El Llamado de Dios (4)

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Días de escuela en Seúl

 

Luego de graduarse del Colegio Público Primario de Jeongju, el Padre Verdadero fue a Seúl. Desde el 12 de abril de 1938 hasta el 8 de marzo de 1941 asistió a la Escuela Industrial y Comercial de Negocios, que estaba localizada en Heukseok-dong. Era el primero en llegar al colegio en la mañana, y tomó la responsabilidad de limpiar el aula. Debido a que era tan ejemplar, sus compañeros no podían tratarlo ligeramente; por el contrario, lo respetaban. Protegía a los débiles y no dudaba en confrontar a los matones arrogantes y fuertes para enseñarles a diferenciar lo correcto de lo erróneo. A pesar de tener una personalidad activa, raramente hablaba, era serio y sincero. Estaba silencioso la mayor parte del tiempo para encontrar el camino del Cielo y cultivar su carácter. Su boletín registra que él era “alegre, activo, fuerte, saludable, no era un farsante, se ofrecía para hacer cosas y era trabajador”. Se añade que: “Es apto y fuerte físicamente, tiene una buena asistencia y le gusta el fútbol”.

8          Los que son humildes son elevados. En el colegio hay estudiantes que solo usan sus puños para dominar a otros sin saber dónde están parados o cuáles son sus situaciones. Sin embargo, también hay alumnos humildes que, a pesar de ser superiores en todo sentido, no son arrogantes. Cuando uno mira a esas personas se siente pequeño sin entender por qué. Tienen un aire de autoridad y dignidad; y a pesar de querer acercarse a ellos, uno siente cierta clase de temor sin ninguna razón. Tal vez algunos de sus amigos sean así. Rara vez hablaba durante mis años de estudiante. Nunca me involucré en conversaciones ociosas con otros estudiantes del colegio. Había días durante los cuales ni siquiera pronunciaba una palabra. Por esta razón mis compañeros me trataban con respeto. Para ellos, era más difícil aproximarse a mí que al profesor. No quiero decir que los amenazara o que usara alguna violencia de cualquier tipo. Sin embargo, ellos no se relacionaban conmigo de manera casual. Cuando tenían un problema personal venían y lo conversaban conmigo.

9          Mis compañeros de colegio me consideraban con cierta clase de temor. Siempre que mis compañeros se reunían hacían toda clase de cosas para divertirse entre ellos, pero no podían hacerlo conmigo. Nunca me involucré en sus tonterías. Muchas veces ayudaba discretamente a los compañeros que estaban en situaciones difíciles. Yo era atlético, era bueno en el boxeo y en el fútbol. También era bueno con las pesas. Mi cuerpo era grande, pero yo era muy ágil. Cuando me mudé a Heukseok-dong, en el plazo de una semana conocí a todos los líderes de las pandillas del vecindario y supe quién era el jefe. Pero yo pensaba que tenía que ser la persona que les enseñara lo que significaba ser un buen jefe.

10        Cuando iba al colegio secundario limpiaba el colegio yo solo. Quería ser el número uno en amar al colegio, limpiaba el colegio con el corazón de ser un representante de todos los estudiantes. Al principio, cuando comencé a limpiar, mis amigos me ayudaban, pero a mí no me gustaba su ayuda; quería hacerlo solo. Quería que el colegio quedara verdaderamente limpio, entonces a menudo limpiaba nuevamente lo que mis amigos ya habían limpiado. Luego de que esto sucediera unas pocas veces, mis amigos me confiaron toda la tarea a mí. Por supuesto, terminé haciéndolo solo.

11        Una vez que comienzo a hacer algo, nunca dejo las cosas como están. Era así desde joven. Nunca creí en nada hasta verificarlo por mí mismo, ya sea en la aldea o en el colegio. Cuando un profesor enseñaba una fórmula matemática, yo lo presionaba preguntándole: “¿Por qué esta fórmula es así?”. La investigaba, la examinaba, la repasaba una y otra vez. Hacer algo despreocupadamente no es mi modo de hacer las cosas. Deben saber que si hacemos las cosas más o menos o ligeramente no funcionará.

12        Durante mis días de estudiante tenía el modo de saber anticipadamente las preguntas que nos harían en el examen. Cuando un profesor explicaba, yo prestaba atención para ver lo serio que él o ella era en su explicación. Identificaba cuál era el estudiante favorito por el modo en el que él o ella miraban al estudiante directo a los ojos mientras miraba en dirección al estudiante que se sentaba en el rincón del aula. Mientras prestaba atención para ver a cuál estudiante el profesor miraba, marcaba los temas de acuerdo a códigos: “A”, “B”, “C”, etc. de acuerdo a cuánto enfatizaba el profesor el tema y cuan atentamente el profesor miraba al estudiante mientras explicaba. Siempre que estudiaba los contenidos que había marcado con los códigos, nunca desaprobaba una prueba. Acertaba correctamente cerca del treinta al cuarenta por ciento de las preguntas en la prueba y las estudiaba más que los otros temas. Podía hacerlo porque prestaba mucha atención a mis profesores en mis clases.

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