Dios es el Origen de la Paz

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Dios es el Origen de la Paz

10 de agosto de 2002

Hotel Shinyang Park, Kwangju, Corea

Gira de discursos en Corea “La Esfera de la Vida”

(Discurso de la Madre Verdadera)

Respetados dignatarios estadounidenses, damas y caballeros amantes de la paz, extiendo mi cordial saludo y gratitud a todos ustedes por haber venido aquí esta noche. Ahora se están uniendo a más de setenta millones de personas en todo el mundo, incluyendo siete millones en Corea, y setecientos millones de parejas bendecidas en el mundo espiritual celestial que han participado en estas reuniones por la paz.

Estamos viviendo en un momento verdaderamente histórico y providencial. Este es un momento de gran fortuna celestial, el momento en el que vamos a construir el mundo ideal de paz que el Cielo y la Tierra han deseado ver durante seis mil años. Es el momento de construir el Reino de Dios en el Cielo y en la Tierra.

A lo largo de la historia providencial, Dios levantó a varias religiones de acuerdo a los diferentes períodos históricos y culturas regionales. Trabajando entre estas diversas tradiciones, los hombres y mujeres de fe han hecho constantes esfuerzos para lograr un mundo de paz.

Sin embargo, incluso hoy en día, los seres humanos gimen con dolores de parto, porque todavía no somos capaces de liberarnos de toda clase de comportamientos inmorales y poco éticos. Personas de todas partes están consternadas por la realidad de que una marea imparable de inmoralidad se aproxima con el poder de una tormenta creciente, amenazando con barrer todo con sus turbulentas olas. Este es el trágico retrato de los seres humanos modernos.

Sin embargo, esto no significa que nunca habrá esperanza. Mi esposo, el Reverendo Sun Myung Moon y yo, hemos dedicado nuestras vidas para transmitir la Palabra de Dios. Nuestros mensajes proféticos han demostrado ser un verdadero testigo que trasciende las limitaciones terrenales de esta edad y nuestro medio ambiente.

Hoy, una vez más, me presento ante ustedes con un mensaje del Cielo. Ustedes pueden decidir si creer o no creer; sin embargo, estoy aquí firmemente resuelta a actuar en lugar de Dios para transmitir Su mensaje al mundo en este tiempo de los Últimos Días. El título del mensaje es: “Dios es el origen de la Paz”.

Espero sinceramente que ustedes abran las puertas de sus corazones. Los animo a recibir con humildad la advertencia del Cielo para todos los que vivimos en los Últimos Días. En esta era de ignorancia y confusión, tenemos que ser sabios en el camino.

En un principio, los seres humanos fueron creados para vivir centrado en Dios en el Jardín del Edén y vivir en libertad y paz para toda la eternidad. Sin embargo, como resultado de la Caída de nuestros primeros padres, Adán y Eva, la intensión original de la visión de este mundo, nunca se hizo realidad. En lugar de ello, desde el día en que ocurrió la Caída humana, una historia de sufrimiento y dolor se desarrolló en esta Tierra.

Dios quiso que los seres humanos vivan con Su amor verdadero y con sus ideales verdaderos; sin embargo, la humanidad fue incapaz de comprender esos ideales y de comprender lo que es el amor verdadero. Él quería que nosotros cantásemos canciones de libertad y de paz, y que poseamos la felicidad completa de convertirnos en uno de corazón en la presencia del Creador y devolver la gloria a Dios. Tenía la intención de que vivamos en un ambiente de perfecta alegría; no obstante, perdimos el jardín de la felicidad.

Trágicamente, no hemos sido capaces de llegar a ser un pueblo santo. Satanás invadió la familia humana, profanando las relaciones de los padres verdaderos, la familia verdadera y los hermanos y hermanas verdaderas. Satanás corrompió nuestra tribu verdadera, sociedad verdadera, nación verdadera y mundo verdadero.

Eso no es todo. Satanás es el que ha impulsado al propio Dios a pasar los últimos seis mil años en un estado de sufrimiento y lucha. La Caída marcó el inicio de la historia de la muerte espiritual. Desde ese día, la Tierra se convirtió en un mundo de sufrimiento en lugar de un mundo de paz. No importa en qué lugar del mundo vivamos, nos hemos abocado a la manera de vivir signada por conflictos y luchas en lugar de la paz.

Dentro de la persona hay un conflicto continuo entre la mente y el cuerpo. Ha habido conflictos dentro de las familias, conflictos que se han expandido dentro de las naciones y del mundo. Hoy nos encontramos con el hecho de que no hay lugar en la Tierra libre de conflictos. Tenemos que llegar a un acuerdo de que somos responsables de esta historia de pecado. Repito: todos los conflictos son el resultado de la Caída humana.

