Recordando a Mónica Ortíz

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Recordando a Mónica Ortíz

Mónica ya no está físicamente entre nosotros, pero eso no significa que vayamos a olvidarla. Su paso por este plano no ha sido en vano; y yo, como su hijo espiritual, me encargaré de exponer en este espacio anécdotas que nos permitan vislumbrar el tipo de persona que fue mi madre espiritual.

Probablemente pocas cosas semblanteen mejor a una persona que los testimonios de quienes la conocieron. Revisemos algunas historias que muestran a Mónica tal y cual era. Empecemos por cómo solían ser los viajes a la Capital Federal en grupo y liderados por Mónica.

Ricardo Gómez, Argentina

El próximo Día de Dios nos encontraría en alguna propiedad de la Iglesia, posiblemente en Lobos, provincia de Buenos Aires. Nosotros salimos de Mar del Plata hacia Buenos Aires en tren. Los pasajes los había comprado Mónica, como era usual. Y como era usual, compraba pasajes con descuento. La estrategia era hacernos pasar a todos nosotros por menores de edad.

Cuando el guarda del tren nos vio por encima de los lentes, notó que algo no estaba bien. Se suponía que viajaban un adulto y cuatro o cinco menores, pero esos muchachos que lo mirábamos como queriendo que la tierra nos tragase, eran todos claramente mayores, muy mayores. Como cada viaje, Mónica se entablaba en una discusión monumental con el pobre hombre de turno. Pero era imposible, Mónica estaba determinada a pagar lo mínimo posible por el viaje y no afectar los siempre exiguos recursos de los que disponíamos. Luego de algún tiempo, el guarda se retiraba atormentado y deseando conseguir otro trabajo.

Así era ella. Cuando se determinaba a lograr algo, era casi imposible torcer su voluntad. Poseía una determinación francamente envidiable. Y no solo era intrépida, también tenía una visión de la vida idealista como no encontré en nadie más. Mónica creía firmemente que veríamos cambios sustanciales en nuestros tiempos de vida física. Lamentablemente el mundo no es lo que pensábamos, y ha resultado ser mucho más complicado de restaurar de lo imaginado.

Personalmente lamento mucho que Mónica no haya podido ver ese mundo onírico, utópico. Me siento responsable por no haber podido hacer más en ese sentido. En el medio de ese destino de hermandad se interpuso una enfermedad asquerosa. Y no es horrible solo porque nos separe de nuestros seres queridos, es repugnante porque se los lleva luego de reducirlos a la mínima expresión, como si quisiera que desconociéramos a ese ser amado. Lo que el cáncer no sabe, es que nosotros sabemos que la esencia de ese ser amado no son sus huesos, ni su carne, ni su ropa, sino su corazón, su espíritu. Todo eso perduró inmaculado en Mónica. Ella fue Mónica hasta su último aliento.

Hipólito “Polo” Vaquera, Argentina

Corría el mes de junio de 1983, pleno otoño en la hermosa ciudad de Mar del Plata, Argentina. Me invitaron a oír una serie de charlas en las cuales se me responderían algunas preguntas acerca de Dios. Fui con curiosidad y desconfianza a la vez, pues no sabía con qué me iba a encontrar. Grata fue mi sorpresa al ver un pequeño grupo de jóvenes de unas 5 personas, casi todos de mi misma edad, a excepción de quien me presentaron como su “Figura Central”, una señorita un poco más grande que los otros 4, de una sonrisa amplia y bien servicial quien, a pesar de su juventud, se la podría calificar como la madre de ese puñado de jóvenes de los cuales emanaba mucha paz, amor y unidad entre ellos, lo cual me impactó. Ese fue el comienzo de como yo, Hipólito Vaquera (Polo), me encontré con mi primera Figura Central: Mónica, una persona con mucho sentido del humor y con un corazón de querer siempre ayudar. Fue quien me dio las conferencias y me ayudó a caminar mis primeros pasos en esta vida de fe, de la cual siempre me sentiré orgulloso. Tenía por costumbre asignarnos a cada uno algún punto del Principio Divino para estudiar. Recuerdo que a mí me tocó las 3 bendiciones, y ella me dijo que si yo realmente quería entender a Dios, al saber las 3 bendiciones lo entendería.

