El Camino de la Vida para Toda la Humanidad

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El Camino de la Vida para Toda la Humanidad

17 de enero de 1999

Estadio Olímpico de Weightlifting, Seúl, Corea

Gira Mundial de Conferencias de la Familia Verdadera

Estimados invitados, damas y caballeros:

Estoy realmente agradecido porque se hayan tomado el tiempo de ayudarme a realizar exitosamente esta reunión, a pesar de sus ocupadas agendas. El tema que trataremos hoy es “El Camino de la Vida para Toda la Humanidad”.

Hoy en día, el mundo está perdido en una gran confusión y grita de agonía. Estamos enfrentándonos a un conflicto sin fin entre individuos, en nuestras familias, en nuestras naciones y en el mundo. Como personas, estamos enfrentándonos a un desorden interno entre nuestra mente y cuerpo. Las familias están siendo afectadas por la decadencia moral de los jóvenes y la desintegración familiar. Las rivalidades históricas llevan a la desconfianza e incluso a las guerras dentro de nuestras naciones, avivando así las brasas de la incertidumbre y la desesperanza en el mundo. La solución a todos estos problemas está en desarrollar una relación de amor ideal con Dios.

El propósito de Dios al crear a la humanidad

A través de la historia, la humanidad ha buscado responder esta simple pregunta: ¿Por qué nacemos? Algunos han concluido que nacieron por el bien de su nación, mientras que otros han decidido que nacieron por el bien de sus padres. Aún hay gente que cree que nació por su propio beneficio. Las personas de fe creen que nacieron por el bien de Dios.

Pero no es suficiente decir que Dios creó el universo por el mero bien de los seres humanos o incluso por el mismo beneficio de Dios porque la creación de la humanidad abarca la cooperación de muchos seres y elementos. Aunque cada uno tenga su propio propósito inherente, todos trabajan juntos para iniciar el proceso creativo. El propósito de Dios de crear, el propósito de los ángeles de ayudar, el propósito de la naturaleza de proveer los materiales e incluso el propósito humano de ser creados son todos consistentes. Hay un propósito único que es darle alegría a Dios, a los ángeles, al resto de la creación y a los seres humanos.

Este propósito compartido es algo que cuanto más lo tengamos, más grande será la felicidad y la alegría que nos entregue. Esto es algo que, una vez que lo tenemos, jamás lo dejaremos ir. No puede ser externo en naturaleza, sino que es algo interno e invisible. Cosas tales como el conocimiento, el dinero y el poder son condiciones meramente colaterales que se necesitan en las vidas de las personas, por lo que no nacimos con el propósito de poseerlas. Estas cosas externas podrán existir en una relación recíproca con la humanidad, pero solo de forma temporal y no eterna.

Dios no necesita dinero. Si el Dios Todopoderoso necesitara dinero, Él podría crear tanto como deseara. También sabemos que Dios es la raíz del conocimiento, ya que Él creó el universo a través de ciertos principios y leyes. Además, el Creador es el origen del poder, por lo que Dios no necesita buscar poder.

Entonces, ¿cuál es el contenido o propósito único? Es algo a lo que no podemos llegar solo mediante el esfuerzo humano. Esto se debe a que el esfuerzo humano no puede controlar el origen fundamental de la vida. Este contenido es algo que dirige la motivación, el curso e incluso el destino final de la vida de cada persona.

Desde esta perspectiva, este contenido común solo puede ser el amor verdadero. Los seres humanos nacieron en amor y están destinados a transitar el camino del amor; incluso las personas mueren por amor. Esto nos muestra que el amor es más valioso que la vida misma. Además, vemos que el amor precede a la vida, y es por eso que las personas incluso ofrecen sus vidas por el bien del amor.

El amor es eterno. Si miramos las novelas, poemas y otros trabajos de la literatura, vemos cómo los autores establecen el amor incambiable y eterno como el ideal. Claramente los seres humanos no están satisfechos con el amor momentáneo o limitado, nuestro deseo es que el amor sea eterno.

El amor tiene el poder de desarmar a Dios completamente porque incluso Él es vulnerable al amor. El Dios Todopoderoso no puede resistirse a sonreír cuando huele la fragancia del amor de los seres humanos. Dios también disfruta las historias de amor. ¡Pero es mucho más placentero cuando de verdad se practica el amor!

Cada órgano de nuestro cuerpo fue creado por el bien del amor. Por ejemplo, los ojos fueron obviamente creados con el propósito de la vista. ¿Para ver qué? Los ojos fueron específicamente creados para ver el amor, que es el tema común entre todos los seres. La nariz fue creada para oler, pero específicamente para oler la fragancia del amor. De forma similar, nuestros oídos fueron creados para escuchar los sonidos del amor. De todos los sonidos que escuchamos, el único sonido del que nunca nos cansamos es el sonido de alguien diciendo “te amo”. Esto es así tanto para las personas mayores como para los jóvenes.

El amor es el único poder que puede dejar a todos los seres en un estado de atracción mutua. Aquí el amor hace referencia al amor verdadero, el cual cada ser del universo recibe. El amor verdadero es el tipo de amor que está respaldado públicamente por Dios, el mundo angélico, las cosas de la creación y todas las personas. Si pudiéramos cubrir todo el universo con un manto del amor, nadie querría escabullirse fuera de ese manto. Desde esta perspectiva, está claro que la creación del universo y la vida misma se originaron del amor verdadero.

