El Llamado de Dios (5)

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Estilo de vida y oración

 

Durante los casi tres años que asistió al colegio en Seúl, el Padre Verdadero se comprometió a una rigurosa autodisciplina. Vivía en forma independiente y también en una pensión donde le proveían comida. Para cultivar su vida de fe, se comprometía a una casi constante penitencia y varias otras experiencias, mientras continuaba con sus estudios en el colegio. Al comienzo, y durante algún tiempo, viajaba a su colegio desde Noryangjin, Dongjak-ku. Vivía mayormente en Heukseok-dong; primero solo, y luego, por un tiempo, en una pensión. Su familia le enviaba suficiente dinero para su instrucción y gastos de subsistencia, pero él dormía en una fría habitación sin calefacción. En el frío implacable del invierno, cocinaba su comida con agua helada que sacaba del pozo. Estaba tan fría que a veces la cadena del balde en el pozo se le pegaba a la mano. Vivía voluntariamente de ese modo porque quería experimentar personalmente la miseria de los que vivían así. A partir de entonces, todos los días ayunaba durante el almuerzo. A la mañana y a la noche su comida era siempre la misma, una comida que consistía en un tazón de arroz y una guarnición. Por voluntad propia sentía hambre porque de ese modo podía sentirse más cerca al corazón de Dios. También oraba más de 12 horas al día. Sus largas y fervientes oraciones le producían callos en sus rodillas y codos. Especialmente hacía serias y desesperadas oraciones en el campo de pinos cerca de su colegio, en una roca al lado de la montaña Seodal detrás de una iglesia, o al pie de esa montaña del lado de Dongjak-dong. A través de estas oraciones experimentaba el corazón de Dios y se unía a Su corazón.

13        Cuando estaba viviendo de forma independiente y estudiando en el colegio de Seúl, un invierno fue especialmente frío. La temperatura promedio era aproximadamente de 17 a 21 grados Celsius bajo cero (cerca de 0 a 5 grados bajo cero Fahrenheit). El clima estaba así de frío. Durante diciembre y enero de ese frío invierno, vivía en una habitación fría y me cocinaba con agua helada. Tuve una experiencia que no puedo olvidar: sacaba agua verdaderamente pura y sabrosa de un pozo en la cresta de una montaña. Ese pozo tenía más de tres metros de profundidad. Tenía un balde atado a una cadena, no a una soga que pudiera cortarse fácilmente. Estaba tan frío cuando aferré la cadena que mi mano quedó pegada, y tuve que soplarme las manos para entibiarlas y así poder liberarme. Parece que fue ayer. Estas eran las condiciones en las que vivía cuando comencé a vivir de forma independiente.

14        Quería hacer todo lo necesario para vivir solo sin depender de las mujeres. Habiendo hecho del cumplimiento de la Voluntad la búsqueda de mi vida, estaba determinado a hacerlo aun cuando tuviera que vivir como un hombre soltero. Por lo tanto, aprendí cómo cuidarme a mí mismo. Es por esto que puedo hacer todo yo mismo. Puedo manejar todo lo que necesito en mi vida, sin endeudarme con nadie. Por eso puedo cocinar arroz bien en un fuego de madera o carbón. En lo que a cocinar se refiere, puedo rápidamente descifrar si una persona es un aficionado observando sus habilidades cortando. También puedo descifrar si él o ella son buenos en la cocina observando el modo en que preparan la guarnición. Esto es posible porque durante los siete años que viví una vida de soltero, me preparaba mi propia comida y todo lo demás que necesitaba. No necesito comer muchas guarniciones. Cuando visito una iglesia local, ellos hacen preparaciones elaboradas y sirven muchas guarniciones en la mesa. Sin embargo, no me gusta eso. Para mí, una simple guarnición es suficiente, si es algo que me gusta. Por naturaleza, soy la clase de persona a la que le gusta terminar lo que empezó. Lo mismo es con la comida. Puede haber muchas guarniciones en la mesa, yo como sobre todo la que se adecúa a mi gusto y lo termino completamente, aunque saboreo las otras también. Entonces, cuando preparaba mi propia comida, solo compraba una cosa, la cocinaba y la comía.

15        En el futuro, todo aquel que quiera conocer la historia de la Iglesia de Unificación tendrá que visitar Heukseok-dong, el lugar donde viví una vez cuando era joven. Un día, Heungseok-dong, que significa el vecindario Blackstone se transformará en Baekseok-dong, el vecindario Whitestone. Este lugar en el que vivía, y que era como un valle muy oscuro, debe ser la base de la tradición que brilla como el sol sobre todas las personas del mundo. El parque Nadeul Riverside estaba allí también, pero no puedo encontrar ningún rastro de él actualmente. Hoy en día no puedo encontrar a las personas que conocía cuando vivía en Heukseok-dong, deben haber dado a luz a muchos descendientes, que tal vez aún vivan allí. ¡Me sentiría anonadado si llegara a conocer a las personas cuyos padres o abuelos me conocían en esos días! Imagínense si eso sucediera, podríamos resucitar la historia de ese tiempo. Hablaríamos acerca de esa historia y recordaríamos esas relaciones pasadas, y esas historias florecerían nuevamente en esta era.