Si todo el mundo hubiese crecido de la buena semilla de un buen árbol y en un buen ambiente, sin duda alguna el mundo habría sido hoy un mundo de paz, un mundo de esperanza y un mundo con un futuro seguro. Sin embargo, este no fue el caso. Vivimos en un mundo en el que el bien y el mal están enredados. Incluso una buena semilla tiene dificultades en llevar un buen fruto cuando está rodeada por un entorno de maldad. Lo mismo resulta para los seres humanos. Para que la humanidad en su conjunto pueda ser buena, primero es necesario que cada individuo sea bueno. En consecuencia, para que estas personas tengan buenos frutos, hay que crear un buen ambiente en el país y el mundo.

Así como el mundo natural pasa a través de las cuatro estaciones, la historia humana tiene que seguir eternamente en rotación a través de ciclos que son como primavera, verano, otoño e invierno. Debido a la Caída, nuestro mundo nunca ha experimentado ese primer momento de esperanza en el que toda la humanidad pudiera deleitarse, la primavera alegre cuando pudiésemos saludar el día de gloria.

Caín y Abel, los hijos de nuestros antepasados, Adán y Eva, no nacieron del amor de Dios. Adán y Eva tenían que haber creado el linaje verdadero de Dios. En vez de eso, ellos crearon el linaje falso de Satanás a través del acto de la Caída. Así que los hijos que dieron a luz no eran verdaderamente hijos de Dios, en realidad eran hijos del diablo, Satanás.

Adán y Eva se convirtieron en los ancestros pecaminosos de la humanidad, y la Biblia registra que fueron expulsados del Jardín del Edén. Es por ello que en Juan 8:44 Jesús reprendió al pueblo, diciéndoles: “Ustedes son de su padre el diablo, y deciden hacer los deseos de vuestro padre”.

Sin la Caída, Adán y Eva habrían recibido palabras de bendición de Dios. Él deseó poder decirles: “Mis amados Adán y Eva, Yo los he creado para que ustedes construyan un mundo cumpliendo el propósito de la creación y vivan en un jardín de amor. Ustedes son Mis hijos y serán los maestros, los padres y el rey y la reina de la paz y la felicidad”. Nuestros antepasados, Adán y Eva, estaban destinados a permanecer como los dueños verdaderos eternos, como padres verdaderos y como rey y reina verdaderos, tanto del mundo terrenal como del mundo celestial.

Tenemos la responsabilidad de liberar a Dios

Entonces, ¿qué fue lo que empujó a los seres humanos hacia el camino trágico de la Caída? La Caída de la humanidad tuvo lugar cuando los seres humanos abrazaron el egocentrismo en lugar de obedecer la Palabra de Dios. Hoy en día, el fruto de la Caída se ve claramente en los extremos del pensamiento egoísta y los comportamientos de ira que nos rodean con tanta impunidad.

Estoy hablando de la conducta reprochable de personas que buscan rutinariamente su propio beneficio y conveniencia independientemente de los demás. Me refiero a la actitud desvergonzada de personas tratando de salvarse a sí mismos, sin preocuparse si otros viven o mueren. Tal comportamiento se debe a la Caída.

Este ciertamente no es el tipo de conducta prevista por Dios en el momento de la Creación. Dios no deseaba lograr un mundo así, y nunca quiso nacer en un mundo así.

Debido a estas cosas, Dios se ha puesto como propósito despejar esta historia trágica, triste y dolorosa y construir un mundo de paz, felicidad, libertad y bondad que Él deseaba originalmente. Él está trabajando para restablecer el mundo caído a la forma correcta. Este es el camino de la restauración y el camino de la providencia de la salvación.

Como descendientes de Adán y Eva, todos los seres humanos son caídos. Sin embargo, dentro de cada uno de nosotros existe todavía una mente original y una conciencia que nos lleva de vuelta al mundo originalmente planeado. Esto es así porque la gente a lo largo de la historia siempre ha deseado y anhelado el mundo que Dios originalmente quiso crear. Este deseo largamente esperado permanece hoy como un ideal que no puede ser extinguido o ignorado.

Dios ha llevado a cabo Su providencia una y otra vez, en cada momento histórico, para que pudiese inspirar a los seres humanos caídos a regresar a Su ideal con un corazón nuevo. Por último, necesitamos un Salvador, porque si ninguna persona central es capaz de mover al Cielo y Tierra con este ideal, la verdadera libertad, paz y todos los demás ideales nunca se realizarán. La humanidad estará destinada a soportar una trayectoria sin fin de pena e indemnización de proporciones astronómicas.

