Testimonios

Proyecto Escrituras Sagradas, Testimonios (parte 2)

1

Yamila Gómez

Traductora

Ante todo, agradezco profundamente a nuestro Padre Celestial y a los Padres Verdaderos por permitirme realizar un trabajo tan providencial como este. También agradezco de todo corazón a Alejandro por habernos elegido; a mi padre, Ricardo, por apoyarme y aportar tanto a mi crecimiento profesional, y a todos los traductores y editores que participaron de este enorme proyecto.

Durante dos años, un grupo de personas estuvo trabajando en la traducción y edición de los tres Libros Sagrados a pedido de nuestra Madre Verdadera, el Cheon Seong Gyeong, el Cham Bumo Gyeong y el Pyeong Hwa Gyeong. Recibir este trabajo fue una bendición y, por lo tanto, una gran responsabilidad. Todos en el equipo dieron todo de sí para brindar lo mejor dentro de sus capacidades y, más allá de los límites de tiempo y la falta de experiencia en el campo de la traducción, fue notorio el esfuerzo que se invirtió para que todos los miembros que no hablan coreano puedan leer las palabras sagradas con naturalidad y claridad.

También me alegra saber que todos los participantes de este gran proyecto tienen la oportunidad de dar a conocer sus experiencias porque, como futura traductora, sé muy bien lo difícil que es exponer un trabajo tan menospreciado. La labor de los traductores ha sido vista durante todo este tiempo como algo trivial, como algo que podría hacer cualquier persona que conoce dos idiomas, como algo que se considera más un favor que un oficio. Deseo de todo corazón que esta serie de testimonios ayuden a los demás a valorar el preciado trabajo de los traductores y editores.

Hoy se me pidió explicar mi experiencia personal durante este trabajo, y lo único que puedo pensar es en lo agradecida que estoy por haber tenido la oportunidad de haber formado parte de este equipo. Puedo decir con orgullo que este trabajo cambió mi vida, me mostró un camino donde no lo veía y me demostró que tengo más posibilidades. Para entender mejor a qué me refiero, no estaría mal mirar un poco atrás.

A mediados de 2013 sufrí de depresión tras haber vivido malas experiencias en la universidad por poco más de dos años. La presión y el desprecio constantes de los profesores me hicieron replantearme muchas cosas, y por eso fui sintiendo muchas más inseguridades de las que tenía. A los 21 años ya sentía que no tenía una profesión a la cual aferrarme y que no podía depender siquiera de la única área en la que me había considerado buena. El resto de ese año estuve sin trabajar ni estudiar; me sentía patética e inútil, y no tenía la voluntad de cambiar mi destino. Un día, sin embargo, comencé a hacer traducciones de videos o de cosas interesantes que encontraba en internet, todo esto por puro entretenimiento. Mi padre ya tenía en mente la gran idea de traducir los informes y las charlas de los Padres y demás representantes de la iglesia, por lo que lo ayudé en todo lo que pude. Tras la ascensión del Padre Verdadero se presentaron más informes, más textos y más charlas para traducir, y eso abrió más posibilidades para nosotros. Fue una época de transición para muchos, pero en ese momento sentí que mi destino podía cambiar si seguía ese camino, como si los Padres me hubieran señalado ese camino. Decidí emprender un nuevo viaje, renovada, y al año siguiente empecé a estudiar Traductorado Técnico-Científico.

A partir de entonces se presentó un año completamente inesperado. Primero comencé a estudiar lo que podía ser mi nuevo destino; segundo, empecé a trabajar en los primeros dos Libros Sagrados, y tercero, tuve mi primera oportunidad de trabajar como intérprete en un congreso internacional de la UPF. Además de eso trabajaba para la UPF de Argentina y para la Sede Continental de Sudamérica. Al verlo en perspectiva, tengo que agradecer a muchas personas por las oportunidades maravillosas que se me presentaron en estos últimos años.

Más allá del orgullo y la gratitud que siento por todo esto, también reconozco haber sentido una presión muy grande debido a semejante transición. Después de estar medio año sin hacer algo productivo, no era fácil trabajar y estudiar al mismo tiempo. Nuestros superiores eran muy estrictos con los plazos de entrega, y muchas veces prioricé el trabajo para no cometer errores en mis primeros pasos hacia el profesionalismo. Fue un desafío que me llenó de adrenalina y que me motivó a atravesar varios obstáculos. Muchas veces me esforzaba de más para entregar las traducciones a tiempo, y para eso sacrificaba horas de sueño y estudio. Recuerdo que una vez tenía que rendir varios parciales en una sola semana, y creí que debía hacer una excepción y enfocarme en los estudios. Por desgracia, nuestros jefes no tuvieron compasión y ese mes me rebajaron el sueldo, pero aprendí de esa experiencia y volví a esforzarme (con más equilibrio, por supuesto). Entre tantos desafíos y obligaciones, mi amor por la traducción fue aumentando, y así fue asegurándose la idea de que ese era mi destino en la vida.