Quiero darte las gracias, Mónica, por haberme guiado en mis primeros pasos. Por tu cariño y respeto. Por fortalecer mi fe al darme el Principio Divino para estudiar, por ser mi primera “FC” y por adoptarme como tu hijo espiritual. Sé que te adelantaste a nosotros, viajaste primero, y seguramente Patricia, Walter, Rubén, Dagmar, Janet y varios otros te están esperando para darte la bienvenida y un caluroso saludo con una gran sonrisa, así como vos nos recibías al entrar a tu centro. Hasta pronto, mi querida hermana, madre espiritual y mi primera Figura Central. Nos veremos.

Juan José “Tito” Elgul, Argentina

Llegué al Centro de Mar del Plata en 1983, donde la líder era Mónica Ortiz. Eran como las 6 de la mañana y los cuatro hermanos se estaban preparando para salir a hacer una condición de ducha fría en el mar, y estábamos en invierno. Obviamente era idea de la líder Mónica, a quien nunca había visto antes, pero de la cual sí tenía excelentes referencias.

Me explicó en dos segundos las “bondades” de la ducha fría; dijo que era una excelente oportunidad para saber cuánto dominio tenemos sobre nuestro cuerpo físico y que los dos grados de temperatura que reinaban en ese momento ayudaban mucho a desarrollar el carácter y al cuerpo espiritual. Mónica, a mi entender, tenía una manera exquisita de explicar las cosas, aunque no era esa la manera en que yo quería conocer la más famosa playa de Argentina.

Así empezó mi educación espiritual los ocho meses y medio que estuve con esta gran mujer y líder. Sonreía constantemente y siempre estaba dispuesta a escuchar las inquietudes de quiénes éramos miembros nuevos. Tenía una santa paciencia.

Tuve la oportunidad de inquietarla una vez, cuando le traje del puerto de Mar del Plata lo que iba a ser nuestra comida por unos días: camarones. Dijo que no sabía cocinarlos, y que hasta le daba “cositas” tocarlos. Que los tire y que, lamentablemente, íbamos a tener que gastar dinero público para comprar el almuerzo. Por suerte llegó la Sra. Otilia, mamá de Ricardo Gómez, quien nos preparó diferentes comidas con esos camarones.

Mónica preparaba los pescados que yo traía del puerto al horno o rebozados para milanesa. No recuerdo si alguna vez los hizo fritos. Pero sí recuerdo que para enmendar el “error” de los camarones, la última vez que fui al puerto, traje un salmón de un metro de largo con el cual ella esbozó una de sus mejores sonrisas.

Hasta nuestro próximo encuentro, hermanita Mónica.

Suyapa González, Honduras

Que Dios, nuestro señor Jesús y nuestros Padres Verdaderos reciban a nuestra hermana Mónica en el Cielo. Mónica fue un gran ejemplo de amor, fe y dedicación a la providencia. El viernes que la visité estaba muy contenta, me enseñó un montón de cartas que los niños de la escuela donde ella trabajó por muchos años le mandaron, todos esos jóvenes expresaron cuánto ellos amaban a Mónica.

En los veranos en San Diego siempre Mónica hacía seminarios del principio divino en su casa. Enseñamos a tanta gente en su hogar, en inglés y en español. Mónica fue un gran ejemplo para todos los miembros de nuestra iglesia aquí en San Diego. La vamos a extrañar mucho.

Me acuerdo un domingo después del servicio estábamos comiendo juntas y yo le dije: “qué lindos aretes tienes” y ella se paró, se quitó los aretes y me dijo: “ahora son tuyos”, me los regaló. Así era Mónica. Que en paz descanse nuestra hermana Mónica, te queremos mucho.

Elsa Correa, Argentina

A Mónica la conocí en el centro de Talcahuano en 1987, ese año mi misión era cuidar de Moon Hwa Field. La recuerdo siempre muy sonriente. Ese mismo año vino a la Argentina Heung Jin Nim. Mientras yo me quedaba en el centro cuidando de los niños junto a Hilda y Mirta Castellón, tuvimos la sorpresa de la llegada mencionada, lo que generó todo un revuelo. Mónica se encontraba en Brandsen preparando todo por pedido del líder, siendo la anfitriona responsable de recibir al Hijo Verdadero. Recuerdo la conmoción que eso nos generaba, pero todo estaba bajo control con la presencia de Mónica. Los que la conocen saben que es una hermana responsable y dedicada a la providencia; pasaron muchos años y todavía recuerdo su desempeño en aquella ocasión.