En estas circunstancias, Dios no puede aparecerse a nosotros en gloria, paz o libertad, y el camino de la restauración no puede ser fácil. Dios aparece en medio de las dificultades, y para reunirse con Él, primero debemos hacer una ofrenda de sacrificio. Esto es debido a que el camino de la restauración es una forma de indemnización.

Esto significa que hasta que seamos capaces de borrar la tristeza en el corazón de Dios y disolver todas las quejas, no podremos lograr la paz entre los hombres, y mucho menos ver el ideal de Dios de la creación fructificar en la Tierra. Dado que el dolor de Dios fue causado por la Caída humana, somos responsables de liberarlo de la carga de la pena que pesa como una piedra enorme en Su corazón.

Sin embargo, ¿quién de nosotros está realmente pensando así hoy en día? Incluso los creyentes más devotos de Jesús son ciegos y sordos a esta verdad, pensando que simplemente serán perdonados. Como seres humanos caídos, necesitamos volver al estado anterior a la Caída.

Después de haber perdido a Dios, tenemos que volver al estado de gracia en el que habríamos estado si nunca lo hubiésemos perdido. Después de haber perdido los Padres Verdaderos de la humanidad, tenemos que volver a la posición en la que hubiésemos estado si nunca los hubiésemos perdido. Tenemos que volver a vivir en un jardín de paz centrado en Dios y los Padres Verdaderos, como sus hijos.

¿Qué estrategia utiliza el Dios omnisciente y todopoderoso para cambiar este mundo infernal en un mundo de paz? Necesitamos que se nos recuerde que, para lograr este propósito, Dios ha soportado una historia de sacrificio y derramamiento de sangre, y ha sufrido a través de tantos rituales y fastidiosas reglas religiosas. Esta historia se conoce como la providencia de la salvación o providencia de la restauración.

En un principio, si los seres humanos no hubieran caído, nuestra mente y cuerpo estarían centrados en el amor de Dios, por lo que no se contradecirían entre sí. Debido a la Caída humana, sin embargo, la mente y el cuerpo llegaron a estar en posiciones opuestas. Por lo tanto, incluso si hubiese alguna manera de ser transportados a un mundo ideal, sin que cada individuo haya solucionado este problema de mente y cuerpo ni haya estableciendo un estándar verdadero de corazón, vivir en un mundo así no sería lo ideal.

El Ser Absoluto, que es el Señor de la creación, creó el universo entero con el fin de amarlo y llegar a ser uno con Él. Formó a los seres humanos, el más alto entre los seres creados, para situarlos en la posición de los señores de la creación. Para ello, tenemos que ser capaces de encarnar el corazón de Dios. Convertirnos en uno con el corazón de Dios hace más que solo establecer la relación padre-hijo entre Dios y nosotros. También es el nexo de unión de la humanidad con el resto de la creación.

Para restaurar el mundo ideal de paz, el mundo del ideal original de la creación, primero es necesario establecer ciertas condiciones. Es necesario pasar por el proceso de restauración por indemnización.

¿Qué se entiende por restauración a través de la indemnización? Cada vez que algo o alguien pierden su posición y estado original, no puede ser restaurado a su posición y al estado original sin el pago de un precio determinado. El establecimiento de estas condiciones se conoce como la restauración por indemnización.

Si estuviésemos solo Dios y nosotros en el Cielo y la Tierra, no necesitaríamos la palabra “indemnización”. Esta palabra existe debido a Satanás, quien causó que nuestros primeros antepasados cayeran. Si no existieran Satanás y al mundo del mal, no habría ninguna necesidad de pagar indemnización. Tampoco habría necesidad alguna de la frase “unidad de las religiones”, que ahora proclamamos con todas nuestras fuerzas, ni necesitaríamos expresiones como “liberación de Dios” o “liberación de la humanidad”.

La Caída provocó la degradación de la vida humana y la historia se convirtió en un registro de esa angustia y fracaso, una crónica de guerra. Para borrar esta historia y desentrañar todos los problemas fundamentales de la humanidad, Dios tiene que establecer de nuevo el punto de partida original de la historia humana. Lo hace a través de una persona que puede vivir una vida de amor verdadero por el bien de Dios, la humanidad y toda la creación. Esta es la misión del Mesías.

