La Credibilidad de los Medios de Comunicación y la Responsabilidad Social

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La Credibilidad de los Medios de Comunicación y la Responsabilidad Social

20 de noviembre de 1984

Hotel New Otani, Tokio, Japón

Séptima Conferencia Mundial de Medios de Comunicación

(Dado en nombre del Padre Verdadero)

Honorable presidente, distinguido copresidente, damas y caballeros:

Es para mí un placer darles la bienvenida a la Séptima Conferencia Mundial de Medios de Comunicación. Siento mucho no poder estar en Tokio para darles la bienvenida en persona. Sin embargo, tengan la seguridad de que mi espíritu está con ustedes.

Tengo una estima muy alta por el pueblo japonés y su nación. Están estableciendo un estándar de excelencia en el mundo moderno. Estoy seguro de que todo el mundo puede aprender mucho de esta nación asiática, que ha logrado un milagro económico en nuestro tiempo y ha llegado a ser una de las grandes potencias del mundo.

Como miembros de los medios de comunicación electrónicos e impresos, hoy en día ustedes representan el grupo más poderoso, influyente y selecto en la faz de la Tierra. A diferencia de cualquier otra profesión comparable en el mundo, la mayoría de las naciones libres tienen muy pocas leyes que rigen la conducta de los medios de comunicación, y eso es bueno.

Las personas que tienen la suerte de vivir en libertad saben que una prensa libre puede ser el más fuerte elemento de disuasión a la dictadura. La prensa es el impacto más inmediato en nuestra sociedad, más que las medidas políticas, económicas o académicas. Esta es sin duda la creencia de la Asociación Mundial de Medios de Comunicación. Pero, cuando hay poco control de afuera, la única persona que se interpone entre usted y el abuso del poder son ustedes.

La libertad es, de hecho, uno de los más preciosos dones del Creador. Los seres humanos son creados para ser seres espirituales libres; pero, cuando Dios creó a los seres humanos libres, también les dio responsabilidad. La libertad requiere autodisciplina y autocontrol.

La libertad está ligada con la ley. Hay leyes físicas y espirituales naturales que actúan en el universo y que son los últimos límites de la libertad. Usted es libre de ir a la parte superior del New Otani Hotel y saltar al vacío. Esa es su libertad, pero su acto libre traerá su propia destrucción, ya que va en contra de las leyes de la naturaleza. Usted es libre de ir hacia el océano y respirar agua en vez de aire, pero las leyes de la naturaleza volverán a actuar. Sus pulmones no podrán soportarlo y su vida será destruida. Nadie puede poner en duda este hecho. Las leyes espirituales, sin embargo, no son tan evidentes, pero son igual de absolutas que las leyes de la naturaleza. Al reconocer la ley espiritual, hay que reconocer a los seres humanos como seres espirituales, creados por Dios, el primer Ser espiritual en el universo.

Solo Dios, siendo el Creador, determina el propósito de la creación y establece la ley espiritual. Todo el valor comienza con Dios. Dios ya ha determinado el propósito de la vida humana y cómo los seres humanos pueden cumplir con ese propósito. Este es el fundamento de valor absoluto. Desde este fundamento de valor absoluto surgen los principios morales, y estos principios morales comprenden la ley espiritual.

Los seres humanos, creados como seres espirituales, están obligados por esta ley espiritual. Estamos aquí en la Tierra para cumplir con el propósito fundamental del ser humano según lo determinado por el Creador. Nuestro bienestar espiritual viene a nosotros mientras cumplimos nuestro propósito individual en conformidad con la ley moral establecido por Dios. Cuando violamos esta ley, invitamos a la autodestrucción, tal como lo hacemos cuando violamos las leyes de la naturaleza.

Todos nosotros, antes de ser periodistas o cualquier otro tipo de profesional, somos seres humanos. La primera responsabilidad de un ser humano es ejercer la libertad de acuerdo con los principios morales básicos. Para el periodista, la libertad de prensa debe ejercerse de acuerdo con ciertas normas morales que son la base común para todos los hombres y mujeres libres. Aquí es donde entra la importancia de la responsabilidad en los medios de comunicación. Por esta razón, como el fundador de la Asociación Mundial de Medios de Comunicación, destaco y lucho por la libertad de prensa, así como por la responsabilidad moral de los medios de comunicación.