El amor verdadero es el origen de la creación del universo

Cuando los seres humanos alcanzan el estado de conciencia en el que pueden amar al universo, todas las puertas del universo se abren ante ellos. Por ejemplo, yo soy un pequeño ser que ocupa este espacio de aquí; pero, centrado en el amor verdadero, puedo tener una relación recíproca con un ser de cualquier tamaño o magnitud. Digamos que Dios es un ser extremadamente grande; entonces, mediante el poder del amor, yo puedo elevarme a una posición recíproca a la del Dios Absoluto. Esto es posible porque el amor es un atributo de Dios.

Entonces, una persona que reconoce y guarda el pacto de amor de Dios puede disfrutar de la libertad en cualquier parte del universo. Una persona que está intoxicada con el amor de Dios puede examinar un grano de arena durante mil años sin aburrirse. Una persona así verá la luz radiando de su propia mano. Una persona que está acostada una noche siente que está durmiendo en una cama dorada y que está irradiando luz dorada. Esto podrá sonar poco creíble, pero es verdad. Si alcanzan ese estado, pueden pararse en la cima de una colina y sentir que toda la creación está ansiosa de recibirlos. ¿Alguna vez han sentido eso? El pensamiento de que nacieron en un universo de amor no solo nos da un sentimiento de felicidad infinita, sino que también nos hace querer proclamar al mundo: “¡Ey, mírame!”. Dios estuvo trabajando en el laboratorio y creó el descubrimiento más ideal y sensacional: el descubrimiento es cada uno de nosotros.

Nosotros fuimos creados en una posición recíproca al amor de Dios. Por lo tanto, cualquier acto de autodestrucción es el más grande de todos los pecados. Por el contrario, amarnos y protegernos son actos de gran bondad. Es por eso que el suicidio, el principal acto de autodestrucción, es una seria violación del corazón. El suicidio contribuye a la desintegración del universo.

Una persona podrá ser encarcelada y torturada hasta el punto de vomitar sangre. En ese momento, si él o ella siente el amor de Dios, ese sufrimiento se convierte en la llave que abre la puerta al abrazo de Dios con un amor que penetra la médula de sus huesos. Una persona que percibe su sufrimiento de esa forma podrá encarar la muerte con felicidad.

Con este ejemplo vemos que cualquiera que vive dentro del poder del amor verdadero es una persona de gran fortaleza. Incluso si alguien le ofreciera un país o el mundo, esta persona no se dejaría influenciar. Incluso Satanás estaría obligado a rendirse ante él o ella. Una persona así, llamada por Dios para que represente a toda la humanidad centrada en este amor cósmico, sería el Mesías. Jesús es ese representante. Nunca podremos encontrar este amor cósmico sin pasar por el Mesías. Es razonable decir que todas las personas de la Tierra tendrán que seguir al Mesías. Jesús dijo: “Yo soy el camino, y la verdad y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”, (Juan 14:6) El significado de esto sería más claro si se agregara la palabra amor: “Yo soy el camino, y la verdad, la vida y el amor; nadie viene al Padre, sino por mí”.

El Principio Divino de la Iglesia de Unificación enseña que la energía se produce cuando un compañero sujeto y un compañero objeto se hacen uno. En una familia, los padres asumen la posición de compañero sujeto y los hijos la posición de compañero objeto. Una vez que tienen una relación recíproca de amor, se forma una entidad y una familia verdadera. Luego, esta entidad se convierte en un nuevo compañero objeto que puede unirse con un compañero sujeto más grande. Con Dios como el compañero sujeto, la unión padre-hijo se hace una con Dios. También podemos decir que cuando se forma una relación sujeto-objeto perfecta con Dios y están centrados en el ideal del amor, Dios y la humanidad pueden existir en unidad total. Cuando el reino del amor entre Dios y la humanidad se hace realidad, la luz del amor brilla por todo el universo y es tan fuerte y constante como el sol.

De esta forma, cada uno de nosotros es una persona a través de la cual las vidas de ambos padres se hacen una, y también es un compañero del amor de nuestros padres. Somos uno con su amor y con sus ideales, incluyendo la felicidad y la paz. Para un padre, la alegría del éxito mundano no es nada comparada con la alegría de reencontrarse con un hijo perdido. Esto muestra que el hijo encarna los ideales más elevados de los padres.

Todos nosotros estamos conectados a la vida, el amor y los ideales de nuestros padres, y nadie puede cortar esas conexiones; ni siquiera Dios o el universo puede cortarlas. De hecho, todas las fuerzas del universo trabajan juntas para salvaguardar estas conexiones. Esto es así porque los padres son la causa y los hijos el resultado. Los padres y los hijos son uno solo y están centrados en el amor. La causa y el efecto se hacen uno y forman el reino del amor sustancial. Este es un principio del universo.

Por esta razón, a dondequiera que vaya el niño, la madre y el padre lo seguirán. Incluso en el mundo espiritual, sus padres querrán estar siempre con ustedes. Por lo tanto, en el ideal original, no es natural que una persona no quiera estar acompañada de sus padres. Este comportamiento destruye el universo. Cuando una persona no quiere ir con sus padres, esto significa que se está desviando del Principio y que se está dirigiendo hacia la Caída.

