Infancia y Juventud del Padre Verdadero (2)

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Entrenando para una vida independiente

 

En su infancia el Padre Verdadero experimentó todas las tareas de la agricultura; incluyendo labrar los arrozales, arar los campos, plantar arroz y desmalezarlo. De estas experiencias él aprendió los secretos para el cultivo exitoso de arroz, frijoles, maíz, batata y otros cultivos. Ni siquiera le importaba esparcir el estiércol y rastrillar las hojas. Él participaba con entusiasmo en todo tipo de trabajo, y aprendió a hacer el mejor trabajo en todo lo que estaba haciendo. También aprendió a reparar sus ropas y tejer sus calcetines, sombreros y guantes. De esta manera, se entrenó para vivir solo sin necesidad de depender de otros.

11        Tan pronto regresaba de la escuela me sacaba la camisa y empezaba con el trabajo agrícola. Siempre estaba delante de mis hermanos, incluso de mis hermanos y hermanas mayores. Pensé: “a menos que gane el título de campeón agricultor, no podré ser el líder del mundo de los agricultores”. Así que me eduqué a mí mismo acerca de cómo llegar a ser el mejor agricultor. Me convertí en un experto en saber dónde plantar frijoles regulares y dónde plantar frijoles rojos. Aprendí a decidir cuáles cultivos serían mejor para el suelo con solo mirar el suelo. Sin dudarlo, diría: “Las batatas deben florecer aquí. ¿Por qué plantaron otra cosa?”. Ellos respondían: “¿Cómo sabes eso?”. Aprendí todo a través de la experiencia. Por lo tanto, cuando voy a una comunidad rural, soy como un agricultor más entre los agricultores. Igualmente cuando voy a un pueblo de pescadores. Inventé un barco insumergible, y he desarrollado un sistema único y eficaz para la captura de atún.

12        Tejía mis calcetines y hacía mi propia ropa. Cuando hacía frío, fabricaba un sombrero y me lo ponía. Yo soy el que enseñó a tejer a mis hermanas mayores. Para cumplir su misión para la Voluntad, deben entrenarse para ser autosuficientes. Cuando necesitaba ropa interior, conseguía un rollo de tela, cortaba un modelo y hacía los que necesitaba. Cuando me los ponía, me quedaban perfectamente. Incluso hice calcetines coreanos para mi madre. Ella decía: “¡Yo pensé que las estabas haciendo por diversión, pero me entran tan bien!”. Ustedes deben ser capaces de hacer todas estas cosas basadas en su propio estudio. Ustedes deben saber cómo hacer su propia ropa, calcetines y sombreros. Si pueden hacer eso, incluso si viven solos, podrán cumplir su responsabilidad para la Voluntad.

13        Hay una comida que extraño estos días. He probado todos los platos famosos que existen. ¿Existe alguna comida en cualquier lugar que no haya probado? Sin embargo, todavía extraño este alimento. En los viejos tiempos en el campo, nosotros, los agricultores, tuvimos que pasar por un período llamado el “desafío de la batata de mayo”. Después de haber agotado todos los granos durante el invierno, en el mes de mayo solo teníamos batatas para comer. Entonces, finalmente llegaba la cosecha de cebada de primavera, después de la cual teníamos la cebada para cocinar y comer. La cebada de la que estoy hablando no es la cebada perla que compran en la tienda, sino una cebada no fisurada. Los granos tienen que ser remojados en agua durante algún tiempo antes de cocinarlos. Cuando los poníamos en nuestros platos, si los presionábamos firmemente hacia abajo con una cuchara, se salían los granos individuales y volaban fuera de la taza. Recuerdo comerlos mezclados con pasta de pimiento picante coreano. Este es el plato que echo de menos, incluso ahora. No es sabroso si se mezcla con cualquier otra cosa; debe ser pasta de pimiento picante. Cuando ponía una cucharada de la cebada rojiza en mi boca, los granos salían constantemente a través de mis dientes. Por eso, para comerlos tenía que cerrar los labios con fuerza. Tenía que tomarme el tiempo para masticar, porque era muy difícil. Extraño esos días.

