Opinión

De abuelos, padres e hijos

Escribe desde Argentina: Licenciada Mirta Zangaro de Moisano(*)

Lic. Mirta Zangaro de Moisano

A medida que se va desarrollando nuestra vida vemos cómo cambian nuestros roles, cómo dentro de la sociedad a la que pertenecemos se nos va adjudicando un estatus cuyo contenido corresponde a la conducta observada dentro de nuestro linaje y a la capacidad de influencia que tenemos en él.

No tan lejana está la época en que los adultos mayores eran considerados excelentes consejeros y guías en la familia, buenos para ascender dentro de algunas escalas jerárquicas en lo laboral, y su retiro de la parte activa de la sociedad marcaba además el prestigio logrado por su eficiencia en la labor llevada con esmero para su satisfacción personal.

En la actualidad estos antecedentes ya no tienen la misma importancia de entonces. La sociedad cambió, el hombre tiene otro enfoque de la vida y el discurso intergeneracional a muy pocos llega, pues se manifiesta una forma de transitar por el mundo demasiado veloz y no hay suficiente tiempo para escuchar y menos para filosofar un poco.

Se podría decir además que las técnicas de la medicina actual han logrado alargar cronológicamente la existencia, lo cual no es poco, aunque tales cambios triunfan desde lo preventivo, si bien pueden aliviar solamente a las generaciones anteriores a tales adelantos.

En este punto, en quienes ya dentro de una edad algo avanzada se diagnostican enfermedades que trastornan ese constructo que es la personalidad o que aún se manejan por sí mismos pero con algunas dificultades, es donde se debería mirar con atención por el entorno familiar antes de ubicar al abuelo a una nueva residencia, disponer sobre la conveniencia de un acompañante permanente,  nocturno etc. Hay responsabilidades por parte de obras sociales, gobiernos, jubilaciones y cuanto actor desde lo institucional haya pasado por la trama de vida del anciano más la decisión siempre recae en ese vínculo familiar, esa piel del grupo primario que él mismo fundó.

Haciendo un recorte de todas las variables  implicadas en este universo, ubiquemos algunos  factores que inciden en el cuidado de los adultos mayores.

Una situación que se presenta reiteradamente es cuando en el matrimonio llegan a una edad avanzada y son los únicos moradores de la vivienda familiar, sus hijos, por ejemplo, están casados, tienen una prole numerosa o muy inquieta, viven lejos, tienen largas o complicadas jornadas laborales, etc. etc.

Sería prudente que la familia acordara reunirse y elaboraran esta situación a ser posible con los ancianos presentes, sin ocultarles que si bien en general son personas saludables, se deben prevenir las situaciones que podrían perturbar su salud y que por ello habría que realizar algunos cambios en la casa.

Hay empresas que pueden realizar con prontitud arreglos o reciclajes para salvaguardar su seguridad física, y en caso de que la economía no lo permita, contar con personal idóneo que lleve a cabo el proyecto.

Entre los varios cambios a realizar está la  electricidad, cuidar que los tomacorriente estén alejados de estufas y cocina, que puedan verse con facilidad, tener una llave térmica, que estén a su alcance y que sean revisados periódicamente como así también los aparatos electrodomésticos. Dentro de la cocina, ubicar una buena iluminación lo cual no implica que ésta sea solamente central, sino que se pueden ubicar luces por sectores que faciliten la visión en interiores de alacenas, cajones y bajomesada. La mesada tanto como la alacena han de ubicarse a la altura conveniente para su usuario, pues con problemas en articulaciones y columna resulta difícil elevar los brazos más que a la altura de los hombros o agacharse en demasía o colocarse en cuclillas.

Los cuartos de baño son otro tema a contemplar, en estos también se deben evitar todos aquellos elementos que tengan puntas y buscar lavamanos redondeados, la taza o inodoro a de ubicarse a otra altura, hay asientos que son más altos que los comunes. Colocar a los costados del inodoro 1 barral que sea un sostén para sentarse o levantarse. Las bañeras son peligrosas, deben tener antideslizante y una silla fuerte de metal y fija al suelo que le permita bañarse con comodidad y asearse bien el cabello, y colocar un duchador manual como auxiliar. Ahora resulta más práctico para el anciano utilizar el surtidor de bidet incorporado al inodoro o taza.

Otra necesidad sería quitar las alfombras o carpetas, especialmente aquellas que se colocan a los costados de la cama y no colocar cera a los pisos, esto evitaría posibles caídas y sus consecuencias, siendo conveniente además cambiar las mesas rectangulares por otras redondas o con puntas redondeadas.