Por lo tanto, los actos como la piedad filial, que es amar y cuidar a nuestros padres como a nosotros mismos, son las cosas más preciosas. Es por eso que hay un dicho que reza: “La buena fortuna viene de una familia armoniosa”. Por otro lado, el divorcio corta la armonía familiar como un cuchillo. La ley del universo no permite semejante acto. Los padres que desobedecen esta ley se encuentran anhelando la buena fortuna o una familia armoniosa.

Nuestros tres padres son esta Tierra, nuestros padres naturales y nuestro Padre Celestial

Todos llegamos al mundo a través de tres conjuntos de padres. El primer padre es el mundo material, los elementos del mundo de la materia se combinan para formar a cada persona como el centro del mundo material y como un ser material complejo. Por eso podemos decir que estos mismos elementos físicos son los antepasados que nos dieron a luz. Al mismo tiempo, el mundo material es una extensión de nosotros. El universo se creó para que la materia solamente se establezca en el ideal del amor. Las células solo pueden vivir tranquilamente en el ideal del amor. Sin embargo, esto se arruina cada vez que una persona se enoja.

Nuestro segundo conjunto de padres son nuestros padres físicos. Al darnos a luz, nuestros padres nos dieron una forma particular, y en esta medida ellos son los maestros del nuestras vidas. Sin embargo, no importa cuánto lo intenten, nuestros padres no pueden ser los maestros de nuestro amor, porque el maestro del amor es Dios. En este contexto, Dios existe para que el amor se expanda por todo el universo y para que sea eterno. Debido a que Dios es el compañero sujeto del amor, Él se convierte en el Padre centrado en el amor. Dios es nuestro tercer Padre, por lo que tenemos tres conjuntos de padres.

La vida humana se divide en tres períodos: la vida en el vientre, de aproximadamente diez meses, una vida física de aproximadamente cien años y una vida en el mundo espiritual que dura decenas de miles de años hasta la eternidad. Si vemos nuestro propio rostro, también vemos tres etapas: la boca, la nariz y los ojos, los cuales reflejan los tres períodos de nuestras vidas. La boca simboliza el período en el vientre, que es un mundo material; la nariz simboliza el período en la Tierra, que es el mundo de la humanidad, y los ojos simbolizan el período en el Cielo, que es el mundo espiritual.

Para el feto, el mundo líquido del vientre de su madre es un mundo de libertad completa. Curiosamente, aunque está limitado dentro de los confines del vientre, el feto se siente completamente libre. Dentro del vientre no puede estirar sus piernas y depende del cordón umbilical para respirar y recibir nutrientes para sobrevivir. Su nariz y boca son inútiles en ese mundo; pero, para el feto, el mundo del vientre es un mundo de libertad completa.

En el momento del nacimiento, ¿ustedes creen que el feto diría: “Estoy yendo a este mundo para comer arroz delicioso, miel y muchas tortas con esta boca?” No. En realidad es todo lo opuesto, porque diría: “¡Oh, no! ¡No me quiero ir!”. Sin embargo, aunque el feto no quiera abandonar el vientre de su madre, cuando llegue el momento no tendrá elección. Mientras fluya el líquido amniótico, el feto tendrá que salir. Esto es lo que sucede en un nacimiento normal. Tan pronto como nazca el bebé, este comienza a llorar y, al mismo tiempo, empieza a respirar a través de su nariz. También se vincula con el segundo mundo, con el mundo del aire.

A medida que el bebé abandona el vientre para entrar al mundo del aire, el cordón umbilical se descarta junto con el saco amniótico y todo lo que se necesitaba en el mundo del vientre. Con la destrucción de estas cosas, el bebé nace en el seno de su nueva madre, el planeta Tierra. Una vez que nace, el bebé comienza a comer con su boca y a respirar con su nariz. La comida que comemos en la Tierra alimenta nuestro cuerpo físico, pero no contiene el elemento esencial de vida. Este elemento de vida no es más que el amor. Por eso, mientras estamos en este mundo, también necesitamos respirar el aire del amor; necesitamos inhalar este aire del amor de nuestros padres.

Un bebé recién nacido automáticamente busca el pecho de su madre y sigue las vibraciones de su amor. No importa si ella es hermosa o fea, al bebé no le importa eso. Lo único que le importa es que ella es su madre. Esta es una escena sagrada que se manifiesta de formas ilimitadas. Todos nacemos en el amor y crecemos recibiendo amor; y, además, somos el fruto sustancial del amor de nuestros padres. La naturaleza del amor de nuestros padres se hace visible en nosotros. Los padres aman a sus hijos porque ellos son el fruto de su amor. El amor sin límites se puede multiplicar desde este fruto. De esta misma forma, todos estamos ligamos al amor del individuo, la familia, la tribu, la nación, el mundo, el universo y, por último, el amor esencial de Dios.

Yo soy el fruto del amor de mis padres

Una vez que nacemos nuestros padres asumen la responsabilidad de vernos convertidos en buenos seres humanos durante nuestra vida en la Tierra. Nuestros padres actúan en nombre del mundo, la nación y la familia para enseñarnos y entregarnos cosas. Nosotros recibimos las cosas materiales y la educación de nuestros padres para que seamos individuos completos. Basados en esto, nos unimos a un fundamento horizontal del amor, que es el matrimonio.

