Almuerzo Especial con la Comisión de Arte del Cheonji Sunhak Won

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Almuerzo Especial con la Comisión de Arte del Cheonji Sunhak Won

Palabras de la Madre Verdadera

28 de septiembre

Saben que la relación entre los reunidos hoy aquí y yo no es común, ¿verdad? Esta es una reunión histórica. Yo le estoy muy agradecida al Cielo por esta reunión con dos de los más grandes artistas de Corea y con todos ustedes, los que están trabajando en una relación profesional en las obras maestras para el Cheonji Sunhak Won.

Nosotros somos seres creados. Existe un Amo de la humanidad y de todas las cosas creadas. Ese Amo creó los cielos, la tierra y al ser humano con un propósito. Está escrito que Él creó todas las cosas a Su imagen. En particular, le dio una responsabilidad durante el período de crecimiento al hombre y a la mujer, los ancestros humanos.

Pero durante ese periodo de crecimiento se volvieron ambiciosos al pensar en sí mismos. Esa fue la Caída humana de la que habla la Biblia. Ellos debían crecer en absoluta unidad con Dios, el Creador, y haber recibido de Dios la bendición en matrimonio. Esa es una regla fundamental de la creación establecida por Dios.

No puede haber fracasos para el Creador, quien es el mismo de principio a fin (el Alfa y el Omega). Es verdaderamente lamentable, pero como le dio responsabilidad al ser humano, tienen que surgir personas que cumplan esa responsabilidad. De modo que Dios, como vemos en la historia, escogió al pueblo de Israel, un pueblo del lado de la bondad, y fue tan difícil indemnizar los errores cometidos que, desde el nivel individual hasta formar un fundamento nacional, le llevó 4000 años. ¡4000!

En esa época existía un imperio inmenso, el imperio romano. “Todos los caminos conducen a Roma”. Si el pueblo de Israel hubiese exaltado la Voluntad de Dios y se hubiese unido con Jesucristo, a quien Dios enviaba como hijo unigénito por primera vez en 4000 años, cumpliendo así la Providencia, podrían haberse unido con Roma en ese tiempo.

De haber sido así, este mundo habría sido el que Dios deseaba; sin más indemnización, un mundo pacífico en una relación de padres e hijos con Dios, según los principios fundamentales que originalmente Él estableció.

Jesús no tuvo otra opción que morir en la cruz. Antes de ser crucificado afirmó que vendría de nuevo. Como Jesús dijo que volvería, la cultura cristiana comenzó por la obra de resurrección del espíritu santo con los apóstoles. Debería haber comenzado con las enseñanzas de Jesús, pero no tenían muchos años de conexión con Jesús.

Jesús dijo: “Tengo mucho para deciros, pero ustedes no podrían con ello”. Los apóstoles no tenían cómo saber lo que él no pudo decirles. El Cielo tiene que darle cumplimiento a la Providencia. Elige y establece, de entre toda la humanidad, al pueblo que considere de mayor bondad y del nivel más elevado. Ese pueblo es el que está reflejado en las obras que ustedes hicieron, el reino de Han.

Eran brillantes en astrología. Adoraban al Cielo y detestaban las guerras. Eran amantes de la paz. Eran un pueblo agrícola y culto. Como no les gustaba la guerra, eran desplazados por poderes foráneos, y así fueron descendiendo hasta quedar recluidos en la península actual de Corea.

Las historias sobre este reino de Han están en el Libro de las Odas, el más antiguo de China. Habla de una visita del Rey Han, de un reino que duró hasta 400 años antes de Cristo. ¿Cómo es que la República de Corea se convirtió en “El Gran País del Pueblo de Han”? Esto no resultó así por el poder del ser humano, sino porque el pueblo que Él estableció, el reino del clan Han, debía darle cumplimiento a la providencia como “Corea” (lit.:”País de Han”).

De modo que, para el Mesías, que prometió retornar, tenía que nacer la hija unigénita en medio de la cultura cristiana. Como un hombre y una mujer son el principio de la creación de Dios, una mujer unigénita, tiene que nacer por medio de la cultura cristiana de este pueblo coreano. ¡Mi abuela, mi madre y yo!

