Dios y los Límites de la Ciencia

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Dios y los Límites de la Ciencia

25 de noviembre de 1979

Hotel Century Plaza, Los Ángeles, EE.UU.

Octava Conferencia Internacional sobre la Unidad de la Ciencia

Distinguido presidente, eminentes eruditos, damas y caballeros:

Muchas gracias por asistir a esta Octava Conferencia Internacional sobre la Unidad de la Ciencia. Gracias a su participación, esta reunión se ha hecho cada vez más importante con el paso de los años. Esto es gratificante para mí, siendo el fundador de esta conferencia.

Relacionado con el tema de este año, “La Responsabilidad de la Comunidad Académica en la Búsqueda de Valores Absolutos”, quisiera expresar algunas opiniones sobre el tema “Dios y el Límite de la Ciencia”. Debido a que la ciencia se ha estado desarrollando en los últimos años, la humanidad ha tenido grandes expectativas y cree que el avance de la ciencia y la tecnología pueden aliviar tanto las dificultades espirituales como físicas.

Los científicos que piensan que su misión es crucial como contribuyentes a la humanidad han seguido, por una parte, buscando la última verdad científica y, por el otro lado, aplicar la tecnología en casi todos los campos del esfuerzo humano. Los resultados beneficiosos han sido un crecimiento económico fantástico, riqueza material y bienestar físico que la humanidad jamás había visto antes.

Sin embargo, para todos sus grandes méritos, la tecnología actual también tiene grandes deméritos; tales como la contaminación, el agotamiento de recursos, la despersonalización y la acumulación de grandes armas de destrucción termonuclear. Por eso, la misma ciencia que se originó con la intención de darle felicidad a la humanidad ha traído miedos e inestabilidades junto con su éxito. ¿Cuál es la razón de esto? La razón está en que la ciencia, al mantener su posición de neutralidad científica, ha excluido las consideraciones del propósito y el valor.

Deseo proclamar que los seres humanos tienen valor desde su origen y que son creaciones de Dios. Ellos fueron creados para vivir con una perspectiva de valor definitiva de acuerdo con el propósito de la creación. A pesar de que originalmente habían sido criaturas de gran valor, las personas han despreciado esta perspectiva de valor y, al creer en la omnipotencia de la ciencia, la consideraron una panacea. Como consecuencia, la tecnología se ha convertido en una fuente de daños cada vez más peligrosa.

Para los seres humanos, la ciencia solo puede ser un medio, y no un fin. El propósito de la vida humana es realizar el propósito de Dios de la creación. Cada persona es un ser unificado de entidad física y espiritual. Por lo tanto, sobre el fundamento de la vida física, estamos destinados a llevar una vida de valor, amor, verdad, bondad y belleza. La ciencia y la tecnología son necesarias para permitirle a la vida física ser una base próspera para la vida espiritual.

Por lo tanto, la ciencia que descarta o falla en enfatizar la vida y el valor está ocasionando la destrucción de la perspectiva de valor en los seres humanos, lo que nos lleva a la realidad actual de miedo e inseguridad. Solo podemos liberar a la humanidad de esta desafortunada realidad si buscamos y descubrimos una verdadera perspectiva de valor. A su vez, la ciencia debe cumplir con esta perspectiva de valor, que debe estar basada en el valor absoluto.

¿Dónde podemos encontrar este valor absoluto? Solo se puede encontrar en el amor de Dios. De hecho, este valor absoluto es la unión de la verdad, la bondad y la belleza basada en el amor de Dios.

En consecuencia, es lógico pensar que la liberación de la humanidad de los daños causados por el mal uso de la ciencia y la tecnología solo puede venir cuando la misma ciencia reconozca a Dios y guíe y aplique su tecnología en la misma dirección que el amor de Dios.

Ahora me gustaría sugerir que hay un límite en la ciencia respecto a su búsqueda de la verdad en el campo de la naturaleza. En este siglo veinte, la ciencia finalmente se ha encontrado en el ámbito de la filosofía en su propia búsqueda de la verdad. Han tenido que considerarse a sí mismos la cuestión del origen del universo, así como lo hicieron las antiguas filosofías tanto de oriente como de occidente.

Es decir que la ciencia misma, especialmente la física y la biología, se han enfrentado a varias preguntas discutidas ampliamente y sin resolver de la ontología. De hecho, se han realizado ciertos experimentos en la física cuántica y la biología molecular con el propósito de explorar estas preguntas ontológicas.