16        Cuando vivía en Heukseok-dong tuve una experiencia que aún no puedo olvidar. En el camino hacia Sangdo-dong había una casa estilo japonés con flores que crecían junto a un bosque de pinos. Detrás de la casa había un campo de arroz, y más allá había una aldea. En esa aldea había un hogar que yo visitaba cuando hacía el trabajo evangelizador como pionero. Un día vi a un desconocido enfermo tirado en el camino. Nunca lo había visto antes. Debería haber sido alrededor de fines de marzo, ya que el nuevo semestre recién había empezado, y yo estaba llevando conmigo el dinero para mi instrucción y otros gastos. Este hombre lastimoso no tenía hijos varones, pero me dijo que tenía una hija viviendo en Cheonan. Entonces le di todo mi dinero para que pudiera viajar a la casa de su hija y recibir tratamiento médico. Debería haber tenido buenos antepasados, porque en el momento en que lo vi no pude simplemente continuar mi camino y darle la espalda. Por eso le di todo el dinero que tenía en la billetera, incluyendo el dinero de mis libros de textos y el de la renta de mi pensión. Aún más que eso, lo cargué en mi espalda durante aproximadamente tres kilómetros. Aún lo recuerdo vívidamente, como si hubiera sucedido antes de ayer. Cuando el Cielo los guía para encontrarse con alguien, deben amar a esa persona más de lo que el Cielo espera. Entonces nunca sufrirán ningún tipo de daño. Por ejemplo, si el Cielo les pide que den diez, pero ustedes dan cien, noventa serán considerados su ofrenda para el propósito público ante el Cielo. Por otro lado, nunca deben dar cinco cuando el Cielo espera que den diez. Cuando el Cielo espera que den diez, deben dar más de diez. Si dan menos de lo que el Cielo espera, se bloqueará la gracia de Dios en su camino. Esta es la ley. Es la fórmula del Principio.

17        En esos días sentía hambre todos los días. No se debía a la falta de dinero. A comienzos de abril mis padres me enviaban dinero para mi instrucción, pero en mayo ya no me quedaba nada. Lo daba todo a las personas pobres e indigentes. Tengo muchas historias sobre esto. ¿Cómo cubría mis clases, entonces? Repartía diarios, vendía cosas y hacía varios trabajos ocasionales. Necesitaba seguir el camino de la indemnización. Cuando vine a Seúl por primera vez desde mi ciudad natal en la provincia de Pyeongan, no estaba acostumbrado al idioma y a las costumbres de allí. Extrañaba mucho a mi ciudad natal, especialmente durante mis primeras vacaciones escolares. No tienen idea de cuánto me amaba mi madre. Pero una vez que conocí la Voluntad de Dios, tuve que separarme de ella. También tuve que distanciarme de mis hermanas que me querían mucho. Tuve que tomar el camino que mis padres consideraban, desde su punto de vista, lo opuesto a lo que ellos esperaban. Por esto, el primer día de las vacaciones, cuando mi vecindario y mi colegio eran un ajetreo de estudiantes preparándose para regresar a sus ciudades natales, yo cerraba la puerta y me encerraba en mi habitación. Pasé el primer día de las vacaciones pensando: “Tengo mucho que hacer antes de que vuelvan mis amigos”.

18        Todas las personas desean gobernar el universo, pero no pueden gobernarse a sí mismos. Por eso declaré: “Antes de desear gobernar el universo, deben perfeccionar su autocontrol”. El autocontrol comienza con el deseo de comer. Pueden subyugar su deseo de comer ayunando. El ayuno de una semana no es ningún problema. Deben pasar por un entrenamiento tal que a una persona común la llevaría al borde la muerte. Deben subyugar su hambre. Cuando vivía de forma independiente como un estudiante, Corea estaba bajo el yugo japonés y el arroz era escaso. Mis amigos se peleaban para ver quién obtenía la mayor porción de arroz de un tazón, pero yo no era así. La persona que deja primero la cuchara es el maestro de los que la dejan después. Esta es una regla y un principio. Mi vida se renueva cada día. Mañana tiene que ser mejor que hoy. Creo que el Cielo quiere algo nuevo de mí, y eso es lo que pongo en práctica. Debido a que hice esto, pude alcanzar el nivel mundial, algo que nadie fue capaz de hacer antes.