¿Qué hizo Jesús cuando estuvo en esta Tierra? A pesar de que fue perseguido y murió en la cruz, él realmente amaba a toda la humanidad. Jesús dejó este mundo dando el ejemplo supremo de amor a través de la cruz. A lo largo de su vida, Jesús nunca dijo que quería recibir amor. Más bien, él dijo que vino a servir y que incluso amaría a sus enemigos. Sin ese tipo de amor, no podemos encontrar el origen de la paz; y sin el origen de la paz, no podemos establecer un mundo de paz.

El mundo de paz nunca puede llegar a existir si nos centramos solo en recibir amor. En el reino del amor verdadero, nuestros padres físicos no son nuestros únicos padres, ni son nuestros hermanos físicos nuestros únicos hermanos y hermanas. Incluso nuestros propios hijos biológicos no son nuestros únicos hijos. Una vez que lleguemos a ser personas de carácter verdadero vamos a llegar a sentir que cada persona es nuestro padre, hermano o hijo, y vamos a querer tratarlos como tales. No vamos a ser capaces de ver a toda la gente vagando en el mundo de la muerte sin lágrimas en nuestros ojos. Con este amor, cuando vemos a los jóvenes agitándose en un lodazal de drogas y libertinaje, nos sentiremos obligados a dedicar nuestro corazón y alma completamente para salvarlos, como si fueran nuestros propios hijos. Esta es una manifestación del amor que de forma inconsciente y natural busca dar más que recibir.

La unidad es un prerrequisito para la libertad y la paz

La unidad es otro requisito previo para la libertad y la paz. Consideren la posibilidad de la vida de un esposo y una esposa. Si los dos no se han convertido en uno, ¿cómo van a disfrutar de la libertad de los esposos en un sentido verdadero? Si el esposo y la esposa no son uno, entonces no hay esperanza para la armonía en la familia. La paz en la familia será un sueño imposible.

Una persona blasfema a Dios si está ante el Dios incambiable y dice que no vacilará. Blasfemamos amor si nos encontramos en presencia de Su amor inmutable y practicamos un amor vacilante. El fundamento de la paz comienza en nuestro propio corazón cuando compartimos tanto el dolor como la alegría con Dios. A partir de allí, podemos ampliar la base de la libertad y la felicidad en el mundo.

Por esta razón, un movimiento religioso debe surgir en esta Tierra que nos enseñe a lograr el dominio completo sobre el cuerpo y sea capaz de unificar a los pueblos del mundo. Jesús inició un movimiento de este tipo.

Por favor, tengan en cuenta que estas palabras son una advertencia de Dios proclamada a los seres humanos abriéndose camino a través de las aguas turbias de un mundo corrupto en los Últimos Días. Todos estamos llamados a cumplir esta tarea de restauración. Es nuestro destino. Nunca podremos escapar de nuestro destino, que es el mandato absoluto de los Cielos.

Creo que todos en algún momento de la vida buscan el origen de la paz y la felicidad. Sin embargo, ¿de dónde vienen realmente la paz y la felicidad? Ellas no son originarias de los Estados Unidos, Corea o las Naciones Unidas. La cuestión crucial es cómo nosotros, los seres humanos, cuya mente y cuerpo están en conflicto, podemos abrazar una visión verdadera del universo y encontrar la paz y la felicidad en nuestro propio corazón.

En nuestro propio corazón, los restos de seis mil años de guerra entre el bien y el mal siguen estallando. La Primera Guerra Mundial fue terrible, así como lo fue la Segunda Guerra Mundial. Tales guerras, sin embargo, fueron escaramuzas relativas en un conflicto mucho más grande, y tampoco duraron más de seis años.

Sin embargo, la lucha entre la mente y el cuerpo que ocurre dentro de cada uno de nosotros es el peor tipo de guerra. Es una guerra que aparentemente no tiene fin, y cuyo resultado inevitable nos acerca cada día más a la ruina. Todo el mundo siente el tormento de esta lucha en su propia vida. La confrontación entre la mente y el cuerpo es una feroz batalla entre el bien y el mal que representa la lucha prolongada entre Dios y Satanás.

A causa de este conflicto, el potencial verdadero del ser humano se ha escondido en una niebla densa y ha quedado atrapado detrás de una alta valla. Debemos generar un viento de verdad y amor lo suficientemente fuerte como para barrer la niebla. Debemos derribar la poderosa barrera entre la mente y el cuerpo en nosotros mismos, que está tan alta que perfora el Cielo. El curso de superación de esta lucha es nuestro destino.