Los padres asumen responsabilidad por nosotros hasta que nos casamos. Después del matrimonio heredamos el amor compartido por nuestros padres. Cuando nos casamos y comenzamos a tener nuestros propios hijos, empezamos a entender cuánto nos amaron nuestros padres, y así llegamos a heredar el amor paternal. De esta forma, el individuo es capaz de recibir y dar amor completamente. Así es como todos maduramos como hombres y mujeres completos.

Nosotros nacemos y maduramos en el amor vertical de nuestros padres, y luego nos unimos en el amor horizontal. Esta es la única forma de encontrar el reino integrado del amor. El Cielo y la Tierra forman un mundo esférico que abarca todas las dimensiones de arriba y abajo, izquierda y derecha o frente y detrás. Cuando se unen las relaciones de amor vertical y horizontal, entonces interactúan, giran, se integran y finalmente surgen como un solo centro de armonía. Una vez que se establece firmemente el amor vertical del Cielo y la Tierra como el eje interno y externo, surge la necesidad del amor vertical. Esto se lleva a cabo durante la adolescencia.

Durante la adolescencia nos inspira incluso el observar una hoja de otoño rodando por el suelo. Las chicas que solían ser tan reservadas cuando eran más jóvenes rápidamente comienzan a hacerse cosas en el pelo, a maquillarse y a probar todo tipo de ropas y accesorios. Al mismo tiempo se expanden sus intereses. Estos son los fenómenos horizontales del amor.

Así que nosotros somos viajeros en el camino de la vida, y lo más importante en este camino es experimentar y encarnar el amor vertical y horizontal. Necesitamos construir una familia que esté centrada en el amor de padres verdaderos, esposos y esposas verdaderos, hermanos y hermanas verdaderos e hijos e hijas verdaderos. Después necesitamos expandirnos horizontalmente para multiplicarnos en familias hacia todas las direcciones. Cuando estas familias, que unen lo horizontal y lo vertical, se manifiestan como familias verdaderas que están conectadas con los niveles de la tribu, la sociedad, la nación y el mundo, entonces este mundo, interrelacionado por el amor verdadero, será el Reino de los Cielos.

Cuando un esposo y una esposa se aman mutuamente, su relación simboliza la siembra de Dios. Los padres representan la posición original de Dios y el esposo y la esposa encarnan diferentes aspectos de Dios. El hijo también es como un pequeño Dios. Debido a que Dios es la entidad original del amor verdadero, cuando los varios miembros de la familia se unen en amor verdadero, ellos se hacen un solo cuerpo con Dios. Los padres son la encarnación viviente de Dios y los hijos también lo representan. Así es como hay tres generaciones que se sitúan en la posición de Dios y que se centran en el amor verdadero.

Es por eso que todos los miembros de la familia – padres, esposos, esposas e hijos – necesitan del amor verdadero. Una familia formada en el amor verdadero es el fundamento para el Reino de los Cielos. El Reino de los Cielos se establecerá cuando creamos el fundamento del amor verdadero. Esta es la fórmula. La familia es el centro de todo el universo físico. Las personas de ahora no se dan cuenta que su familia representa su país, el mundo y el universo, y tampoco saben que su familia es el centro. La separación de una familia es un acto de agresión en contra del país, el mundo y el universo. Debido a que una familia perfecta es el fundamento para un universo perfecto, una persona que ama al universo tanto como ama a la familia puede viajar libremente a donde sea. Dios, como el Padre del universo, está en la posición central del amor.

El camino a seguir por la familia centrada en el amor verdadero

Cuando un hombre y una mujer se hacen uno centrados en el amor verdadero, ellos forman una pareja ideal y construyen una familia ideal. Al hacer esto, ellos se paran en una posición que representa a Dios y se conectan con todo del universo. Cuando esto sucede, todas las posesiones de Dios se hacen suyas. ¡Piensen qué hermoso sería esto! Esta es la razón por la que naturalmente deseamos tener dominio sobre toda la creación.

Los hombres y las mujeres se juntan como pares para crear familias, sociedades, naciones y el mundo. La familia centrada en un hombre y una mujer es el modelo para la tribu, y la tribu es el modelo para la nación. Las familias se esfuerzan para alcanzar una familia, una tribu y una nación ideal. Las naciones ideales surgirán basadas en las familias que establecen este fundamento.

¡Estimados invitados! La grandeza del amor verdadero es que nos permite convertirnos en compañeros objeto de Dios y también le permite a Dios ser nuestro. La Biblia habla de que Dios y Jesús están en nosotros; esto es similar a la idea de que el padre está en el hijo, el nieto está en el abuelo y el abuelo está en el nieto.

Una abuela y un abuelo unen sus corazones centrados en sus nietos. Esto es necesario para que la línea vertical del amor pueda tener un comienzo. Entonces, los nietos se hacen uno con sus abuelos. Los abuelos están en la misma posición que Dios, por lo que necesitamos servirlos como serviríamos a Dios. Los nietos no podrán encontrar el eje vertical del amor si no hacen esto.