Thomas Jefferson escribió, muy acertadamente: “La prensa es el mejor instrumento para iluminar la mente del hombre y mejorarlo como un ser racional, moral y social”. Jefferson hasta llegó al punto de decir que nuestra libertad dependía de la libertad de prensa, y que la libertad de prensa nunca podría ser limitada, ni siquiera un poco, sin que se pierda por completo. Hay una gran verdad en esto.

Sin embargo, ¿cómo podemos llegar a ser un instrumento para iluminar la mente del hombre e inspirarle como ser racional, moral y social sin que nosotros mismos primero seamos seres racionales, morales y sociales? Debemos entender los principios básicos que determinan lo que es moral y qué es inmoral. Tenemos que llegar a un entendimiento básico de la ley espiritual de Dios.

La democracia no puede ejercerse sin una prensa libre. Y la libertad de prensa no puede ser verdaderamente libre a menos que se ejerza con responsabilidad moral. Yo creo que una prensa libre es una prensa moral. Nosotros, que somos profesionales de los medios, nos enorgullecemos especialmente en esto. Es por eso que podemos decir que los periodistas tienen un lugar especial en nuestra sociedad. Ellos son los guardianes de la libertad y los luchadores en contra de la injusticia.

Sin embargo, en los últimos años, ¿ha sido nuestra prensa una prensa moral y responsable? Tomemos el ejemplo de la prensa en los Estados Unidos. Los Estados Unidos se considera que es el mejor ejemplo de un sistema democrático. La Constitución de los Estados Unidos garantiza la libertad de prensa. Sin embargo, es claro que la credibilidad y la estima de los medios de comunicación están declinando.

Los estudios demuestran que el número de personas que no creen al presentador de noticias tanto como lo hacían antes se está incrementando. Parece que una percepción de arrogancia y falta de credibilidad en los medios de comunicación flota a través de la estructura de la sociedad. El año pasado, cuando las tropas de los Estados Unidos fueron enviadas a Granada, los periodistas fueron excluidos de la escena. Un comentarista de NBC Nightly News, dijo lo que muchos miembros de los medios de comunicación estaban sintiendo. Él dijo: “El gobierno de los Estados Unidos está haciendo lo que quiere, sin que ningún representante de la opinión pública este viendo lo que está haciendo”.

La respuesta que rápidamente se vertió en las oficinas de la NBC en forma de cartas y llamadas telefónicas era que los espectadores apoyaron la acción del gobierno cinco a uno. Un periodista de la ABC dijo que el 99 por ciento de su correo apoyó la decisión del presidente Reagan de mantener a la prensa fuera de Granada. La revista Time ha recibido muchas cartas sobre este asunto: ocho a uno en contra de la prensa.

En el año 1976, el Centro de Investigación de la Opinión Nacional llevó a cabo una encuesta, que determinó que solo el 29 por ciento de la población estadounidense tenía “una gran confianza en la prensa”. La estima pública ya era baja, pero ocho años más tarde esa cifra ha caído aún más bajo, al 13,7 por ciento en una encuesta reciente, y sigue disminuyendo.

¿Por qué es esto? ¿Por qué el público se rehúsa a creer en los medios de comunicación? El público está sospechando motivaciones egoístas detrás de la transmisión de las noticias, y la gente ve que la práctica de los medios de comunicación ha llegado a ser cada vez más irresponsable, sensacionalista y sin principios.

Los medios de comunicación no pueden ser apáticos a la tendencia de disminución de la credibilidad. No podemos cerrar los ojos ante nuestra responsabilidad por el futuro del mundo. Nosotros, como fundadores, propietarios, escritores y locutores de los medios de comunicación, debemos enfrentar de lleno el juicio de la opinión pública, el juicio de la historia y el juicio de Dios.