A medida que trabajaba en estos tres libros, pensaba mucho en los miembros hispanohablantes que más aportaron a la traducción e interpretariado. Después de toda la experiencia que adquirí en poco tiempo, tengo que decir que admiro a todos ellos por haber realizado semejante trabajo. Para los que no conocen del tema, ser intérprete se está considerando una de las profesiones más estresantes porque requiere un gran esfuerzo mental, físico y psicológico. Los traductores tienen más ventajas porque pueden revisar su trabajo varias veces y no tienen un tiempo tan acotado como los intérpretes. Sin embargo, las fechas de entrega, las demandas de los clientes y los textos complejos pueden agobiar a cualquier profesional. ¿Por qué digo todo esto? Porque estoy convencida de que, en esta nueva era del Cheon Il Guk, los traductores necesitan más visibilización y reconocimiento.

Durante todos estos años, los miembros de nuestra iglesia pudieron acceder a las palabras de los Padres Verdaderos gracias a la labor de varios traductores que aportaron tiempo, dedicación y amor. Es probable que la mayoría de ellos no tuvieran el título de traductores, pero aun así realizaron dicho trabajo con la mayor de las dedicaciones. Algunos aprendieron el idioma coreano para entender más directamente las palabras de los Padres, pero muchos recurrieron a sus conocimientos de otros idiomas para lograr un efecto similar. Siento que ese esfuerzo no se ha tenido en cuenta, y me gustaría dedicarme a darle el valor que se merece.

La Madre Verdadera hizo mucho para darles más importancia a los traductores de la iglesia, hecho que me llena de orgullo y alegría. Si bien aún falta recorrer un gran camino, la decisión de la Madre Verdadera de designar varios traductores de diferentes países o regiones para traducir de forma oficial los Libros Sagrados fue algo maravilloso.

Para este último proyecto formamos un equipo, designamos fechas límite, nos organizamos y ganamos dinero por todo ello. Lo que antes parecía ser un trabajo voluntario hecho de buena fe ahora se está convirtiendo en un trabajo oficial reconocido dentro de la Iglesia de Unificación. Me enorgullece pertenecer a este grupo, y espero que algún día pueda ser alguien que motive a otros miembros a seguir este camino para ayudar a los demás a estar más cerca de las palabras y las charlas de los Padres y sus representantes. Tenemos que reflexionar y pensar que, sin los traductores, no habríamos llegado a conocer a los Padres Verdaderos, porque no habríamos podido entender su idioma. Y sin los traductores, no habríamos podido aprender, estudiar o entender el mundo; ni siquiera habríamos podido aprender otro idioma.

Por esta y muchas otras razones agradezco al Padre Celestial, a los Padres Verdaderos, a mi familia y a todos los traductores de la Iglesia de Unificación por aportar tanta dedicación, profesionalismo y amor a su trabajo, sin importar los títulos o los certificados que tengan o no. Esta experiencia que he vivido en estos años me demostró que ser profesional no se determina solo por un título, sino también por la vocación y el deseo de transmitir algo valioso a personas que no pueden acceder a dicho contenido.

Mi deseo es que estos testimonios inspiren a todos aquellos que buscan informar y transmitir contenidos valiosos de nuestro movimiento con calidad y eficiencia. Estamos en una nueva era donde la información avanza cada vez más rápido, y no podemos dejar atrás a los que no pueden adaptarse a dichos cambios. Así como la Iglesia de Unificación busca unificar al mundo, el deber de los traductores ha sido, y seguirá siendo, unificar y acercar a las personas.

testimonio

2 replies »

  1. Muchas gracias por este gran e inspirador testimonio Yamila. Gracias profundas también a tu papá el Sr. Ricardo por su dedicado trabajo en todas las traducciones que ha hecho y a través de las cuales podemos estar informados y actualizados de todos los acontecimientos en nuestra Iglesia.

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  2. Muchisimas gracias Yamila por tan precioso testimonio. Vuestro trabajo de traductores es realmente importante y hemos de reconocerlo y valorarlo mucho, porque estableceis un puente entre el corazon de las personas, poneis todo vuestro esfuerzo, todo vuestro corazon, para interconectar a personas de diferentes mundos, para transmitir la esencia del mensaje. Esto es realmente dificil lograrlo, mas todavia cuando estais traduciendo palabras de los Verdaderos Padres, palabras del Cielo, el esfuerzo es aun mayor. Sin vuestro trabajo la Providencia iria mas lenta y el impacto de las palabras de los Verdaderos Padres seria mucho menor. Es un trabajo muy importante porque como bien dices, implica tambien una vocacion, un deseo de transmitir algo valioso, y para lograrlo se necesita un don especial, la sabiduria interior de disolver prejuicios, eliminar barreras y saber acercar los corazones de las personas. GRACIAS Yamila, a ti y a todo vuestro equipo, por vuestro extraordinario trabajo. Que Dios os colme de Bendiciones!!!

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