14        Viviendo en el campo, ustedes pueden tener un montón de diversión y muchas experiencias maravillosas. Allí es donde he aprendido todo lo que necesitaba y donde recogí toda la información necesaria para prepararme a construir la enorme casa de la Voluntad de Dios para el futuro. A través de las muchas experiencias que yo tenía haciendo cosas en la naturaleza, me enseñaba a mí mismo a ser un experto en todo lo que hacía. Así que cuando voy a una zona rural puedo llegar a ser un agricultor, y cuando voy al mar puedo llegar a ser un pescador. Cuando me iba a pescar con redes, salía de casa temprano en la mañana y me entregaba totalmente con la convicción de que iba a hacer un nuevo record. Así que salía con el grito del gallo al amanecer y no volvía a casa hasta que las estrellas salían en el Cielo. Toda mi vida mi lema personal ha sido siempre hacer mi mejor esfuerzo para establecer un nuevo récord mundial. Es por eso que donde quiera que vaya, haga lo que haga, creo que nunca voy a ser derrotado por nadie. Y en realidad, nunca fui derrotado. También mantengo este estándar cuando se trata de hacer las condiciones de devoción.

Entrenamiento del corazón

En su infancia, el Padre Verdadero derramó muchas lágrimas. Él era un chico con un corazón extremadamente profundo y compasivo. Cuando criaba aves o peces en su casa, si uno de ellos moría, él sentía compasión hasta el punto de derramar lágrimas pensando que la madre lloraría por su cría. Él defendía a sus amigos cuando eran intimidados por los chicos más fuertes. Siempre que él escuchaba que alguien estaba con hambre o moría de hambre, él tomaba el arroz del jarrón de arroz de su casa y lo llevaba a los necesitados sin que sus padres lo supieran. Si se cruzaba con una madre que acababa de dar a luz pero que no tenía qué comer, él le llevaba arroz y el tipo de algas que eran buenas para la sopa que una mujer coreana debe comer después del parto. Cuando los padres de sus amigos no podían darse el lujo de comprar ropa nueva, de esas que se preparan habitualmente para los niños en las fiestas tradicionales, él les daba su ropa nueva. Estas son algunas de las formas en que expresaba su profundo corazón por quien se encontraba en dificultades.

15        Poco después de cumplir siete años, cuando empecé a ir a la escuela del pueblo, empecé a madurar. Sabía cuándo las mujeres embarazadas en el pueblo estaban a punto de dar a luz mirando el tamaño de sus vientres. Un día hice un poco de investigación sobre una mujer en particular y me di cuenta que ella no tenía arroz en su casa. Así que antes de que tuviera el bebé le di arroz para un mes. También descubrí que no tenía algas para la sopa que se tomaba después del parto, así que también le llevé algas. Esta es la razón por la cual la gente pobre de mi pueblo me confiaba todos sus secretos. Me sentía responsable de atender a las personas que estaban teniendo dificultades, cualquiera sea su situación. Cada año en el otoño yo recogía las castañas para ellos. También sacaba maíz del depósito de mi casa y lo llevaba a sus hogares. Era la única manera en la que podía sentirme en paz. Por este tipo de pasado es que tengo el fundamento para pensar en alimentar a toda la gente del mundo.

16        Cuando yo era joven, mi familia estaba bastante bien económicamente. Cuando mis amigos, quienes eran pobres, llegaban a la escuela con mijo o cebada cocida en sus viandas, cambiaba mi almuerzo con el de ellos. Yo no podía comer mi propia comida bien preparada con arroz mientras miraba como ellos comían su escasa comida. Si la madre o el padre de mi amigo estaban enfermos, pero no tenían dinero para ver a un médico, iba a mis padres y entre lágrimas les pedía dinero, explicando la situación de mi amigo. Cuando tenía once años, le dije a mi padre que iba a vender arroz para ayudar a alguien. Pero incluso antes de que él lo aprobara, junté tanto arroz como pude y lo metí en una bolsa. Yo estaba con tanta prisa que ni siquiera até la bolsa. Entonces la llevé sobre mi hombro y caminé unos 8 km hasta el mercado. Debería haber atado la bolsa con una cuerda. Pero, como no lo hice, tuve que agarrar fuertemente la bolsa para que el arroz no se salga. Caminé lo más rápido que pude por temor a que mi padre viniera detrás de mí. No tienen idea de lo mucho que latía mi corazón y cómo jadeaba en busca de aire. No puedo olvidar ese día. No creo que pueda olvidar esto por el resto de mi vida. Todas esas experiencias me permitieron estar en la posición de caminar el sendero de la Voluntad.

17        Mi naturaleza es tal que cada vez que veía a un mendigo pasar temblando por mi casa durante el invierno, no podía comer ni dormir. Entonces les pedía a mis padres que trajeran a ese mendigo a nuestra habitación principal y le dieran de comer bien antes de despedirlo. ¿No piensan ustedes que esto es un fundamento para ser amados por el Cielo? Cada vez que escuchaba un rumor acerca de que alguien en mi barrio estaba muriendo de hambre, no podía dormir por la noche preguntándome cómo podía ayudarle. Sacaría arroz del tarro de arroz de mi familia y le daría a la persona con hambre, sin dejar que mis padres se enterasen.