La expansión horizontal se puede desarrollar después de formar el eje vertical. Lo horizontal se puede conectar con todas las direcciones, aunque lo vertical tiene únicamente una dirección. Lo horizontal puede ir al norte, sur, este y oeste y tiene un rango de 360°, mientras que lo vertical solo puede moverse centrado en un solo eje y no puede dividirse.

Nuestra primera tarea es crear la unidad de mente y cuerpo centrados en el amor. Necesitamos saber cómo amar al mundo espiritual, que es el mundo vertical centrado en Dios. Además, si en el futuro surge una nación central, tendremos que amar a la humanidad centrados en ese país. Cuando amamos al mundo espiritual y a toda la humanidad por medio del sacrificio, el servicio y la dedicación, automáticamente podemos convertirnos en las figuras centrales que pueden tener dominio del amor sobre ambos mundos y unirlos. Entonces, Dios seguramente morará allí.

Todo el mundo espiritual y el universo físico se denominan el cosmos. El mundo espiritual y el universo añoran la unidad del cosmos al estar centrados en el amor verdadero, porque este puede unir al cosmos. El amor verdadero puede transformar a todas las familias en familias completas y unirlas. Por esta razón podemos concluir que el amor verdadero es lo único que la humanidad necesita absolutamente, ya sea que estemos vivos en la Tierra o estemos en el mundo espiritual.

Todos los seres están atraídos por el amor verdadero. Los animales y las plantas se sienten atraídas por los que poseen amor verdadero, ellos quieren que tal persona que sea su maestro. Todo ser intenta hacerse uno con la persona que tiene amor verdadero. El deseo de todas las cosas es estar más cerca, morar y estar bajo el dominio de una persona que posea amor verdadero. Por lo tanto, podemos concluir que nada en este mundo es más precioso que una persona verdadera que posee amor verdadero.

Los seres humanos no tienen alas. Si quisiéramos volar más lejos que cualquier insecto o ave, o volar por la Tierra más rápido que un avión, entonces no podemos estar confinados a nuestro cuerpo físico. Incluso el corredor más rápido no puede correr por tanto tiempo. Como los seres más elevados de la creación, los seres humanos están en una posición recíproca igual a la de Dios. Por lo que los seres humanos necesitan poder actuar incluso más rápido que la luz, la cual viaja aproximadamente a trescientos mil kilómetros por segundo. Nuestro yo espiritual es el que puede hacer eso posible. Puedo estar en Seúl, y mi yo espiritual puede viajar a Nueva York y volver en un instante, más rápido que un rayo. El yo espiritual es capaz de moverse a la velocidad del pensamiento.

La acción más rápida del mundo no es la transmisión de ondas electromagnéticas, sino el amor. El amor viaja más rápido y vuela más alto que cualquier cosa de este mundo. Cuando dos personas en extremos opuestos de la Tierra se aman mutuamente, ellos se atraen de forma tal que cruzan el planeta. Este es el poder del amor. En el mundo del ideal original de Dios, una persona que ha experimentado el amor verdadero tiene la habilidad y la autoridad de poseer instantáneamente cualquier cosa que Dios quiera.

Las personas tienen que experimentar este estado mientras están en la Tierra. Uno puede elevarse a esta posición solo si los yo espiritual y físico se hacen uno mientras establecen una relación de amor con Dios, centrados en una familia verdadera. Podemos sentir el amor de Dios al amar a nuestros compatriotas, a las personas del mundo y a la creación. Cada uno de nosotros, más allá de la nacionalidad, tiene que desarrollar el corazón para amar a las personas de todas las razas. No solo necesitamos amar a las personas, sino que incluso debemos amar a los microorganismos más pequeños. Este amor tiene que surgir naturalmente desde adentro. Cuando una flor florece, su belleza y fragancia aparecen naturalmente. El florecimiento del amor tiene que surgir del mismo modo. La fragancia del amor llenaría el aire de forma natural.

Para hacer esto necesitamos recibir los nutrientes que hacen posible que florezca la flor del amor. Del mismo modo que las plantas reciben los nutrientes del suelo y el agua, nosotros recibimos los nutrientes de nuestro cuerpo físico y nuestro yo espiritual. Recibimos los elementos de vitalidad de nuestro cuerpo físico y recibimos los elementos espirituales de vida de nuestro yo espiritual.

Así es como nos convertimos en seres que están totalmente equipados para amar, y así es como desarrollamos la habilidad para volar a donde sea. Cuando esto sucede, el sistema solar y todo el universo se convierten en el escenario de nuestra actividad.

El mundo espiritual es un mundo centrado en el amor

Cuando los seres humanos finalizan su vida física, ellos pasan por un segundo nacimiento. Esto se llama la muerte, y el lugar en donde nacemos esta segunda vez es el mundo espiritual. Vamos al mundo espiritual y, en nombre de todo el universo, recibimos el amor de Dios, nuestro tercer Padre. Esto quiere decir que recibimos el amor ideal. Por lo que la unidad es inevitable en el mundo espiritual.

En el momento de nuestra muerte dejamos el segundo mundo, el mundo del aire, y nos conectamos completamente con el tercer mundo, el mundo del amor. Dejamos atrás el amor de nuestros padres físicos y hermanos y entramos al mundo espiritual. Con el tiempo entramos en la esfera del amor en donde nos unimos con el cuerpo original de Dios. La semilla viene del cuerpo original, así que este tiene que dar fruto y volver al cuerpo original.

