmente. No se pueden matar los susurros en el viento. Los talibanes no pueden aplastar un sueño. Prevaleceremos, aunque nos lleve más tiempo del que queríamos.

Mucho amor para todos,

*Dra. Sakena Yacoobi

*La Dra. Sakena Yacoobi fue premiada con el Premio Sunhak de la Paz en el año 2017 y es Embajadora por la Paz. 

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Traducción:

Ricardo Gómez

Argentina

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