18        Me gustan las tortas de arroz, así que yo solía pedirle a mi madre: “Por favor, hazme un pastel de arroz”. Pero ella decía que estaba demasiado ocupada con la granja, el tejido, o cosiendo ropa preparando el casamiento de sus hijos. Mi madre en verdad no tenía tiempo para descansar. Pero yo seguía pidiéndole que me haga un pastel de arroz, y finalmente ella me hacía un pastel sencillo, algo así como una torta de porotos rojos y arroz mezclados o un pastel de arroz al vapor. Lo hacía en una gran olla de vapor de barro. Pero no duraba ni siquiera tres días, porque yo lo compartía. Así es como era yo. Cada vez que tenía cierta preocupación por mi pueblo, no podía conciliar el sueño. Ahora que lo pienso, me doy cuenta de que el Cielo me ha guiado desde la infancia para tener un corazón tan cariñoso. Es por eso que cada vez que veía a alguien pobre e indigente en mi pueblo, yo quería ayudar a esa persona de cualquier manera para que le vaya bien. Cuando ocurría algún problema en el pueblo, yo hacía todo lo posible para resolverlo. Yo creía que ese era mi trabajo, no de otra persona. Sin este tipo de naturaleza dentro de mí como fundamento, no podría ser quien soy hoy. Tenía que ser mi naturaleza innata. Hay un dicho en Corea que dice: “El agua de arriba debe quedar clara para que el agua de abajo sea clara”. El “agua de arriba” es el líder que da el ejemplo. Los seres humanos son espirituales. Así, cuando tenemos la calidad del agua pura, otros querrán venir y convivir con nosotros. Ellos se apoyarán en nosotros como en un cerco.

19        Cuando yo era joven, tuvimos una granja de abejas con cientos de colmenas llenas de abejas. Cuando crían abejas deben instalar marcos para panales; luego, cuando las abejas hacen sus colmenas, ellas depositan su miel allí, convirtiéndolo en su hogar. Los marcos para panales de abeja eran caros. Normalmente los marcos con sus panales vacíos se apilaban en un gabinete, pero yo los encontraba y los mezclaba para hacer velas. Muchos hogares del país no tenían luz en la noche porque no podían darse el lujo de comprar kerosén. Así que les daba las velas que había hecho, pensando que, ya que no podía darles kerosén, al menos les daría velas. Tuve que hacerlo porque, de lo contrario, hubiera estado muy intranquilo. No podía soportar el hecho de no hacer nada por ellos. Es por eso que juntaba todos los panales para hacer velas y las distribuía casa por casa. ¡En ese momento yo era apenas un niño, así que no tenía idea de lo caras que eran! Después de darse cuenta lo que había hecho, mi padre me regañó severamente. Sin embargo, nunca admití haber hecho algo malo; ¿cómo puede ser malo ayudar a los necesitados? Así que después de regañarme por algún tiempo, mi padre solo se detuvo.

20        En mi pueblo vivía una pareja de discapacitados. El esposo era ciego y su esposa estaba lisiada. Aun así, esta pareja era considerada una pareja ejemplar en el pueblo. A pesar de que ella cojeaba apoyada en su bastón, siempre guiaba a su esposo dondequiera que necesitaba ir. Tenía la boca torcida y todo tipo de discapacidades, pero su esposo la amaba más que a una mujer hermosa. No tenían ningún lugar para vivir, así que cuando llegaba el invierno se quedaban en el cobertizo de mi familia. Allí solo tenían un colchón de paja, así que les llevaba mi colchoneta y mi acolchado. Por eso me querían mucho. Un día me enteré que habían fallecido. Me puse tan triste. Recuerdo haber llorado por sus muertes.

21        Al igual que ustedes, yo también tuve una juventud vivaz, rebosante de esperanza. Pero incluso antes de conocer la Voluntad, pensé hacerme amigo de los que estaban pasando por dolor y sufrimiento. Yo estaba muy interesado en las personas a quienes no le iba bien. No traté de acercarme a los hijos de las familias acomodadas e influyentes. La mayoría de la gente hacía eso, pero yo hice lo opuesto. Si yo sabía que había alguna persona pobre en el pueblo que no tenía nada para comer, entonces no podía dormir. Tenía que hacer todo lo posible para resolver su situación. De esta manera, yo quería caminar un camino para llegar a ser el amigo de todo el mundo.

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