Infancia y Juventud del Padre Verdadero (3)

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Dones del espíritu

Desde su infancia, el Padre Verdadero tenía un carácter muy porfiado; iba hasta el fin del camino y poseía un espíritu tenaz, muy competitivo. Una vez que evaluaba que algo era correcto lo traducía en acciones, sin postergar ni esperar nada jamás. Así fue que durante su infancia cultivó las habilidades y los rasgos de carácter que necesitaría para cumplir la providencia de la salvación de Dios como el Padre Verdadero. Por otra parte, aún siendo niño, él sorprendía a las personas con sus predicciones de enfermedades o problemas que ocurrirían en el futuro. Tenía una percepción espiritual muy especial.

22        Mi madre, mi padre y todos en el pueblo contaban conmigo. Yo era conocido como una persona temerosamente fuerte e inteligente en el clan Moon. Yo podía hacer cualquier cosa. Lucha libre, boxeo o cualquier otro deporte, siempre sobresalía en todos ellos. En la escuela siempre fui uno de los tres mejores estudiantes de mi clase. Una vez me propuse llegar a ser el estudiante número uno, y no solo uno de los tres primeros. Lo logré. ¿Por qué no? Estudiaba dos o incluso tres veces más duro que el mejor estudiante. Ese es el tipo de persona que soy. Por eso, cuando exploré las cuestiones fundamentales de la vida y de la religión, pude aclarar lo que era desconocido y revelarlo al mundo. Mi personalidad es tal que una vez que me propongo hacer algo, me olvido de comer y me olvido de dormir hasta terminarlo. Ese es el rasgo más adecuado para el trabajo de la restauración por indemnización.

23        Cuando era niño, una vez me puse a llorar por alguna razón y no me detuve, ni siquiera después de una hora. Lloré todo el día. Por eso me pusieron el apodo “llorón de todo el día”.  No solo eso; cuando yo lloraba, no lloraba en silencio, lloraba a todo pulmón para que el pueblo entero me oiga llorar. Quería que cada anciano en el pueblo venga a ver lo que estaba pasando. Lloraba con tanta fuerza que despertaba a la gente de su sueño. Lloraba y lloraba como si algo terrible hubiera pasado. Al final, mi garganta se hinchaba y no podía emitir más sonidos. Además, cuando lloraba no me quedaba sentado sin moverme. Saltaba y chocaba contra las cosas que cortaban mi carne en todas partes, y así yo quedaba cubierto de sangre. Esto debería ser suficiente para que entiendan mi personalidad. Pensando en ello, Dios es verdaderamente sabio. Me hizo de una manera que una vez que empiezo algo nunca lo dejaré ir.

24        Yo era un joven fuerte y sano con una personalidad activa y apasionada. El alcance de mis actividades era tres veces mayor que la de la gente común. Cuando nevaba no podía dormir por la noche; en cambio, salía a cazar comadrejas. Me gustaba caminar y caminar, siguiendo sus huellas en la nieve, incluso olvidando que tenía hambre. Le hice pasar malos ratos a mi mamá. Definitivamente yo era un chico muy inusual con una tenacidad indomable. Cuando estaba en mi adolescencia yo ya manipulaba a mis padres. Con un paso en falso, mis padres caerían en mi trampa; entonces, no tenían más remedio que rendirse ante mí. Lo que hago hoy en día es solo porque yo pude hacer tales cosas desde temprana edad. Mis padres a veces me regañaban, pero yo nunca cedía. Nunca cedía, sin importar las consecuencias. Lo único que me pedían era que admitiera que había hecho algo mal, pero yo me negaba. Como yo realmente creía que no había hecho nada malo, ¿por qué tenía que admitirlo?

25        Tengo un carácter perseverante y tenaz, no me gusta perder con nadie. En mi infancia yo luché con un muchacho que era más fuerte que yo, y él me venció. A partir de ese momento no pude dormir en paz durante tres o cuatro meses hasta que por fin lo superé. Así de tenaz soy yo. La gente podría decir que soy una persona temible, porque absolutamente desprecio perder. Nunca dejo que nada me derrote. Cuando me esfuerzo para conseguir la victoria en algo, la idea de la derrota nunca cruza por mi mente. Yo conozco eso de ganar o perder; una vez que empiezo algo, voy a seguir luchando hasta que salga victorioso; de lo contrario, moriré. Ese es el tipo de personalidad que tengo.

