Opinión

Sohn Kee Chung, una historia Olímpica

Escribe desde Argentina: Ricardo Gómez

Por estos días, más precisamente el viernes próximo, darán inicio una vez más las Olimpíadas Deportivas, en este caso la ciudad escogida para el evento resultó ser Londres, Reino Unido. Será esta la edición número XXX de los juegos, y se desarrollarán entre el citado viernes 27 y el 12 de agosto. Los inicios de estos juegos multidisciplinarios, como todos saben, tuvo su origen en la antigua Grecia, y se realizaban en honor del dios Zeus. Es sumamente gracioso observar a conocidos detractores de todo lo relativo a los ritos cristianos alabar los ritos griegos. Se emocionan por el traslado de la antorcha, hacen profundas reflexiones sobre las implicancias sociales de estos “cultos” y la adoración de esos dioses “tan humanos” No quiero centrar mi escrito en esto, ya que podría desembocar en cualquier lado. Pasemos al tema central de esta nota.

Como no podía ser de otra manera, las únicas veces que esta competencia internacional se vio obligada a detener sus actividades fue durante los períodos de guerra. Hubo, además, otros casos en los cuales las situaciones políticas eran extremadamente conflictivas, a tal punto que se vivieron situaciones paradójicas. Hay en la web muchas historias sobre las Olimpíadas, yo haré foco en una de ellas, porque representa, creo, una de las facetas más dolorosas y ocultas de la historia de la humanidad, y ya no solo de los Juegos.

Sohn Kee Chung nació el 29 de agosto de 1914 en Sinuiju, un hermoso pueblo de la provincia de Pyonganbukdo (actualmente territorio de Corea del Norte) cercano a la frontera con China. Con apenas 19 años empezó a destacarse como un gran corredor, ganando 10 de los 13 maratones en que participó entre 1933 y 1935. En 1935 batió el récord del mundo con una marca de 2:26:42, marca que perduró por espacio de doce años. Sin embargo, en los Juegos Olímpicos de Berlín 1936 no pudo participar representando a su país. Como todos saben, Corea estuvo anexionada a Japón por espacio de más de 40 años a partir de 1910. Dicha invasión duró hasta fines de la Segunda Guerra Mundial, allá por el año 1945.

La invasión de Japón a Corea, en pleno siglo XX, tuvo como objetivo destruir la cultura nacionalista de Corea, pero, además, había razones económicas. Las tierras de Corea fueron utilizadas para la agricultura, además de extraer de Manchuria hierro y carbón. Corea pasó a partir de ese momento a ser una colonia de Japón, no permitiéndoseles hablar su idioma, practicar su religión, e incluso no podían usar sus nombres coreanos, los cuales fueron cambiados por equivalentes japoneses. La mayor parte de los varones fueron trasladados a Japón como mano de obra esclava, esto con la clara intención de desterrar la cultura coreana, considerada como inferior por los japoneses.

Mientras esto pasaba en Corea, el Tercer Reich con Hitler a la cabeza recibía las Olimpíadas en Alemania. Su jefe de propaganda, Joseph Goebbels, sabía que el deporte era un medio más que útil para mostrar las “bondades” del sistema Alemán. Dentro de ese marco político y cultural se desarrolló la Olimpíada del año 1936. Gracias a su récord en carrera, Sohn Kee Chung se vio obligado a participar de la competencia, solo que no pudo hacerlo con su verdadero nombre y representando a su nación. Por estar Corea bajo el dominio japonés, Sohn Kee Chung debió asistir representando a Japón, y con nombre japonés. Así fue que para los anales de las Olimpíadas, el nombre de este coreano fue Son Kitei.

Sohn Kee ganó el maratón bajo el seudónimo de Son Kitei con un tiempo de 2:29:19.2 (nuevo récord olímpico), convirtiéndose en el primer coreano en conseguir una medalla olímpica. Al recoger la medalla, Sohn Kee lo hizo con la cabeza gacha, sin mirar la bandera de Japón, al igual que su compañero, Nam Sung-yong (medalla de bronce). Después, al ser entrevistado por los medios, dejó claro que era coreano y no japonés. Es más, se negó a firmar con su nombre japonés, firmando en coreano y dibujando una bandera coreana en su firma. Estos gestos, como imaginarán, lo condenaron en su regreso a Japón, al tiempo que lo convirtieron en héroe nacional en Corea.

Recibiendo la medalla, en el centro de la imagen

Como ganador del maratón, se le ofreció también un premio especial consistente en un casco griego auténtico descubierto en Olimpia por un arqueólogo alemán. Los entrenadores japoneses, muy enojados por la actitud rebelde de Sohn, le impidieron recibir este premio, y el casco terminó guardado en el Museo de Berlín. Prefirieron eso a entregárselo a un coreano. En 1986, 50 años más tarde, el casco fue finalmente entregado a Sohn, quien lo donó al Museo Nacional de Corea, donde se exhibe actualmente. Por su alto valor simbólico, este casco está catalogado como el Tesoro Nacional número 904 de Corea.

Tuvieron que pasar muchos años para que la vida reivindicara a Sohn Kee. Fue el abanderado de Corea del Sur en las Olimpiadas de Londres en 1948, las primeras en las que Corea participó tras su liberación del dominio japonés. Sin embargo, su momento más especial llegó en 1988, durante las Olimpiadas de Seúl, cuando tuvo el honor de ser el relevista que entró con la antorcha olímpica en el Estadio Olímpico de Seúl, donde recibió la mayor ovación de su vida. Sohn falleció el 15 de noviembre de 2002, y fue enterrado en el Cementerio Nacional de Daejeon. Tras su muerte, le fue entregada la máxima distinción (dragón azul) al mérito deportivo, y se creó en Seúl el Parque Memorial de Sohn Kee-Chung.

Uno no puede dejar de pensar cuántas historias de este tenor habrá que no conocemos. Cuántas personas habrán pasado por situaciones tan aberrantes e injustas como las que pasó el pueblo coreano. Paradójicamente, mientras en casi todo el mundo se hablaba de libertad, en pleno siglo XX en Corea la gente no podía usar ni siquiera su nombre propio. Son esas las historias ocultadas por la hegemonía cultural angloparlante. Historias que debemos conocer para saber dónde estamos parados como raza humana. De qué podemos ser capaces. Siempre existirán quienes querrán dominar por la fuerza, y siempre estarán, a Dios gracias, quienes de forma pacífica resistan esos embates.

Sohn entrando en el estadio con la llama olímpica en Seúl 1988

Lo importante sería que estas situaciones no se repitan nunca más, y que se terminen los enclaves coloniales en cualquier parte del mundo que existan. Y nunca mejor momento para recordar esta historia de colonialismo imperial teniendo en cuenta que los Juegos de este viernes se desarrollarán nada menos que en Londres, quien mantiene actualmente más de diez enclaves coloniales en todo el mundo, Malvinas incluidas. Y mucho más paradójico es que algunos coterráneos mantengan sus mentes colonizadas, que añoren a sus rígidos patrones. No son como Sohn Kee, son pacíficos y receptivos para con las colonias. De esa gente mejor ni hablar.

Medalla de oro ganada por Sohn

Ricardo Gómez ricardomardel@yahoo.com.ar

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