Para ganar esta batalla debemos superar los deseos del cuerpo; como el sueño, el dinero y la satisfacción sexual sin principios. Cuando emprendió su curso hace décadas, mi esposo, el Reverendo Moon, declaró como su lema personal: “Antes de buscar el dominio sobre el universo, primero toma control sobre ti mismo”. Y esta es la forma en la que ha vivido toda su vida.

Tenemos que ser honestos acerca de la situación del mundo y de nuestro país en la actualidad. La Biblia dice que en los Últimos Días los corazones de los hombres se enfriarán, y que la población del mundo vivirá como huérfanos. También predice que las naciones se perderán en la confusión y la desesperación. ¿Alguna vez han experimentado la paz verdadera en sus corazones, aún por un momento? ¿Tiene nuestra nación algún líder verdadero?

¿Dónde están los patriotas verdaderos que aman verdaderamente a este país y a su gente en la medida en que están dispuestos a ofrecer sus vidas para lograr la paz? ¿Quién puede presentar una filosofía o ideología con el poder de salvar a los jóvenes de este país, que están moralmente enfermos y espiritualmente en declive? Su situación es realmente lamentable, y no podemos dejar de sentir un intenso dolor hacia ellos.

Todo esto se remonta al hecho de que cada uno de nosotros ha sido incapaz de establecer un estándar de un solo corazón, un solo cuerpo y un solo pensamiento en nuestro interior. Sin la unidad mente-cuerpo individual, ¿cómo podemos esperar por la armonía en la familia o la paz en el país o en el mundo? A lo largo de los siglos, nuestras mentes originales han anhelado la paz, la felicidad y la unificación.

El problema siempre ha sido nuestro cuerpo físico, que está en guerra con el deseo de la mente. Sin embargo, nuestra carne es el contenedor que alberga nuestra mente, así que no podemos simplemente descartarlo cuando lo deseemos. Lo importante es cómo gobernamos este cuerpo físico, cuyos impulsos y orientaciones cambian minuto a minuto.

Después de la Caída, el cuerpo humano se convirtió en la morada de Satanás. Como el apóstol Pablo se lamenta en Romanos 7:23-24: “Yo veo en mis miembros otra ley que lucha contra la ley de mi mente, me esclaviza a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?”.

Cuando miramos honestamente a nuestro interior, todos podemos ver los elementos del bien y del mal. Nuestra mente o la conciencia se orientan hacia el bien, y nuestro cuerpo empuja hacia la dirección opuesta, hacia el mal. Si no podemos resolver este conflicto entre la mente y el cuerpo, entonces el pecado nos atormentará por la eternidad. Esto fue cierto incluso para un gran santo como Pablo.

La perfección del carácter mediante la unidad de mente y cuerpo

Damas y caballeros, ¿cuál es el verdadero camino a la paz mundial? La guerra no puede ser la respuesta. No lo es la riqueza, el poder o el conocimiento. Tampoco puede la paz lograrse a través del poder político o diplomático de las Naciones Unidas. En realidad, nada se puede esperarse del foro de las Naciones Unidas, siempre y cuando sus preocupaciones fundamentales sean los deseos de los individuos entre facciones y los intereses nacionales de cada estado miembro.

Mientras la naturaleza caída esté en nuestro interior, la historia siempre estará plagada de lucha y agitación; y este será el caso, no importa lo mucho que ensalcemos nuestros ideales o clamemos por la paz. Es por ello que llegamos a la conclusión de que no vamos a encontrar el camino hacia la paz hasta que hayamos sacado esta naturaleza caída desde la raíz.

El camino a la paz mundial no se encuentra muy lejos de los confines de la Tierra, este se encuentra solo en el lugar en donde cada uno de nosotros somos capaces de unificar la mente y el cuerpo divididos. Cuanto más amplia sea la brecha entre la mente y el cuerpo de una persona, mayor es la lucha y el dolor resultante.

La mente es centinela de Dios, mientras que el cuerpo es la vanguardia de Satanás. Tenemos que reducir la brecha entre la mente y el cuerpo y finalmente unificarlos por completo.

Para sacar nuestra naturaleza caída, profundamente arraigada, que fue heredada de nuestros padres falsos, necesitamos a los Padres Verdaderos. Solo ellos son capaces de liberarnos del falso linaje de Satanás. Debemos encontrarnos con los Padres Verdaderos, y lograr la unidad mente-cuerpo y la unidad de pensamiento aprendiendo de ellos cómo practicar el amor verdadero y cómo vivir una vida por el bien de los demás.