En el mundo espiritual, las personas respiran y viven centradas en el amor. Una persona que no puede desarrollar un carácter completo de amor tendrá limitaciones en sus movimientos y no podrá moverse libremente. Si, por ejemplo, hay varias puertas, esta persona solo tendrá permitido entrar por una sola. Una persona necesita desarrollar un carácter de amor perfecto si quiere encajar en cualquier época del año, en cualquier lugar o en cualquier momento. Es por eso que los seres humanos fueron creados para vivir a través de tres etapas.

La libélula vive primero como una ninfa que nada en el agua; luego sale del agua y cambia de piel y, finalmente, comienza a volar y a atrapar y comer bichos que antes no imaginaba comer mientras estaba bajo el agua. La libélula vuela con el mundo como su escenario. Hay muchos insectos que tienen alas y se desarrollan a través de diferentes etapas. Los seres humanos, que son la forma más elevada de la creación, tienen alas de una dimensión superior.

Nosotros nacemos en amor, vivimos en amor y, como representantes de Dios, damos a luz a hijos e hijas a través del amor. Con el tiempo llegamos a la morada del amor y volvemos a casa para poder vivir eternamente en presencia de Dios. En otras palabras, nuestras vidas comienzan en amor, maduran en amor y, finalmente, se cosechan como el fruto del amor. Cuando una persona muere, él o ella cosechan el fruto del amor.

Durante nuestra vida recibimos el amor de nuestros padres, compartimos el amor con nuestro esposo o esposa y les damos amor a nuestros hijos, dando frutos a todas las semillas del amor de Dios que se sembraron en el mundo interno del amor. Con el tiempo cosechamos este fruto y vamos al otro mundo. Cuando nos hacemos completamente uno en amor, entonces llegamos a asemejarnos a Dios. Si un esposo y una esposa trabajan juntos para completar las tres etapas del amor y luego van al mundo espiritual, ellos existirán como creadores en una relación recíproca con Dios, que es el compañero sujeto eterno. Esto es lo que sucede cuando esposo y esposa mueren centrados en el amor. Todos comenzamos y terminamos en Dios.

La razón por la que las personas tienen que morir es porque nuestro amor es limitado mientras estamos en nuestro cuerpo físico. El cuerpo físico no nos permite desarrollarnos completamente como un compañero objeto en el amor ilimitado de Dios. Por esta razón nos transformamos en un espíritu, el cual es invisible. Nosotros morimos para hacernos uno con el ideal del amor, junto con todo el Cielo y la Tierra. La muerte no es un camino de sufrimiento, sino un momento en donde se abre la puerta de la felicidad, lo que nos permite poseer el amor cósmico. Morir significa trasladarnos del mundo de la Tierra, donde gateamos y caminamos, al mundo donde volamos libremente. Atravesamos la muerte para convertirnos en viajeros calificados quienes pueden disfrutar de todo el universo con amor. Es por eso que, en realidad, la muerte es un nuevo nacimiento.

Comenzamos en el vientre de nuestra madre. El vientre fue el primer mundo en donde recibimos alimento. Cuando nacimos, nos separamos de ese mundo y entramos al nuevo mundo. Del mismo modo, en la muerte, el yo espiritual se separa y vuela lejos del cuerpo físico que es como su vientre. Los seres humanos pasan por el mundo líquido y por el mundo de la Tierra y el aire, hasta que terminan viviendo en el mundo eterno del amor.

El amor es el elemento de vida del mundo espiritual. Siempre y cuando dirijan sus mandatos con amor, todo lo que digan se realizará inmediatamente, y nada será imposible. Incluso si mil millones de personas dijeran que quieren cenar, en un instante se puede preparar la comida y la fiesta apropiada. Si todos los invitados dicen que quieren ser príncipes y princesas, entonces todos se convertirán en príncipes y princesas. Esto es realmente posible.

Ahora que saben estas cosas, ¿quieren vivir aquí en la Tierra o prefieren ir al otro mundo? Cuando estamos en el vientre, pensamos que ese es el mejor lugar para estar, aunque pasemos todo el tiempo pateando. No nos gustaría en lo más mínimo que alguien intentase sacarnos a mitad del camino. Cuando finalmente llega el momento de salir del vientre, se siente como si se estuvieran muriendo y luego resucitaran. Del mismo modo, después de la muerte física resucitamos a una nueva forma de vida. Por eso es que la muerte es un segundo nacimiento.

Dios y la humanidad están en una relación padre e hijo

Damas y caballeros: debido a que los seres humanos cayeron, nuestro curso de vida no es un camino fácil. La Caída de los primeros antepasados humanos llevó a la miseria de los seres humanos. Dios también sufrió esa miseria. Por esta razón no dedicamos nuestras vidas solamente al cumplimiento del mundo ideal. Un objetivo incluso más importante para nuestra vida es despejar el dolor y la agonía del corazón de Dios, que es el origen de toda la vida. Por lo tanto, cuando los seres humanos finalmente alcanzan la felicidad, entonces Dios también será feliz.

Dios y la humanidad han pasado por la misma situación en el curso de la historia y han perseguido el mismo objetivo. Como resultado de perder a Adán y Eva, Dios ha transitado el camino más difícil, un camino que nadie elegiría transitar. Los seres humanos también han transitado este inevitable camino del destino que trajo la Caída, y siempre deseamos que llegara el día de la salvación.