En el año 2015 Mónica nos vino a visitar a Mar del Plata junto a José Rodríguez y familia, y en esa ocasión tuve la oportunidad de volver a hablar con ella y recordar viejas anécdotas; la pasamos muy bien. Siempre la voy a recordar de la mejor manera, con respeto y amor por todo lo que trabajó y dedicó al servicio de los Padres Verdaderos. Deseo que tenga un buen ascenso al mundo espiritual. Que la gloria de Dios la acompañe siempre.

Raúl Esparza, Argentina

A Mónica la conocí cuando Juan José Elgul, alias Tito, me invitó a escuchar las conferencias. Me recibió Mónica en el centro de Mar del Plata. Me hizo las preguntas de siempre: si creía en Dios, cuál era mi opinión de la situación en el mundo y ese tipo de cosas. En aquella época yo tenía apenas 18 años, así que mucho no sabía de esas cosas.

Después de las tres primeras conferencias, que me dio Fernando Rey Boullon, Mónica me dio las tres últimas, inclusive la Conclusión, en la cual me dijo que el Mesías estaba en la Tierra. Cuando le pregunté sobre quien era, me dijo que mi corazón me lo iba a decir. Ella estuvo en Mar del Plata hasta final del año 1983.

En el final del año 1984 me escapé de mi casa debido a un sueño que tuve. Terminé yendo a Tucumán, cuando en realidad quería ir a Salta. Ella me recibió en el centro de Tucumán, y después tomaría la decisión de que me quedaría en ese centro.

Sobre el final de ese año sobrevino una feroz persecución, la cual terminó con cada uno de nosotros en prisión. Este hecho nos unió mucho de corazón.

Ella fue fundamental para que yo pudiese escuchar las conferencias, entender el Principio Divino, tomar responsabilidad y aprender a dar conferencias. Era una hermana muy especial. Enérgica, pero de gran corazón de amor y sensibilidad. Aun hoy recuerdo las largas tardes al sol después del almuerzo, tomando mates y hablando de todo un poco.

Hemos tenido contacto por e-mail, y este último año por WhatsApp. Hice mucha oración para que se curase, y por sobre todas las cosas que se haga la Voluntad del Padre Celestial.

Siento su falta, pero sé que en el mundo espiritual dará miles de conferencias a cientos de miles de personas. También sé que algún día nos volveremos a ver en el otro lado, junto con nuestros seres queridos. Y ahí será para siempre.

Saludos muy especiales para su esposo, hijos, su mama y su hermana. Gracias, Mónica, por todo tu apoyo que me diste en los momentos más difíciles de mi vida. ¡No te digo adiós, te digo hasta pronto!

Rosa López

Mónica siempre mantuvo una fuerza espiritual muy fuerte hasta el final, aun cuando su cuerpo físico la atormentaba con dolor. Gracias al Padre Celestial ya no sufre de dolor. Oramos por su ascenso. Les pido que por favor oren por su familia, especialmente su mama. Conocí a Mónica en el año 1981, cuando participó en el seminario internacional de 40 días en Nueva York.

Y así podríamos seguir por horas.

Uno de los deseos más recurrentes de Mónica era la esperanza de que algún día estaríamos todos juntos en el Mundo Espiritual. Soñaba con una gran mesa donde estaríamos todos reunidos disfrutando de un asado, mates y un sinfín de cosas ricas que ya no engordaran. Al principio yo era bastante reticente a creer estas ideas, pero ella tenía el don del convencimiento. Hasta el día de hoy yo no tenía la seguridad de que eso fuera posible; pero algo cambió: ahora Mónica está en el mundo espiritual, y estando ella allí, seguramente se ocupará de que ese sueño se haga realidad. No quisiera estar en los pantalones del que tenga que explicarle a ella que esa reunión no es posible…

Te vamos a extrañar, Mónica, querida madre. Gracias por todo tu trabajo y entrega desinteresada a Dios todos estos años. Gracias por tu generosidad, por tu valentía y por haber dejado tanto atrás para formar una familia. No tengas dudas, tus semillas seguirán creciendo.

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One Reply to “Recordando a Mónica Ortíz”

  1. Excelente Idea Ricardo!. Mónica se merece tanto este homenaje!. Lo interesante es que la mayoria de las cosas mencionadas las vi y las vivi con ella!
    Lo de la mesa con asado, mates y pizza, me lo dijo un monton de veces!. Pobre, a lo último no podia ni comer!. Ahora se libero de ese sufrimiento y dolor!.
    De nuevo, gracias, se que Mónica te lo agradece desde el otro plano!

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