Para escogerme a mí, se observó a esos ancestros. Fueron ancestros de bondad. Fueron leales al país. Cerca de fines del Siglo XV, nuestro país estaba subordinado a China. Cada año venía un enviado de China y estaba obligado a cruzar el Río Dal-le. El camino se volvía pantanoso; en verano, además, el río se desbordaba.

Entonces se hablaba de que había que hacer algo para que Corea no pase vergüenza y se buscaba a alguien dispuesto a contribuir con un puente; existía el pueblo de los Cho, que era una villa muy pudiente. Allí vivía una persona rica llamada Cho Han Jun. Él gastó su fortuna personal en construir un puente de piedra. Miren si sería tan inmenso el puente, que cuentan que por debajo podían pasar los barcos.

Cuentan que el día previo a la inauguración, a la que asistirían las autoridades, le quedaban solo 3 monedas. ¿Qué podía hacer con tres monedas? Dicen que se compró calzado de paja. Esa noche escuchó una voz que venía del Cielo: “¡Han Jun!¡Han Jun! Tu devoción, tu mérito, han conmovido al Cielo. Por eso había decidido enviar a un Hijo del Cielo a tu familia, ¡pero te has quedado con tres monedas!”.

A la mañana siguiente había emergido una estatua de Maitreya Buda de piedra a orillas del río. Esa estatua está registrada como propiedad de Han Jun, del clan Cho. ¡El asunto es que esa estatua poseía una gran energía espiritual, al punto que nadie podía pasar a caballo por delante sin detenerse a hacer una reverencia!

Pero sucedió algo que provocó el malentendido entre las hijas del clan Cho, de modo que tuvieron una reunión familiar. “Ah, por causa de esa estatua con vientre grande la gente puede pensar que nuestras hijas tienen un gran vientre por su causa, así que cortémoselo”. Así fue que se pusieron de acuerdo y le cortaron el vientre, pero cuentan que comenzó a sangrar. Eso asustó a la familia, que se disculpó por lo que había hecho. Volvieron a pegarle el vientre y luego pasó el tiempo.

El Padre contó que cuando era niño fue varias veces a jugar a ese pueblo y que vio la estatua de Maitreya. Resulta que la estatua se fue agrandando y escuché que la arreglaron más de dos veces.

Cuando fui a Corea del Norte en 1991 les pregunté a los guardias de seguridad si aún estaba la estatua de Maitreya, y me dijeron que sí, que aún estaba. Esto es un hecho histórico.

Con esto quiero decir que, como la Providencia debe cumplirse por medio de figuras centrales, en esas familias pasan cosas diferentes a una familia común antes de que nazca la figura central.

En posición de estar bajo estas condiciones es que yo nací como hija de Dios, hija del Creador. Como yo conocía el momento de la Providencia, si bien era muy joven, me decidí a casarme a la edad coreana de 17 años. La posición del Padre era la de encontrar la Palabra (la Verdad). Debía encontrar aquellas palabras que Jesús había dicho que tenía para decir, pero que aún no podía hacerlo porque no podrían con ello.

El Padre, tras recibir de Jesús su misión, estudió e investigó la Biblia hasta gastarla, por eso es que descubrió la Providencia de Dios. Y luego de ello tenía que restaurar al pueblo, y para ello tenía que tener un fundamento. Debía restaurar personas de la esfera cristiana. Para ello es que dio testimonio. Tras haber adquirido cierto marco, tenía que encontrar a la hija unigénita. ¡Eso sucedió en 1960!

La misión de los Padres Verdaderos es encontrar a los hijos que el Cielo perdió. Tienen que volver a nacer por medio de los Padres Verdaderos. El ser humano caído, en una palabra, debe cambiar de linaje. Actualmente ustedes poseen linaje caído, pero deben detenerlo y deshacerse de él. Para ello tienen que ingresar al vientre de los Padres Verdaderos victoriosos y volver a nacer. Eso significa la Bendición de Matrimonios que la Iglesia de Unificación realiza desde el año 1960. Las familias que no participen de esa ceremonia, las que no resuciten, no tienen una relación directa con Janul Pumonim.