La esperanza más ferviente de la humanidad es convertirse en hijos e hijas de Dios. Esto es así porque no hay una relación más íntima que la de padre e hijo. Nacimos cuando convergieron el amor y la vida de nuestros padres, y por eso nosotros representamos sus ideales. Sin embargo, palabras como “amor” e “ideales” no tienen sentido en referencia a una sola persona. La vida viene de una relación de amor entre esposo y esposa, no puede crearla una sola persona. Cuando Dios creó a los seres humanos, Él los creó para ser los compañeros objeto de Su propio amor, vida e ideales. Esto es sorprendente e increíble.

Si yo no hubiese existido, el amor de mis padres no se habría visibilizado. El amor, la vida y los ideales de mis padres existen en relación a mí, y yo soy el fruto del amor, la vida y los ideales de mis padres. Es por eso que la posición de hijo es la más preciosa de todas.

Es notable que hayamos empezado desde un punto donde el amor de nuestros padres era nuestro amor, la vida de nuestros padres era nuestra vida y los ideales de nuestros padres eran nuestros ideales. Por eso los padres miran a sus hijos y dicen: “Estos son los hijos e hijas que amamos”. Los padres sienten, se dan cuenta y saben que sus hijos son la sustancializacion de su amor, sus vidas y sus esperanzas.

Los padres no pueden pasar un solo día sin extrañar a sus queridos hijos e hijas. Incluso si han pasado unos minutos desde la última vez que los vieron, ellos quieren verlos nuevamente. Si alguien intentase cortar su relación, ellos lo verían imposible de cortar, ya que los hijos son el hueso de sus huesos y la carne de su carne. Si sus hijos desaparecieran, los padres sentirían que preferirían morir. Sus ideales se cumplen cuando sus hijos tienen éxito.

Incluso los padres que nacen a este mundo privados del amor verdadero, la vida verdadera y los ideales verdaderos debido a la Caída, saben cómo amar a sus hijos de esta forma. Entonces, ¡cuánto más sería así para Dios, que es el compañero sujeto de todos los padres!

El cumplimiento de la providencia de la salvación

Si Adán y Eva no hubiesen caído, ellos habrían sido los hijos y descendientes reales del linaje directo de Dios. Adán y Eva estaban en la posición de príncipe y princesa que debían heredar el Reino de los Cielos en el mundo espiritual y en la Tierra. Al mismo tiempo, ya que ellos fueron creados como compañeros objeto del Dios invisible, que es el compañero sujeto, Adán y Eva eran los seres sustanciales que podían recibir el amor de Dios. Ellos eran las manifestaciones sustanciales del Dios invisible.

El privilegio especial de un hijo de Dios es decir: “Dios es mío. Todo lo que es de Dios también es mío. Incluso el amor, la vida y los ideales de Dios son míos”. Depende de los seres humanos recuperar este valor sorprendente e increíble que originalmente era nuestro.

Si Dios es el compañero sujeto del amor que existe eternamente, entonces los compañeros recíprocos del amor de Dios también existen eternamente. Cuando me hago uno con el amor de Dios, Dios se convierte en mí. Si Adán y Eva no hubiesen caído, sus cuerpos habrían sido los hogares donde Dios podría morar. Ellos habrían puesto a Dios en el centro de sus corazones y se habrían convertido en entidades de amor, vida y linaje que se habrían unido eternamente a través del amor verdadero. Si ellos hubieran hecho esto, nuestra mente y cuerpo no habrían estado en conflicto como lo están ahora.

La Caída humana significa que heredamos la vida y el linaje del mal que está centrado en el amor malo. Nacimos de padres falsos, de los árboles de olivo falsos. Por lo tanto, tenemos que reconstruir el linaje al cambiar el árbol de olivo falso por un árbol de olivo verdadero. Tenemos que ser injertados al árbol de olivo verdadero, pasar por al menos tres generaciones y producir el fruto que se convierta en arboles de olivo verdaderos que representen el estándar original. Entonces, la providencia de la salvación se completará y los seres humanos caídos se restaurarán al estado original.

De esta forma, Dios está buscando convertir a los seres humanos en hijos de los padres de bondad, centrados en el amor que es uno con Dios. Es por eso que Dios envía al Mesías a la Tierra como los Padres Verdaderos. El Mesías es el que viene a devolverle a Dios el linaje de toda la humanidad y a establecer el ideal original de la creación.

Todas las personas desean ser los mejores. Queremos ser hijos e hijas de Dios, príncipes y princesas de Dios y herederos del reino de Dios. Todos tienen su propio deseo original, pero hemos heredado un linaje diferente. Decimos que la vida es un mar de sufrimiento mientras nos lamentamos en nuestro nacimiento, durante nuestras vidas e incluso cuando morimos.

Por lo tanto, es importante saber cómo terminar con la lucha entre nuestra mente y cuerpo y cómo unirlos. Una persona que no puede unir su propia mente y cuerpo no podrá jugar un rol para unir a la nación, el mundo o el mundo espiritual.