Por lo tanto, utilizando enfoques teóricos y experimentales, la física se ha enfrentado al estudio de la ontología con la pregunta: “¿Cuál es la naturaleza verdadera de la materia?”. La primera respuesta fue: “el átomo”; la segunda fue “las partículas elementales”. Finalmente, la mecánica cuántica respondió que las partículas elementales de la materia están relacionadas con la energía. Del mismo modo, la biología propuso un problema ontológico similar: “¿Cuál es la naturaleza verdadera de la vida?”. Con el tiempo, la respuesta sugerida fue: “¡El secreto de la vida yace en las propiedades del ADN!”.

Así, en su búsqueda de la verdad acerca del universo, la ciencia natural ha descubierto muchos hechos y ha acumulado una gran cantidad de conocimiento. Sin embargo, estas ni siquiera son las soluciones finales a las preguntas del hombre.

Aunque la física cuántica afirma que la verdadera razón de la materia es la energía, no sabemos de dónde viene esa energía, cuál es la etapa o el estado previo de la energía, o cómo y por qué la energía se transfiere de su estado previo al estado existente. ¿Por qué llegan a aparecer una variedad de moléculas? ¿Por qué cada molécula tiene su propio patrón característico de carga positiva y negativa? Todavía hay muchas preguntas por responder.

De forma similar, la biología molecular sostiene que la naturaleza verdadera de la vida está ligada al código de ADN, pero aún hay muchas preguntas importantes. ¿Cómo llegaron a contener información las cuatro unidades del código genético? ¿Cómo es que el ADN llegó a tener la habilidad de replicarse?

En su búsqueda de la verdad, aunque la ciencia se ha desarrollado a un grado sorprendente, aun dejó muchos de sus propios problemas sin resolver. ¿Cuál es la implicación de esto? Solo puede significar que estas preguntas científicas restantes no están dentro del ámbito directo de la ciencia natural actual.

Hasta ahora, aunque la ciencia ha investigado las causas inmediatas de los fenómenos particulares en su búsqueda de la verdad, aún no ha asumido la búsqueda de los motivos o las razones de la existencia como un todo. Por esta razón, el desafío final que enfrenta la ciencia es la cuestión de la razón última de la existencia. El problema sin explorar de la pregunta: “¿cuál es la naturaleza verdadera de la materia?” es el de la razón de su existencia y, una vez más, el problema sin tocar de la pregunta: “¿cuál es la naturaleza verdadera de la vida?” es la razón de la vida misma.

Propongo que, para aclarar las razones, primero debemos admitir el propósito. Antes de admitir el propósito, primero debemos reconocer la Voluntad que hizo el propósito; a saber, la Voluntad cósmica y universal que trasciende todas las cosas. Cuando llamen “Dios” a esta Voluntad cósmica, entonces el paso inicial en clarificar las preguntas sin resolver es aprender el propósito de Dios de la creación. El segundo paso es percibir que, junto con los factores físicos y químicos en todos los fenómenos materiales y de la vida, existe un motivo causal que dirige todo hacia un cierto propósito.

En breve, la misma ciencia desarrollada para la felicidad de la humanidad es ahora la causa de la dificultad e incluso del daño. La única forma de liberarnos de ese daño es poner a la ciencia bajo la perspectiva de valor verdadero que se centra en el amor de Dios. Mientras más científicos se encuentren llegando al límite de la ciencia, ellos verán que la clave para trascender este límite es considerar que, detrás de todos los fenómenos materiales y de la vida, hay un motivo intencional que trabaja de acuerdo con el propósito de Dios de la creación.

Creo con mucha seguridad que los puntos mencionados aquí son las cuestiones más importantes y urgentes que la ciencia enfrenta en la actualidad. Sería lo más afortunado que estos pudieran servir como una referencia para los temas a discutirse por todos los distinguidos eruditos que están abordando el tema de la conferencia de este año.

En conclusión, les deseo a todos ustedes que tengan éxito en sus investigaciones y en su búsqueda de la verdad en relación a la verdad absoluta. Estoy seguro que los frutos de sus esfuerzos expresados en las presentaciones de esta conferencia contribuirán de forma significativa a la paz mundial.

Muchas gracias a todos.

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