Con respecto a las sillas, éstas también se deben adaptar a las necesidades del anciano y si bien hay sillas con pequeñas rueditas, como las de escritorio, son convenientes sólo en muy pequeñas distancias. Las sillas han de ser fuertes y cómodas, difíciles de volcar. En cuanto a la comunicación, el teléfono a de tener un inalámbrico que le permite atender sin correr al sentir el timbre del mismo. Los celulares, si bien son una buena opción, tienen demasiados botones, teclas, necesitan recarga y no les resulta práctica su tecnología que exige una agilidad en los dedos (por ejemplo) que una artritis no permite.

Las escaleras son siempre fuente de inquietud, cualquier mareo, un vértigo, un pequeño resbalón pueden significar una seria dificultad frente a una escalera. Todo implemento como las sillas motorizadas resultan onerosos, por cuanto es preferible que las habitaciones de los ancianos estén en la planta baja de la casa, lo cual constituirá una verdadera lucha pues en general el adulto mayor no desea ceder el lugar que ha ocupado durante años. Estos cambios le significan verdaderos duelos, y la familia debe colaborar con mucha paciencia y amor para que los pueda elaborar.

Al llegar a esta crisis vital donde el locus de control se halla más concentrado en el exterior quedando la persona en un rol pasivo, resalta la necesidad de ser aconsejada la familia por un profesional que se especialice en geriatría, pues aun conociendo la personalidad del adulto mayor a nuestro lado, hay circunstancias que pueden modificar su conducta debido a algún déficit orgánico que se podría prevenir.

En ocasión de no contar con un espacio propio o familiar para el anciano se busca la posibilidad de ubicarlo en un geriátrico. Suele acontecer que la representación social de los geriátricos no es buena en el común de la gente, pero en ese sentido también el familiar encargado de las decisiones tiene la responsabilidad de observar con atención a fin de descartar aquellos que no presenten las condiciones mínimas para el bienestar del adulto mayor.

Pero, ¿qué es lo que debemos mirar?

Ejemplo: que no tenga escaleras, han habido casos en que si llegan a postrarse posterior a su traslado al lugar, merced a las escaleras no volvieron a bajar. Esto sucedió hace muchos años y considero que en geriátricos con planta alta o más de un piso, en la actualidad cuentan con ascensor lo suficientemente accesible como para usarlo con accesorios médicos (camilla, tubo de oxígeno etc.)

La conservación de la higiene, la calidad de los productos en la alimentación, el fácil acceso a los sanitarios y su seguridad, el mantenimiento del edificio, la temperatura adecuada, son algunos de los tantos ítems para tomar en cuenta.

Otros puntos de observación: que haya suficiente luz, que los espacios no sean tan pequeños como para circular con incomodidad, que no sean geriátricos demasiado grandes donde su anciano pasará sólo a ser un número en el montón y que el personal que lo atiende sea eficaz y por sobre todas las cosas sea agradable en el trato. Los ancianos suelen quejarse del trato que reciben y muchas veces lo hacen con veracidad.

Antes de este doloroso trasplante, tanto para el familiar como para el geronte,  establezca una red de comunicación que sea lo suficientemente amplia como para que no sea sólo uno quien se ocupe y la única persona que lo visite.

En el caso de las visitas, busque que puedan acercarse los familiares y los amigos más afectos a él, rotándose y asistiendo sobre todo en los días feriados, pues el anciano tiene conciencia de que es un día no laborable y siente la no-pertenencia a su grupo familiar.

Es conveniente tener una persona encargada de la parte económica, otra para aquellos que le han brindado contención, apoyo, que lo ayudan espiritualmente como por ejemplo su sacerdote o religioso del credo que sea, ese hermano menor que sabe escuchar, ese amigo con el que compartieron hasta ahora el deporte, los juegos de mesa, las conversaciones sobre política etc. etc.

La gerontología puede considerarse hoy como una ciencia multidisciplinaria dando lugar a profesionales que se ocupan de la ancianidad desde la mirada de la abogacía, arquitectura, turismo y muchos otros, ocupando además la mano de obreros especializados a fin de lograr que el paso por este tramo les permita a nuestros mayores recoger y brindar su experiencia de vida en un marco de dignidad, sabiduría y respeto.

(*) La autora es Licenciada en Psicología, Embajadora por la Paz y Escritora marplatense

Fuente

Ricardo Gómez ricardomardel@yahoo.com.ar

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