Una vez que un compañero sujeto y objeto forman una relación recíproca, ellos tienen que hacerse uno con una entidad más grande. Cuando un hombre y una mujer se unen como compañeros recíprocos, esa pareja tiene que convertirse en compañero objeto con un compañero sujeto más grande y deben servir a su nación como patriotas. Del mismo modo, un patriota que entra en una relación incluso más grande con el mundo será injertado en el camino de los santos. Un santo forma parte de una relación mayor con el cosmos y es injertado en el camino de hijos e hijas divinos. Solo después de haber alcanzado el camino de hijos e hijas divinos podemos injertarnos en Dios.

Antes de buscar sobresalir en la etapa mundial, los humanos primeramente tienen que sobresalir como la familia original de Adán y Eva. Si Adán y Eva hubiesen tomado sus lugares como el príncipe y la princesa lineales ante Dios, ellos habrían sido los más exaltados entre todos los hombres y las mujeres. Sin embargo, ellos cayeron y perdieron sus posiciones legítimas de hijo e hija mayores y no pudieron heredar la posición de príncipe y princesa. Esta tragedia ha permanecido a lo largo de toda la historia humana. Es por eso que la humanidad ha viajado por el camino de la vida en busca de las posiciones del primer hijo y la primera hija para poder recuperar el amor verdadero de Dios.

Si pudiéramos recibir el amor verdadero de Dios, no podríamos vivir de forma egoísta ni estar centrados en nuestros propios intereses. En vez de eso, necesitaríamos vivir por el bien de Dios y la humanidad como si fueran nuestros hermanos y hermanas. Cuanta más sangre y lágrimas derrame una persona por sus propios hermanos y hermanas en lugar de sus padres, más profundo, amplio y elevado será el amor que reciba. Este es el hijo y la hija en el que tenemos que convertirnos si queremos heredar todo de nuestros padres. Cada hombre y mujer transitará este camino. Aunque tengamos que encarar la muerte diez o cien veces, tenemos que continuar nuestra búsqueda para encontrar el amor verdadero de Dios. Este es el camino supremo de la vida.

El Principio Divino de la Iglesia de Unificación enseña que la Caída ocurrió cuando los seres humanos abandonaron el reino del amor verdadero de Dios. La restauración significa volver a ese reino. Cuando una persona entra al reino de semejante amor, esa persona puede ver su propio cuerpo y alabarlo decenas de miles de veces. En este mundo, ustedes saben que su propio cuerpo es lo que recibe el amor verdadero de Dios. Las palabras no pueden expresar semejante alegría. Este mundo maravilloso se llama el Reino de los Cielos.

La misión de la religión

El día en que los corazones de los hombres y las mujeres puedan afianzarse al amor verdadero de Dios, estaremos inspirados para cantar y bailar por decenas de miles de años. El estado de intoxicación con el amor verdadero de Dios es tan maravilloso que ni el alcohol o las drogas se pueden comparar con esto. Una persona puede llamar a cualquier ser bajo el Cielo y este le responderá. Tan solo la vista del agua que fluye en un río nos inspirará a cantar por miles de años. En el Cielo, incluso un simple suspiro nos dará una ternura insondable. Todo se habrá cumplido, por lo que no habrá necesidad de tesoros de oro o algo así. Desde esta perspectiva, el valor de los seres humanos es que estamos en la posición de dueños que pueden estar en comunión con el universo mediante el amor verdadero y sentir las sensaciones del amor. Cumplir con esto es el camino de la vida por el cual viaja la humanidad.

Hasta ahora, las personas han conocido relativamente poco acerca del mundo espiritual. Este es un mundo donde las personas son reconocidas dependiendo de cuánto han seguido el principio de Dios de la existencia (el principio de vivir por el bien de los demás) Un mundo construido sobre este contenido es el Reino de los Cielos ideal, y esta es la Tierra natal original que la humanidad busca. Ahora vivimos como personas caídas que han sido expulsadas de nuestra Tierra natal, por lo que es nuestro destino volver allí. Sin embargo, no podemos hacer esto por nuestra cuenta.

Dios ha trabajado durante toda la historia para resolver este problema al establecer numerosas religiones de acuerdo con los diferentes trasfondos culturales y respetando las costumbres y tradiciones de las diferentes naciones. Dios ha hecho esto para que los seres humanos tengan un camino para poder regresar. La religión es el campo de entrenamiento donde podemos cultivar las calificaciones que nos permiten volver a nuestra Tierra natal. De acuerdo con el trasfondo cultural de cada región, Dios nos está guiando hacia una sola religión mundial que nos pueda movilizar hacia un lugar más elevado.

Debido a que la religión está destinada a guiarnos a esta Tierra natal, nos tiene que enseñar a vivir por los demás. Cuanto más avanzada sea una religión, más enfatizará el principio de vivir por los demás con humildad y modestia. La religión nos enseña a exaltar a todas las personas y a vivir por los demás en servicio y sacrificio.

Hagamos del nuevo milenio una Era de paz e ideales verdaderos en donde las personas practiquen el camino del amor verdadero. Ansío que recuperemos el valor de seres humanos verdaderos originales, establezcamos familias verdaderas y vivamos eternamente por los demás, centrados en Dios y en los Padres Verdaderos. Que sus familias y sus países estén llenos de una abundancia creciente del amor y las bendiciones de Dios.

Muchas gracias.

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