Señoras y señores, miren al mundo. Hay tantos problemas. Todos ellos comienzan con las luchas entre la mente y el cuerpo, entre el esposo y la esposa y recorren todo el camino hasta los conflictos y las guerras entre las naciones. Ellos se pueden remontar a un sinnúmero de causas. Incluso si cavamos bajo la causa raíz, siempre llegaremos a los problemas entre la mente y el cuerpo y el hombre y la mujer.

La historia del sufrimiento humano comenzó con una falsa relación entre un hombre y una mujer. La falta de armonía en la familia evolucionó rápidamente en una gran cantidad de problemas en la sociedad y el mundo.

Si pudiéramos resolver los problemas que afectan a hombres y mujeres en cada familia, cada sociedad y el país, y en el nivel mundial, y establecer un modelo de familia, entonces el mundo sería capaz de unirse como un mundo de paz. Se convertiría en el mundo ideal de la creación original.

Dios originalmente quería que un mundo de paz verdadera echase raíces en esta Tierra centrado en nuestros primeros padres, Adán y Eva. Si no hubieran caído y hubiesen crecido de acuerdo a la Voluntad de Dios y perfeccionado su carácter, ellos habrían recibido la bendición de Dios, habrían formado una familia ideal y construido el Reino de los Cielos ideal, libre del mal y del sufrimiento.

Eso habría sido un mundo eterno de paz. De generación en generación, los seres humanos habrían disfrutado de una vida de felicidad. Hubiésemos sido capaces de comunicarnos directamente con Dios como Sus hijos e hijas directos y conversar libremente con nuestros antepasados en el Cielo. Se habría convertido en un mundo en el que el bien hubiera tenido el dominio absoluto y la gente habría sido incapaz de pecar.

La historia humana comenzó con el pie errado; sin embargo, nuestro Padre Celestial no nos abandonó. En cambio, durante seis mil años, Dios se ha dedicado en cuerpo y alma por el bien de encontrar a Sus hijos perdidos. Ni una sola vez se lamentó de haber creado a los seres humanos. Él nunca se ha desalentado ante la habilidad de Satanás para salirse con la suya. Con gran devoción, Dios ha trabajado con amor y perdón verdaderos para llevar a cabo Su providencia de la restauración.

No es mera casualidad que seamos capaces de estudiar y aprender un poco más profundamente acerca de Dios hoy de lo que podíamos hacer antes. Tenemos que estar agradecidos por la gracia del Cielo y agradecidos a nuestros antepasados ​​que nos guiaron a esta verdad.

Nuestra mayor tarea es perfeccionar nuestro carácter a través de la unidad de la mente y el cuerpo, para establecer el derecho de las familias que han luchado bajo el dominio de Satanás, y establecer familias verdaderas ideales.

La esperanza de Dios es morar eternamente con una familia que esté unida a través de tres generaciones. La grandeza del amor verdadero es que nos permite convertirnos en compañeros objetos de Dios, y también permite a Dios ser uno con nosotros. La familia ideal sirve a los abuelos como ellos servirían al Cielo, muestra absoluta obediencia hacia los padres, y crea hijos a través de la relación absoluta entre esposo y esposa, quienes crían a sus hijos en la pureza y sin pecado. Cuando hacemos esto, nuestras familias alcanzarán una unidad de corazón con Dios y llegarán a ser el lugar de nacimiento de la felicidad eterna y la paz.

Damas y caballeros, los seres humanos fuimos creados originalmente para que nuestra mente y cuerpo respondieran y se unieran al amor verdadero de Dios. Muchas personas en la Tierra hoy en día, sin embargo, viven ignorantes del rol de la mente. Ellos no saben que la mente en realidad es la base por la que podemos desarrollar el carácter que puede encontrar la paz centrado en el amor de Dios. No hay suficiente espacio en cada mente humana para abrazar a Dios.

Cualquier persona que llegue a tener una mente tan justa ansiará en seguida al palacio de paz. Porque los seres humanos son hijos de Dios creados a Su imagen, todos poseemos el potencial para estar libres del conflicto entre mente y cuerpo y para establecer el origen de la verdadera unificación en nosotros mismos.

Tenemos que prestar atención a la advertencia final de Dios

No hay posibilidad de contradicción o conflicto dentro de Dios, el Ser Absoluto. Su carácter divino se refleja en toda la creación y en la estructura dual de la mente y el cuerpo y masculino y femenino en los seres humanos. Dios existe en un estado de absoluta y total unificación dentro de Sí mismo. Así que es lógico pensar que los seres humanos, que fueron creados para parecerse a Dios, el Gran Rey de toda la creación, también deben tener la capacidad de lograr la unificación completa de la mente y el cuerpo.  

