Recordando a Mónica Ortíz (2)

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Marina Falconi, Argentina

Para los que no me conocen, me llamo Marina Cubeddu (de Falconi). Soy argentina, pero conocí la iglesia en Italia en octubre de 1980. Después de trabajar casi tres años en Italia, viaje a Estados Unidos y allí me quedé tres años con la misión de recaudar fondos, testificar y visitar ministros cristianos. Después de casi siete años que no veía a mi familia, regrese a visitarlos, y fue allí que me encontré por primera vez con los miembros argentinos en Buenos Aires. Desde el primer momento me sentí “en casa”, en familia; y una de las personas que contribuyó a esto fue Mónica Ortiz Ishioka. En verdad, el grupo de hermanos que existía en ese momento en Argentina era un grupo maravilloso. Reflexionando me doy cuenta que, a pesar de nuestra inmadurez o limitaciones, había mucho amor y compañerismo entre todos. Trabajábamos, conversábamos, nos reíamos, en fin, una hermosa hermandad.

Personalmente nunca trabaje con Mónica ni vivimos juntas en un centro, pero compartimos momentos especiales, como un seminario en Brandsen, y siempre tuvimos una relación muy natural como hermanas. Podíamos hablar de cualquier tema y nos llevábamos muy bien. Uno de los recuerdos más especiales fue justo antes de ir a Corea para la Bendición. Recuerdo que fui a ver a Mónica a casa de su mamá. Ella quería a toda costa asegurarse que yo luciera bien para mi futuro esposo. Hizo todo lo posible para “embellecer” mi rostro. Y estando en Corea nuevamente se preocupó de que estuviera bien maquillada para la ceremonia.

Reflexionando me doy cuenta de que ella fue la única persona (para mí personalmente, quizás otras no tuvieron esa experiencia) que tomó la posición de madre en esos momentos tan cruciales de mi vida. En un primer momento tuve dificultades cuando recibí el matching, y Mónica fue la persona que estuvo cerca, apoyándome completamente.

Después de la Bendición no nos volvimos a ver por 20 años. Ella se fue a empezar su familia en California y yo eventualmente fui a vivir a Nueva York con mi esposo. Nos reencontramos en un seminario en Las Vegas en el 2009. Estuvimos juntas todo el día por 4 o 5 días. Inseparables, compartimos conversaciones profundas y personales. En ese tiempo yo cantaba en el coro de Lovin’ Life en los servicios dominicales de In Jin Nim, y mis hijos también. Mónica no desperdiciaba ocasión de decirle a las personas que encontrábamos en el seminario que yo cantaba en Lovin’ Life con mis hijos. ¡Estaba tan orgullosa, como si fuera mi propia madre! Siempre sentí su gran cariño y orgullo por mí. Nos volvimos a encontrar al año siguiente cuando ella vino a Nueva York para la graduación de STF de su hija. Nuevamente compartimos momentos agradables; y antes de irse, la acompañé a comprar unos recuerditos, y ella insistió a toda costa en comprarme algo también a mí, una pulsera y una hebilla muy bonitas. ¡Siempre expresando ese amor de madre!

Hay algo que me da mucha tristeza, y es que no pude verla una vez más físicamente. ¡Yo estaba planeando viajar esta semana, al tener 4 días libres, pero ya es muy tarde! Cuando le dije por teléfono (hace un par de meses) que quería ir a visitarla se puso muy contenta y me pidió que por favor vaya. ¡Siento tanto no haber ido antes!

Yo sé que nos reencontraremos y tendremos tiempo por la eternidad de charlar, reír, abrazarnos y trabajar juntas para Dios y los Padres Verdaderos. Te quiero mucho, Mónica, y deseo para vos una ascensión victoriosa. ¡Que seas muy feliz en tu morada eterna!

Ricardo Gómez, Argentina

En cierta ocasión, Mónica me contó una experiencia por demás extraña que tuvo en uno de los lugares de misión. La historia comenzó con ella transitando una calle abarrotada de personas. Seguramente sería durante el verano, cuando las calles se convierten en peatonales para que los turistas puedan caminar con mayor tranquilidad. Y junto a esas personas estaba Mónica.

Según contó, en esos momentos ella estaba haciendo condiciones de oración muy profundas. Como ya se ha dicho en otros testimonios, Mónica era (es) profundamente idealista, y realmente creía que vería un cambio profundo en la sociedad mientras estuviera en este plano físico. Pero la gente que la rodeaba no parecía estar buscando a Dios ni nada que se le acerque ni siquiera un poco. Así que buscó un banco y se puso a orar en medio de la peatonal.

Oró profundamente durante unos minutos pidiendo ver al mundo como Dios lo veía, y luego se levantó para caminar entre las personas. Lo que vio la marcaría por siempre. Parada en medio de gente yendo y viniendo, sintió que no podía moverse. Las personas parecían no notar su presencia. Allí, de pie en medio de la calle, se vio rodeada por personas que eran normales de lejos, pero de cerca se veían deformes, horribles. Sintió que ya no quería estar allí, quería salir corriendo, pero no podía; estaba como clavada en el piso.

Así transcurrió un tiempo difícil de calcular. Solo podía llorar al ver a esas chicas tan bonitas por fuera, pero tan horribles espiritualmente a medida que se acercaban. Los hombres también; guapos de lejos, y deformes al acercarse. Mónica contó que hubiera deseado nunca orar pidiendo semejante cosa como ver el mundo con los ojos de Dios.

Las personas seguían pasando a su alrededor riendo como si nada ocurriera. Los olores eran terribles, imposible de soportar. Las risas no eran contagiosas, sino dolorosas, hirientes. Todo aquello era imposible de describir sin sentir espanto. Y para colmo, parecía que cada vez había más y más personas, y daba la impresión de que la rodeaban. Al no poder mover mucho su cabeza, Mónica sintió pánico al imaginar qué estaría pasando a sus espaldas.

Pudo ver a algunas de esas personas crecer en altura a medida que se deformaban más y más. Otras, por el contrario, se achicaban hasta casi desaparecer. Era imposible observarlas de tan pequeñas que se hacían. Unos crecían, otros se achicaban, pero todos parecían ser absolutamente ajenos a todo lo que les pasaba. La única testigo era Mónica, pero ella no podía moverse.

Así paso un tiempo imposible de calcular. Mónica contó que cerró sus ojos y le pidió a Dios que por favor termine ese calvario. No quería ver más ese espectáculo horrible. Ya entendía cómo Dios nos veía, y eso le causaba un dolor indescriptible. Casi sin darse cuenta, se encontró en el banco donde estaba orando. La gente caminaba por la peatonal entre risas y gritos de felicidad. Mónica simplemente se levantó y salió corriendo de allí.

Siempre que Mónica nos contaba esta experiencia lo hacía con lágrimas en los ojos. La tocó profundamente ver el mundo como Dios lo veía. Estas son las clases de experiencias que no cualquiera puede tener. Para la mayoría podría ser difícil de superar, pero Mónica tenía una conexión muy profunda con Dios, y por eso Él decidió mostrarle en pocos minutos lo que Él tiene que ver a cada instante.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s