Nuestro trabajo en la Conferencia Mundial de Medios de Comunicación y la Asociación Mundial de Medios es restaurar la disminución de credibilidad de los medios a un nivel saludable de confianza y seguridad. Por eso, nuestro lema de este año es “Credibilidad de los medios de comunicación y responsabilidad social”. Debemos recuperar la confianza del público, redactar un reporte exacto de la historia y ganar la aprobación de Dios, el Creador y el último juez de todos nosotros.

Los medios de comunicación, junto con el futuro del mundo libre, están en una encrucijada. Por un lado, si  tratan de limitar la libertad de prensa por medios legales, lo más probable es la destruyan por completo. Por otra parte, un medio de comunicación que puede arrasar a voluntad, fuera de control, siempre estará en peligro de perder su sagrada confianza del público, que resultará en la pérdida de la libertad de prensa.

La única respuesta viable a este dilema es la integridad y la disciplina autoimpuesta. Tienen que ser fuertes y lo suficientemente libres como para resistir la manipulación por parte de los gobiernos, y deben ser morales y justos y luchar por la justicia; si abusan de la fe del pueblo, finalmente perderán la libertad de prensa. La lección de la historia es que el resultado del abuso de poder es la pérdida de la libertad. Para ser un gran periodista, deben ser un gran ser humano, viviendo de acuerdo con la ley moral de Dios. Por lo tanto, el desafío del periodismo se inicia desde el desafío de ser una persona moral y justa. En esta séptima Conferencia Mundial de Medios de Comunicación, propongo comenzar el trabajo de un Comité de Ética de los medios de comunicación como una forma de ayudar a lograr un mayor conocimiento de los medios sobre la necesidad de ser nuestro propio organismo de control. Este tipo de comité debe estar libre de cualquier influencia gubernamental. Debe estar compuesto por distinguidos representantes de la prensa mundial para servir a los fines siguientes:

Primero: el seguimiento de casos específicos, temas y tendencias que prevalecen en el periodismo.

Segundo: Buscar estándares realistas de práctica de los representantes de los medios de comunicación que podrían explorarse para ser adoptados como la ética común en los medios de comunicación.

Tercero: hablar francamente y con fortaleza en casos específicos de abusos por parte de los medios, cuestionando nuestras propias acciones antes que lo haga el público, y reconocer las contribuciones de individuos y organizaciones por la causa de la responsabilidad periodística.

Cuarto: crear el Premio de Ética de los Medios de Comunicación, que debe darse en la Conferencia Mundial de Medios de Comunicación anual a la persona u organización en cualquier lugar del mundo cuyo trabajo encarne mejor los más altos ideales del periodismo en acción, y cuya obra contribuya a elevar la confianza pública en la profesión de los medios de comunicación.

Si esta conferencia puede convertirse en el lugar de nacimiento de esta nueva tentativa, que contribuirá a la protección de los medios de comunicación libres y promoverá y mejorará la responsabilidad de los medios de comunicación, entonces habremos hecho un bien monumental en la historia.

Ha sido mi firme convicción que los medios de comunicación sean guardianes de la libertad y defensores de la verdad. No hay mejor manera de luchar contra los sistemas totalitarios que mediante la promoción de medios de comunicación libres y responsables. Me hago eco del dicho histórico que dice: “La pluma es más poderosa que la espada”. En nuestra época moderna, también incluye el micrófono y la cámara.

Sé que la reunión de la Conferencia Mundial de Medios de Comunicación es una reunión de las fuerzas más poderosas de la Tierra. Tengo la confianza de que con esta fuerza poderosa adecuando sus facultades, podremos asegurar la libertad para toda la humanidad y la paz para el mundo entero.

Señoras y señores, les escribo este mensaje desde la prisión federal de los Estados Unidos en Danbury, Connecticut. Más que nadie, entiendo lo precioso que es la libertad, pero no puedo doblar mis principios por el bien de mi propia libertad. Estoy luchando contra la injusticia y la usurpación del gobierno no solo con mi libertad, sino también con la libertad de millones de personas oprimidas en la faz de la Tierra.

Que Dios les bendiga a ustedes y su conferencia.

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