Sin embargo, como resultado de la Caída, los seres humanos perdieron el nivel de armonía y unificación entre la mente y el cuerpo y viven en un lodazal de lucha y contradicción.

En un mundo en el que las fuerzas del mal están a la orden, es casi imposible vivir una vida en la que la mente tenga la gobernabilidad total sobre el cuerpo. Es por eso que Dios, en Su sabiduría, ha permitido a las religiones necesarias y adecuadas que surjan por el bien de salvar a la humanidad caída, tomando en consideración todas las eras, la cultura, el medio ambiente regional y las circunstancias.

A lo largo de la historia, los seres humanos han tratado de seguir las enseñanzas de las religiones y de ser pioneros constantemente en el camino de la vida centrada en la mente. Hemos aprendido el camino de la negación a nosotros mismo y la forma de poner nuestra esperanza en el mundo eterno y sujetarnos a la realidad presente.

En el cristianismo, por ejemplo, se nos enseña a centrarnos en el reino de Dios y Su justicia, no en este mundo. Las Escrituras nos advierten de no ser egoístas o buscar vivir lujosamente. El cristianismo siempre ha hecho hincapié en la paz que se origina en el mundo de la mente y el corazón.

Un buen ejemplo de esto es la enseñanza de Jesús: “El reino de los Cielos está dentro de vosotros”. Este concepto del Reino de los Cielos no tiene nada que ver con la riqueza o el poder mundano, y se repite en muchas otras religiones. La declaración de Buda: “En todo el Cielo y la Tierra, solo yo soy el honrado”, puede ser entendida de la misma manera.

Los métodos pueden diferir de una religión a otra, sin embargo, la misión de todas las religiones es fortalecer la esperanza interna y las aspiraciones de los seres humanos. Ellas nos guían para que nos examinemos y así vivir una vida en la que la mente gobierne el cuerpo. De esta manera, Dios ha llevado a cabo Su providencia para la salvación humana a través de la religión durante seis mil largos años.

El hecho es que, hasta el presente, ningún líder religioso ni sabio ha sido capaz de mostrarnos la manera de superar por completo el conflicto entre la mente y el cuerpo y provocar la unificación eterna y la paz duradera. Nadie pudo enseñarnos cómo someter el cuerpo de una vez por todas centrándose en la mente.

Nadie nos pudo mostrar cómo encontrar la paz verdadera. Nadie nos pudo llevar al punto de la completa unidad donde los padres se vuelven eternamente uno, y los esposos y esposas, hermanos y hermanas, padres e hijos y la familia extendida puede unirse eternamente.

Ahora, sin embargo, ¡el tiempo para la paz ha llegado! La larga espera del Cielo ha terminado. Estamos viviendo en el momento final de los Últimos Días de la historia humana. El Cielo no puede extenderse o permitir cualquier retraso adicional de la providencia de la salvación humana.

Esto se debe a que los Padres Verdaderos, quienes el Cielo y la Tierra han esperado y han deseado ver, están ahora en esta Tierra. Ellos están tomando toda la responsabilidad sobre sí mismos y están completando con éxito la providencia de la restauración. En un mundo enredado en el caos y el libertinaje, están estableciendo un orden de amor verdadero.

Señoras y señores, se dice que los que creen serán bendecidos. Mi esposo, el Reverendo Sun Myung Moon, y yo, quienes estamos trayendo la verdad del Cielo a ustedes, estamos parados como los Padres Verdaderos.

La enseñanza y el pensamiento de los Padres Verdaderos que fueron revelados al Reverendo Moon son verdades que prometen paz a la humanidad. Tanto el comunismo como la democracia han tratado infructuosamente de lograr la paz. La idea que va a prevalecer es el “Diosismo”, que es la filosofía y la tradición de “vivir por el bien de los demás”. Solo mediante esta manera sacrificada de vida basada en el Diosismo seremos capaces de dirigirnos a la vida eterna y la paz.

De esta manera vamos a llegar a la conclusión sorprendente de que, como compañeros recíprocos del amor de Dios, vamos a llegar a poseer un valor aún mayor que el de Dios. Debemos alabar a Dios por esto. Este amor es la única manera de que podamos por fin conectarnos con el mundo eterno de la paz. Es el punto de partida de la vida eterna en el Reino de Dios en la Tierra y en el Cielo.

