Discurso de la Madre Verdadera en el Plenario de Apertura de la Cumbre Asia Pacífico 2018

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Discurso de la Madre Verdadera en el Plenario de Apertura

de la Cumbre Asia Pacífico 2018 en Nepal

1 de diciembre de 2018

Hotel Hyatt Regency Katmandú

 

Estimados líderes de Asia y el Pacífico presentes en esta Cumbre, embajadores de la paz, damas y caballeros.

Hoy nosotros nos hemos reunido para debatir, esperanzados, cómo haremos para realizar el mundo de libertad, igualdad y eterna paz que durante tanto tiempo la humanidad ha anhelado.

Con los conflictos étnicos, las disputas religiosas, ideológicas, territoriales y las numerosas guerras y conflictos entre razas, no hay un día que podamos decir que hay paz en el mundo. Además, también es cierto que este hermoso planeta Tierra está sufriendo por culpa de la ignorancia humana.

Dado estos fenómenos, ¿qué deberemos hacer? Mientras tanto, muchas personas justas han aparecido en todo el mundo. Entonces, con respecto a cómo se puede conducir a la humanidad hacia un mundo pacífico, surgieron cuatro religiones mundiales representativas.

Hay que terminar lo que se ha empezado. Hay que saber leer el tiempo. Hay que conocer bien a Dios, el Creador, dueño original del universo. El creó los cielos y la tierra, creó todas las cosas y, finalmente, al hombre y a la mujer porque tenía un sueño. Y a ellos les dio un periodo de crecimiento, les dio una responsabilidad. Esa responsabilidad era la de crecer hasta alcanzar la posición de Dios, recibir entonces la Bendición matrimonial de Dios y así llegar a ser los verdaderos antepasados de la humanidad.

Sin embargo, mientras atravesaban el proceso de crecimiento, se volvieron ambiciosos, dando origen al mundo actual que nada tiene que ver con Dios. Se han hecho muchos esfuerzos a lo largo de la historia, pero no se tuvieron resultados.

De lo que yo pretendo hablarles hoy es de la Divina Providencia vista según la historia de la civilización, y pretendo hablarles de la responsabilidad y la misión del Asia en este tiempo en que comienza la era de la civilización del Asia Pacífico.

Dios es un ser omnisciente y omnipotente. Es el mismo de principio a fin, y para Él no puede haber fracasos. De modo que Dios, por una ley fundamental de la creación, comienza la providencia de la restauración por indemnización para recuperar a la humanidad caída.

Así fue que, tras un largo periodo de 4000 años, Dios envió a Jesucristo, Su hijo unigénito, la única persona a la que podía llamar “mi hijo” en este mundo. Sin embargo, ni María, quien le dio nacimiento, ni los israelitas, entendieron la esencia de Jesús, ni entendían a Dios como debía ser.

Por eso Jesús se quedó sin una base sobre la cual pararse y murió en la cruz, no sin antes anunciar que vendría de nuevo. La historia, que comienza con esa promesa de volver y con los apóstoles resucitando espiritualmente por obra del Espíritu Santo, es la cultura de 2000 años de cristianismo.

Está escrito que Jesús, a su retorno, celebraría las bodas del Cordero. ¡Las bodas del Cordero! La misión de Jesús, la responsabilidad a cumplir por la que vino, era la de ser el Padre Verdadero para la humanidad y dar renacimiento y resurrección, darle un nuevo nacimiento a la humanidad caída, pero no pudo llegar a cumplir esa intención.

Y nosotros conocemos, por medio de la historia, la indemnización que debió pagar el pueblo de Israel por no haber cumplido esa responsabilidad. Y en aquel tiempo no pudo encontrar a la hija unigénita.

La creación de Dios consiste de un hombre y una mujer. Para Cristo, el hijo unigénito nacido por primera vez en 4000 años debía haber una hija unigénita a la que debía encontrar. Sin embargo, la hija unigénita no puede nacer de un pueblo que no haya cumplido su responsabilidad.

La providencia cambió su rumbo hacia el Asia. En la esfera cultural asiática nacieron muchos ancestros espirituales con capacidad de orientar a la humanidad. Recién con el nacimiento de la unigénita, para el cumplimiento de la providencia, se puede llegar a la estación terminal de la humanidad y se puede comenzar una nueva historia.