19        Durante los años que estaba creciendo en Seúl, no almorzaba. Pensaba: “Si no tenemos una nación independiente, ¿cómo puedo ser digno de comer tres veces por día?”. Eché de menos las comidas muchas veces en mi vida, pero extraño a mi pueblo más que a la comida. Este es el camino que escogí. Continuamente me determino: “amaré a mi pueblo y a mi país mucho más que a la comida”. Entonces, una vez que dejé mi ciudad natal y me mudé a Seúl, no almorzaba. Así era la vida que llevaba. No es porque no tenía dinero para comprar el almuerzo. Fue porque cuando tenía dinero se lo daba a los pobres.

20        No duermo más de cuatro horas por día. Me entrené hasta que lo hice un hábito. Cuando estoy ocupado, puedo seguir adelante con solo dormir una hora por día. Creo que soy la persona que ha dormido la menor cantidad de horas en la historia humana. Viví toda mi vida de ese modo. Tampoco ha habido alguien que haya tenido más hambre que yo. Tenía comida, pero podía escuchar los gritos de la gente hambrienta que deseaba ser alimentada. Por eso no podía comer tres veces al día. Hasta que cumplí los 30 años solo comí dos veces al día, salteando el almuerzo. Pasé mi juventud comiendo menos de dos tazones por día, aún cuando era lo suficientemente grande y saludable como para digerir cinco tazones por día. Me entrené para amar a las personas más de lo que amaba la comida, y me esforcé para hacer que mi vida fuera una torre de amor hacia Dios y la nación.

21        Dondequiera que estuviera, siempre rezaba con lágrimas en los ojos. Las personas que me veían bañado en lágrimas se compadecían de mí sin saber por qué. Dondequiera que fuera, muchas personas me trataban tan bien como me tratan ustedes. Por ejemplo, la casera me traía algo de la comida que preparaba para su esposo o para el festejo de un feriado. Había preparado la comida para todos a lo largo de la noche, sin dormir. Si no me traía comida no podía entrar en su habitación. Me dijo que siempre que iba a su habitación sin antes traerme comida, de repente todo se oscurecía y no podía ver nada, y no sabía por qué le estaba pasando eso. Cuando las mujeres preparaban la comida con sinceridad, Dios quería que ellas me la dieran para alimentarme y movía sus corazones para hacerlo. Acontecían muchos de esos eventos espirituales. Por eso nunca puedo olvidar el amor de Dios, ni aun cuando mi cuerpo esté destrozado y mis huesos se hagan polvo miles y decenas de miles de veces una y otra vez. A lo largo de mi historia personal, Dios estuvo conmigo dondequiera que yo estuviera, y trabajó tanto para mí.

22        Cuando oran, necesitan orar hasta el punto en que su espalda se doble y a la piel de sus rodillas le salgan callos. Mis rodillas están llenas de callos por mis oraciones de los viejos tiempos. Deben orar sobre un piso de madera. Y deben derramar lágrimas cuando oran. En ciertas ocasiones, mientras rezaba con tantas lágrimas y durante tanto tiempo, experimenté que el piso se empapaba de lágrimas y no le daba tiempo para secarse antes de la siguiente oración. No soy un hombre que solo va a la deriva.

23        El camino de la restauración nunca es fácil. ¿Piensan que me sentiría a gusto si comiera y durmiera como ustedes? El Principio es tan serio. Mis rodillas están llenas de callos debido a innumerables oraciones. No sé cuántas lágrimas derramé. Sabía que las personas estaban muriendo cada día sin resolver los problemas fundamentales de sus vidas. Por lo tanto, mis ojos siempre estaban hinchados y rojos de lágrimas mientras intentaba encontrar las soluciones para ellos. A veces derramé tantas lágrimas en una oración que cuando abría los ojos no podía ver la luz del sol. No obstante, así fue como tuve que buscar el Camino.

24        Deben orar todos los días. Incluso su vida de oración debe ser un diezmo. Significa que deben orar dos horas y cuarenta minutos todos los días, el diez por ciento de cada día. Cuando mi vida de oración estaba en su apogeo, oraba de diecisiete a dieciocho horas por día. Generalmente oraba doce horas seguidas, inclinando mi cuerpo y apoyando mis manos y rodillas. Nunca almorzaba. En mis oraciones lloraba amargamente. No podía vivir sin esas oraciones. Todas las direcciones estaban bloqueadas y no había ningún agujero por donde escapar. Solo cuando rezaba podía ver la luz pasar por el agujero de un alfiler. Descubrí el Principio pasando por esos sufrimientos. ¿Alguna vez han llorado sosteniendo el libro del Principio Divino? ¿Han estado alguna vez tan serios? Su vida es preciosa. Una vez que su vida se va, nunca regresará. Generalmente las personas se casan y dan luz a hijos, luego terminan sus vidas luchando con toda clase de cargas. Es un problema serio. Si siguen viviendo sus vidas de ese modo, nunca podrán lograr el mundo de bondad.

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