El consejo de los mensajes desde el mundo espiritual

En nuestra capacidad como los Padres Verdaderos de la humanidad, mi esposo y yo ya hemos unificado todo el mundo espiritual. Estamos recibiendo mensajes de apoyo y unidad de los fundadores de las cuatro grandes religiones centradas en Jesús, incluyendo a Buda, Confucio y Mahoma, y de los ciento veinte discípulos principales de cada uno de estos líderes. Enviaron estos mensajes después de haber estudiado nuestras enseñanzas en los seminarios de Principio Divino y el Pensamiento de Unificación en el mundo espiritual. Estos líderes están llenos de esperanza y sienten una inmensa gratitud hacia los Padres Verdaderos.

Incluso los líderes comunistas en el mundo espiritual, empezando por Marx y Lenin, han completado el seminario del Principio Divino, de acuerdo con la dirección de los Padres Verdaderos. Ellos también están enviando mensajes llenos de lágrimas de arrepentimiento y lamento profundo.

Todas estas personas en el mundo espiritual ahora tienen una sola esperanza. Se trata de que sus representantes y seguidores en la Tierra acepten las enseñanzas de los Padres Verdaderos lo más rápido posible, trabajar por la paz, y prepararse para la vida eterna.

Sus mensajes nos imploran no desperdiciar nuestro precioso y efímero tiempo en la Tierra; y, en lugar de ello, prepararnos sabiamente para la vida en el mundo espiritual, donde todas las personas van a vivir juntas por la eternidad después de despojarse de su cuerpo físico.

¿Qué significa esto para los hombres y mujeres viviendo ahora en la Tierra? En primer lugar, significa que todas las personas, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, ricos y pobres por igual, deben creer en el hecho inequívoco de que Dios está realmente vivo y está trabajando por Su Voluntad. No debemos pensar en Él solo conceptualmente. Dios está mirando cada paso y cada acto con ojos brillantes de expectación.

Dios está esperando el día en que todos los seres humanos, que dejaron Su seno y fueron a Satanás, se arrepientan y regresen a Él. Hace mucho tiempo Él pintó una imagen de lo que sería cuando el hijo pródigo, que una vez lo dejó, vuelva al Padre con lágrimas de arrepentimiento. Ahora, Su petición urgente es que realmente hagamos esto. Como primer paso, Dios quiere consolar y asistir a los Padres Verdaderos, que aún permanecen en la Tierra y que caminan el sendero de sangre, sudor y lágrimas por el bien de la restauración humana.

La esperanza desesperada de Dios es que recibamos la advertencia que Él nos da en estos Últimos Días con un corazón sincero, corrijamos los errores de nuestra vida, y vivamos de una manera que no lamentemos más tarde.

En segundo lugar, se nos advierte que debemos aceptar como un hecho la existencia del mundo espiritual y vivamos todos los aspectos de nuestras vidas de acuerdo con la ley celestial. Dios nos está diciendo con severidad que descubramos nuestro yo superior, hagamos crecer nuestros espíritus y establezcamos un mundo de paz en esta Tierra sin demora.

Dios nos está mirando. Decenas de miles de hombres, mujeres y sabios, junto con todos nuestros antepasados, están mirando nuestra vida diaria. Cuando nos demos cuenta con seguridad de esto, ¿cómo vamos a ser capaces de ir en contra de la ley celestial?

Pronto ustedes también van a comenzar a tener experiencias espirituales. Ha llegado el momento en que sus antepasados observarán y orientarán directamente sus vidas y hasta sus pensamientos. Numerosos miembros Unificacionistas que creen y siguen las enseñanzas de los Padres Verdaderos ya están experimentando esto.

Damas y caballeros, gracias de nuevo por venir aquí esta noche. Ustedes son verdaderamente bendecidos, ya que son capaces de vivir en la era histórica y providencial en la que el Mesías, los Padres Verdaderos de la humanidad, han regresado a la Tierra.

Este es el momento en el que se unificarán Corea del Norte y Corea del Sur y todas las demás naciones, no por armas de fuego y cuchillos, sino con amor y verdad. Este es el momento en el que todas las religiones del mundo se convertirán en una bajo la dirección de los Padres Verdaderos, y cuando todos los sabios y los antepasados en el mundo espiritual vienen a la Tierra para vivir con nosotros y comunicarse directamente con nosotros.

Me gustaría concluir este discurso dirigido a toda la humanidad pidiéndoles que cumplan con la responsabilidad a la que hemos sido llamados uniéndonos para construir un mundo de paz que trasciende la raza, la ideología y las fronteras nacionales.

Ruego que las bendiciones sin límites de Dios estén sobre sus familias y nación en abundancia.

Muchas gracias.

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