Opinión

Una propuesta de carácter Universal

Escribe desde Peru: Daniel Travi Prochazka

Daniel Travi Prochazka

Ciudadano universal.

Este ser humano existirá, aparecerá en el presente siglo y asumirá su rol; pero no será universal únicamente por su nacionalidad universal; sino, sobre todo, por ejercer dominio sobre su ser. El ciudadano universal lo será, básicamente, por dominar con corazón a través de su mente a sus emociones negativas con el objeto de servir. ¿A quién? A su prójimo, sin dañarlo jamás.

Nosotros, los seres humanos, avanzamos a gran velocidad hacia la construcción de un mundo mejor: Un mundo esplendorosamente bello y espléndidamente pródigo. Lo digo contraviniendo todos los malos augurios que pesan sobre nuestro agobiado y maltratado planeta.

Ese mal estado planetario se superará, podremos remontar y cambiar para bien todo lo que antes hicimos mal, lo cual no será ni fácil ni gratuito. Pero es posible, sí, porque alguien pagó el precio. Es decir, alguien se ha esforzado intensa y permanentemente para que tengamos piso, fundamento, y tal cosa y más se pueda lograr. Sobre esa persona hablaré más adelante.

El punto es que mientras ese momento de disfrute llega –o quizás, para que llegue– es bueno que avancemos, hoy, hacia la unión total de los pueblos y los ciudadanos del más raro y espectacular planeta que jamás existió: la Tierra.

Unión, en este caso, no significa echar abajo las fronteras, no; estas son necesarias para administrar la vida en sociedad; sin embargo, es tiempo de establecer un ‘tratado de libre tránsito de las personas’ entre los países por sobre los tratados de libre tránsito de las mercaderías.

¿Cómo lograrlo? A través de la ONU. Es tiempo de que esta entidad de alcance mundial elija y nombre cada año a un ciudadano de cualquier país del mundo como Ciudadano Universal.

Ni más ni menos. Pero no de modo simbólico, sino de modo real, concreto y absolutamente efectivo.

Para lograr tal maravilla, a la persona elegida la ONU le deberá entregar –además de los honores del caso– un documento de identidad global impecable y bellamente diseñado, válido en cuanto a su uso y disfrute en todos los países del orbe(*). Lo cual implica que esa persona debe ser, sino no muy querida, si muy respetada. La ONU remitirá a todos los países una resolución con los datos pertinentes de cada nuevo Ciudadano Universal para que sea registrado en cada país como tal.

Esa persona será un ciudadano planetario, un verdadero Ciudadano Universal. El primero recibirá la primera Cédula de Identidad Universal, o sea, la primera CIU; la CIU Nº 1, Seguirán más.

Al año siguiente la ONU nombrará dos nuevos ciudadanos planetarios, el tercero cuatro, el cuarto ocho, el quinto dieciséis, el sexto treinta y dos, el sétimo, sesenta y cuatro, el octavo ciento veintiocho, el noveno dos cientos cincuenta y seis, el décimo quinientos doce; y así…

Inicialmente el Ciudadano Universal deberá ser una persona triunfadora en lo moral; y después, si se quiere, también en lo intelectual. No cualquiera podrá ser nombrado como ciudadano de tan insigne e impecable “nuevo país”, deberán ser personas que destaquen a un altísimo nivel. Esas personas, al aceptar su nuevo status, deberán aceptar también una misión: ser Embajadores de la Paz en todo momento y en todo lugar a través de la Universal Peace Federación.

La persona elegida, varón inicialmente, deberá ser elegido Ciudadano Universal conjuntamente con su cónyuge. De ese modo, al elegir al primer Ciudadano Universal, también se estará eligiendo a la primera Ciudadana Universal.

Al respecto, existe alguien a quien me permito proponer para ocupar la posición de primer Ciudadano Universal, en realidad, desde hace muchos años ya lo es. La persona que propongo estando en vida o ya sin su cuerpo físico merece ser reconocido como tal, o sea, primer ciudadano del mundo. Él, durante toda su vida de adulto, es decir, desde su adolescencia, e incluso en estos momentos de su avanzada edad de más de noventa y dos años, se ocupó y se ocupa con intensa voluntad y constante y permanente esfuerzo en promover la paz mundial.

Él es el único hombre en toda la historia del mundo que más países más veces ha visitado con este fin. Él es el Reverendo Sun Myung Moon. Una persona con valores morales absolutamente superiores. Su país del sentimiento es Corea, pero el país de su corazón por sus obras, por su responsabilidad, generosidad y bondad es el mundo entero. Cierto. Su gran labor a nivel mundial es fácilmente comprobable; su esfuerzo y éxitos en el aspecto más importante y vital humano, la paz, ha sido inconmensurable; por ello, o sea, por ser verdad y por ser justo en algún momento todo el planeta, además de tomar conciencia y aceptar a este hombre por sus hechos, tal cual muchos –varios millones– lo consideramos el Rey de la Paz, y no solitariamente sino conjuntamente con su esposa, la Dra. Hak Ja Jan Moon –que también hizo y hace muchísima labor al respecto–, no solo aplaudirá su reconocimiento como el primer Ciudadano Universal, sino que se interesará en sus enseñanzas de alto nivel moral. En conclusión, así como es cierto que las cosas caen por su propio peso, de igual manera y con más razón es evidente que de entre todos los habitantes de este mundo él merece ser reconocido como el primer ciudadano del orbe.

Y curiosamente, ese reconocimiento no lo beneficiará a él, sino a todos los habitantes de este bellísimo satélite del sol; y es así, porque él es, además, nuestro mejor embajador ante Dios.

“El propósito de la verdad es la realización del bien y el origen del bien es Dios mismo. Por lo tanto, el mundo logrado a través de esta verdad sería el mundo en el cual todos los hombres vivirán juntos en un maravilloso amor fraternal bajo Dios como nuestro Padre. Cuando el hombre se de cuenta de que, al hacer daño a su prójimo por conseguir un beneficio propio, su sufrimiento por los remordimientos de conciencia es mayor que el beneficio que consigue injustamente, entonces, le será imposible dañar a su prójimo. Por consiguiente, cuando el verdadero amor fraternal se despierte en lo profundo del corazón del hombre, no podrá hacer nada que cause sufrimiento a su vecino”

Reverendo Sun Myung Moon

(*) La razón de ser del pasaporte es identificar a las personas en un país extranjero, no en el propio; por lo tanto, un Ciudadano del Mundo no requiere pasaporte, sino un documento de identidad personal.

Ricardo Gómez ricardomardel@yahoo.com.ar

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