El mundo ideal, el reino terrenal, es el mundo donde la familia atiende a Dios. Cuando eso suceda no habrá más guerras, ni se necesitará pelear por las cosas. Aunque se viene persiguiendo un mundo así, no se tienen certezas, no hay objetivos.

El tiempo ha llegado. Se ha inaugurado una nueva era providencial. Si se sigue aferrado al pasado, no se puede ver el futuro. Yo he dicho que aclararé la verdad de la historia con firmeza: “Soy la unigénita”.

Hace unos 3 años hubo una reunión de pastores en Las Vegas, y ante unos 400 pastores yo lo exclamé: “Soy la hija unigénita”. “Ustedes, junto conmigo, tienen que realizar la Providencia del Cielo”. Y cuando lo afirmé, los pastores aplaudieron. “¿Cómo es que lo ignorábamos?”.

Jesús dijo que vendría de nuevo, que retornaría para las bodas del cordero. ¿Cómo es que lo ignoraban, cuando leyeron la Biblia innumerables veces? Y me lo agradecieron. Así es que esos pastores hoy están bendiciendo matrimonios en sus iglesias.

Piensen un poco. A todos los fundadores religiosos les llevó cientos, miles de años, pero los Padres Verdaderos lo cumplieron y concluyeron su trabajo en su generación. En 1960 el comienzo fue pequeño, pero hoy, con el estatus de los Padres Verdaderos, puedo decirle al mundo todo lo que tengo para decirle.

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El trabajo que hacen ustedes posee carácter eterno, ¡eternidad! ¿A quién han encontrado ustedes? A los Padres Verdaderos, a la hija unigénita, a la Madre Verdadera, a la Madre del Universo, ¡por quien el Cielo ha estado esperando durante 6000 años! Esa madre que, a pesar de sí misma, la humanidad ha buscado con su mente original.

Una humanidad huérfana puede volver a obtener la vida si encuentra a su madre. Por eso es que yo evaluó en alto grado esta obra de ustedes hecha en nácar, en madreperlas.

Integralmente hablando, mi rostro, más que un rostro solemne, tiene que ser el rostro de

una madre magnánima. ¿No soy más bien bonita? Creo que fue en los años 70 cuando, de gira por los 50 estados de EE.UU., donde dimos muchos discursos en gira para despertar a ese país que estaba en la línea de recepción, dando la mano a las personas VIP que nos presentaban, cuando le decían a mi esposo, que estaba parado a mi lado: “Usted es muy afortunado”.

Siendo oriental, yo estaba vestida con un hanbok coreano, pero me decían que más que oriental mi rostro era más bien universal. En general, los asiáticos tienen un rostro y una cabeza grandes, pero ellos decían que mi aspecto era el ideal. Cuando iba en algún tour, usando un sombrero y anteojos de sol, la gente pensaba que era una actriz. Eso lo escuché más de una vez. Eso fue, sí, en los años ´70.

Tienen que retratar mi figura con una expresión vívida. Por más que tengan que expresarlo artísticamente, aun así, tiene que poder expresar mi rostro real. Por eso es que se necesitan expertos en arte oriental y en arte occidental.

Cuando todas estas obras estén terminadas, gente famosa de todo el mundo vendrá a visitar el lugar. No van a tener deseos de irse. No se puede expresar por escrito, ni con palabras, pero debe poder experimentarse por medio de estas obras de arte.

Cuando piensan que dejarán el máximo logro de sus vidas, su mejor obra, sentirán que deben sumergirse totalmente en ello, ¿no es así? Deberán trabajar con su mente y su cuerpo en armonía. Cuán agradecidos y emocionados estarán los 7600 millones de personas cuando se enteren por la obra de ustedes sobre este tiempo, sobre esta providencia cumplida mediante este pueblo. Será un honor, no solo para sus familias, de modo que ténganse confianza.

Les pido por favor que pongan lo mejor de ustedes al hacer estas obras irrepetibles.

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Traducción al español:

Alejandro de Souza

Corea

Korea, South

 

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