En 1943 nació la unigénita, la Madre Verdadera. De acuerdo a los principios de la creación, Dios tenía que darle a la unigénita un periodo para que madurase. En ese momento, Corea fue liberada, en 1945, de la opresión japonesa. El norte y el sur se estaban dividiendo. Se dividieron en facciones comunistas y democráticas.

En esos días, las fuerzas comunistas eran fuertes. Corea del Sur no estaba lista, como democracia, para contrarrestar a las fuerzas comunistas. Bajo esas circunstancias estalló la Guerra de Corea el 25 de junio de 1950. En aquel tiempo las Naciones Unidas no llevaban mucho tiempo de fundadas, pero 16 países de la ONU participaron en la guerra y protegieron a la Corea democrática.

¿Cómo puede pensarse esto como el resultado de la fuerza humana? Es la Divina Providencia. En los Últimos Días Dios quería, indefectiblemente, abrazar a la humanidad como Sus hijos. Ese fue el sueño de Dios, de Janul Pumonim. ¡Los ancestros humanos frustraron ese sueño!

De modo que Padres Verdaderos victoriosos debían nacer a este mundo, y esos son los Últimos Días y el inicio de una nueva era histórica. Así, en 1960 nos convertimos en los Padres Verdaderos. Y si bien con los Padres Verdaderos se abría una nueva historia, una nueva era, el cristianismo, quien debió ser un fundamento protector, no lo entendió.

Sin embargo, la verdad es eterna. Y la verdad está siendo revelada. La persona a la que la humanidad debía esperar del cristianismo era la unigénita. La unigénita debe aparecer a fin de que el Mesías a su retorno pueda llegar a ser el Padre Verdadero.

La humanidad, siendo caída, no puede llegar a ser hija de Dios si no recibe la Bendición de los Padres Verdaderos. Ustedes deberían comprender lo milagroso que son los Padres Verdaderos en medio de los 7600 millones de personas de la humanidad.

Si bien hemos hecho muchas actividades mundialmente, lo que hacemos con la Federación de Familias en particular es enfatizar la importancia de la familia. Ustedes, los que hoy viven el presente, no deberían pensar que sus vidas solo les pertenecen a ustedes. Hay que conectar el pasado, y a nuestros jóvenes hay que dejarles un mundo en el que puedan tener esperanza.

Para ello, no deben apegarse a las teorías, pensamientos o costumbres existentes, que están centradas solo en seres humanos. Hay que conducir un movimiento que atienda a Dios, el dueño original. De modo que yo declaro hoy la Era de la Civilización del Asia Pacífico Celestial en atención a Dios.

Si bien existen unos 200 países, si todos ellos aceptaran las enseñanzas de los Padres Verdaderos, entonces todos serían hermanos de una misma familia ante Janul Pumonim.

¿Cómo puede ser que los hermanos continúen pelando si sus padres viven? Partiendo de familias así, que se amen mutuamente y vivan por el bien de los demás puede hacer realidad la esperanza de la humanidad y el sueño de Janul Pumonim de ser una gran familia humana unida bajo Dios.

Allí no existen las fronteras nacionales. Ni existen barreras étnicas ni culturales. Ni existen barreras ideológicas. Espero que guarden en mente que están viviendo en una era en la que nuestra 2ª y 3ª generación bendecida trabaja activamente en el mundo entero por de la revolución del corazón de amor verdadero de vivir por los demás.

La Bendición no debe terminar como algo personal. Cuanto más compartan la Bendición, más crecerán. Recuerden que, de actuar así en su hogar, en su clan familiar, en su país, al salir al mundo, son ciudadanos a los que puede abrazar el Dios del mundo eterno del Cheon Il Guk.

Hasta llegar hoy aquí, he dado la vuelta al mundo. Quiero concluir mi discurso de hoy deseándoles que compartan la Bendición de Janul Pumonim en este país de Nepal, el más cercano al cielo, y se conviertan en líderes que, como familias bendecidas, se conviertan todos en un faro de luz para el mundo.

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final

Traducción al español:

Alejandro de Souza

Corea

Korea, South
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