26        Tengo una personalidad y un temperamento acelerado. No puedo ignorar ni un solo insulto dirigido a mí. Si alguien me golpea, incluso una sola vez, no puedo no reaccionar. También detesto perder. Tengo todos estos aspectos extremos en mi carácter. Sin embargo, debido a tales rasgos, sobresalgo en muchas cosas. Me determino a ganar en cualquier deporte que juego. Mi cerebro tampoco es malo. Imagínese entonces, cómo yo, con este tipo de personalidad, tuve que aguantar y tragar cosas que eran simplemente insoportables. Muchas veces, incluso cientos de veces, tuve que aceptar situaciones que no podrían ser más humillantes. Pero las superé a todas. Esto es debido a que Dios tomó un camino similar. Dios también debe tener un carácter así de ardiente; además, Él podría acabar con el mundo entero. Pero este mundo sigue existiendo porque Dios contiene Su ira y soporta todo tipo de dificultades.

27        Cuando yo era joven, nunca perdí un combate de lucha en contra de cualquiera de mi edad. Sin embargo, una vez perdí un combate con un chico tres años mayor que yo. Así que me puse a buscar una manera de ganarle. La primavera llegó. Cualquiera que haya vivido en una zona rural sabe que en la primavera, cuando las acacias han absorbido mucha humedad, su corteza puede despegarse como la corteza del pino blanco. Así que fui a un árbol de acacia, incliné su tronco hacia atrás y adelante hasta que su corteza comenzó a salir y lo pelé hasta abajo. Su corteza era dura. Entonces luché con este árbol de acacia con su tronco pelado. Luché mientras me decía a mí mismo: “Nunca voy a descansar hasta que te gane”. Seis meses después de que el chico me ganó, finalmente le gané a ese muchacho y me senté encima de él en el suelo. Hasta no poder hacerlo no me concentré en otra cosa, olvidándome de comer y dormir. Yo estaba totalmente concentrado.

28        Desde que tenía ocho años pude formar parejas mirando las fotos de las personas. Formé muchas parejas de todo el pueblo, incluida a mi propia hermana mayor y algunos de mis parientes más lejanos. Además, podía ver el futuro. Cuando yo decía: “Va a llover”, sin falta llovía. Cuando yo decía: “Una cierta persona en esta ciudad morirá dentro de una semana”, esto de hecho sucedía. Hubo muchos casos así. Así que la gente venía a mí con la foto de una persona con la que estaban considerando casarse. Ellos me preguntaban: “Mira esta foto. ¿Crees que esta persona es buena pareja para mí?”. Yo respondía con una solo mirada. Si decía “mala” y esa persona seguía adelante con ella, resultaba ser mala. Si decía “buena”, en realidad resultaba ser un buen matrimonio. Así acertaba, aún cuando ni siquiera había visto la foto por mucho tiempo. Este es el tipo de historial que tengo.

29        En mi pueblo yo era conocido como el chico de los ojos pequeños de la casa de Osan. Todos me conocían por ese apodo por el tamaño de mis ojos. Me dijeron que mi madre, después de mi nacimiento, examinó mis ojos por un largo tiempo pensando que quizás no los tenía. Solo cuando parpadeé se sintió aliviada. Necesitaba este tipo de ojos. Por haber nacido con ojos que pueden ver objetos lejanos, llegué a una comprensión completa no solo de este mundo, sino incluso del corazón y la situación de Dios. Si el mundo descubriese semejante valor querrá seguirme. Si se alinearan alrededor del planeta, la procesión de gente que querrá venir a verme formará una cola pasando el Mar de Corea hasta el medio del Océano Pacífico.

30        Yo también tenía un buen ojo para las vacas. Podía decir a simple vista si valía la pena comprar una vaca. Cada vez que decía: “Esa vaca no es buena para comprar”, mi padre no la compraba. Las buenas vacas tienen un cuello lindo, patas delanteras y patas traseras lindas y una buena cintura. Una buena vaca debe cumplir estas cuatro condiciones. En mi niñez, cuando iba a la feria de ganado con mi padre, inspeccioné las vacas para él. Cuando le decía a mi padre cosas sobre las vacas que no eran tan conocidas, él me preguntaba: “¿Cómo sabes todo eso?”. De hecho, yo nací con este conocimiento. Es por ello que hoy puedo hacer cosas que nadie más en este mundo es capaz de hacer.

31        Siempre he sido un buen juzgador del carácter. Cuando miraba a alguien en la calle tenía la sensación de que “Él debe ser tal y tal clase de persona”, y le seguía para ver si mi intuición era correcta. Yo le preguntaba: “Usted hizo esto y lo otro, ¿no?”. No era algo que el mundo espiritual me enseñaba, solo lo sentía en mi corazón. Así que le confrontaba: “Usted hizo esto y lo otro, ¿no?”. Esta persona se sorprendía y me decía: “¿Cómo lo sabes?”. Mi lectura de esa persona era exacta. Incluso sentado en mi habitación, yo podía decir de inmediato quién estaba en la habitación de al lado; si esa persona estaba haciendo algo bueno o malo, y si él vivía como una buena persona o una mala persona.

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