Opinión

Ejercitando la memoria

Escribe desde Argentina: Ricardo Gómez

Por estos días todos recordamos los tristes acontecimientos que sucedieron hace diez años en el país. Y no es para menos, ya que los disturbios del 2001 se cobraron muchas vidas. Como todos saben, el 19 y 20 de diciembre fueron la eclosión final del conflicto, aunque las razones se venían cocinando a fuego lento desde hacía tiempo. Lo que terminó con muertos, caos, saqueos y corridas, se había pergeñado algún tiempo antes. La imagen paradigmática, además de las víctimas, es la del helicóptero presidencial escapando raudamente hacia el cielo azul. Otro radical que se iba por la puerta trasera sin culminar su mandato. En realidad hay que decir algo a favor del doctor De la Rúa, la puerta por la que se escapó no fue la de atrás, sino la de arriba.

Como ya he dicho en otros artículos, siempre me caractericé por estar en el lugar menos adecuado en el momento menos oportuno. Y, como no podía ser de otra forma, hace diez años la tragedia me encontró trabajando en el peor de los lugares posibles: una financiera. Como consecuencia de esto, puedo opinar en primera persona lo que fue estar en medio del caos financiero que se vivió aquéllos días. Solo Dios sabe la presión y los encontronazos que teníamos a diario con los clientes que creían que las medidas económicas las habíamos tomado nosotros, y no Domingo Cavallo y compañía.

Imagínense lo que era explicarles a los clientes que el pago que querían hacer de las cuotas de su préstamo no se podía aplicar a ese fin, sino que se debía recibir y depositar a cuenta, ya que nadie sabía qué recórcholis iba a ocurrir con la economía. Pero además estaban los que habían dejado dinero depositado en plazo fijo. La mayoría de ellos lo había hecho en dólares, pero ese era un billete que, por entonces, escaseaba. Amistades de muchos años entre estos clientes y el dueño de la financiera quedaron en la banquina para siempre. Nadie quiso comprender que las medidas nos afectaban a todos, y simplemente salieron a reclamar sus derechos, sin entender que a esa altura todos estábamos siendo robados.

No todos perdieron, al menos donde yo trabajé. Algunos tuvieron una peculiar fortuna: retiraron un préstamo en dólares el viernes antes de que se cayera la convertibilidad, y lo terminaron pagando en Patacones, Lecop o alguna otra falsa moneda. Casi todos los que tenían plazos fijos recibieron su equivalente, ya sea en dólares o en pesos. Pero a nivel nacional no todos tuvieron esa suerte. La posibilidad de cobro dependió, como casi siempre, de la capacidad del individuo de contratar estudios de abogados caros. Como se verá, no todos perdieron.

Lo interesante de estos períodos de caos son los motivos por los cuales el pueblo se conglomera y sale a las calles a pedir “que se vayan todos”. Al igual que lo ocurrido en Argentina hace exactamente diez años, vemos que hoy casi toda Europa está viviendo su propia experiencia traumática. A un pueblo se le pueden avasallar derechos referentes a valores familiares, se pueden ir perdiendo de a poco las bases mismas de la sociedad, podemos presenciar cómodamente desde nuestros hogares cómo alguna etnia desaparece bajo la mano de algún dictador, sin embargo, si queremos ver salir a la calle a TODOS sin excepción, métale la mano en la billetera.

Pero más llamativo aun es que muchos parecieran haber olvidado todo esto, y siguen avalando a quienes hoy representan políticamente las mismas ideas que produjeron aquella debacle. Como bien sabemos, el caos se produjo como consecuencia de tomar medidas diametralmente opuestas a lo que el pueblo necesitaba, y solo tuvieron como objetivo proteger intereses foráneos y de algunos poquitos conciudadanos. Como si las experiencias vividas en ese tiempo no hubieran sido suficientemente traumáticas, hoy vemos con asombro cómo los representantes de ese pensamiento ideológico de derecha, como es el caso del Jefe de Gobierno Porteño, Mauricio Macri, aparecen siendo avalados por una cantidad nada despreciable de personas. Esto puede ocurrir solamente gracias a que su ideología está siendo cuidadosamente ocultada.

También es llamativo que algunas personas sigan defendiendo a algunos medios de comunicación que fueron cómplices del caos. Ya habían sido cómplices de la dictadura, esa tragedia que dejó 30.000 desaparecidos, muchos de los cuales recién ahora están apareciendo. Sin embargo, cuando algunos tenemos la quijotesca idea de hacer uso de la inédita libertad de expresión que se vive por estos días, y decimos algo en contra de Clarín y sus esbirros, muchos se ofenden, casi como si tocásemos a su madre. Muy mala memoria tiene este pueblo querido. Parecen olvidar que desde las tapas de Clarín se exigía que se nombre a Domingo Cavallo Ministro de Economía.

Algunos incluso se quejan de este Gobierno, pero parecen haber olvidado esos tiempos en el que un litro de aceite aumentaba varias veces en un mismo día, y, para colmo, no se encontraban en las góndolas, ya que los vivillos de siempre escondían las botellas previendo aumentos. No solo los gobernantes son corruptos, sino que muchos ciudadanos compiten seriamente con ellos. No todos salieron a saquear supermercados por hambre, pudimos ver a cierta gente saliendo de los mercados con sendos televisores.

Algunos creen que mi aversión a las políticas de derecha es nueva. Creen que estos aires kirchneristas me infundieron nuevas ideas. Pero no, yo padecí hace tiempo tener que dar la cara por las medidas confiscatorias que otros tomaban, los mismos que incluso hoy hablan y opinan como si supieran. Deberían estar presos, ya que cometieron delitos dolosos, muchos de los cuales todavía estamos pagando.

Estas experiencias son algunos de los motivos, no todos, por los cuales apoyo al Gobierno de Cristina Kirchner. Porque tengo memoria. Porque recuerdo claramente la forma en la que vivimos esos días y los comparo con estos tiempos. No tengo dudas de que este Gobierno está pagando las fechorías de aquéllos que literalmente vaciaron el país. Ruego que cada vez más personas recuperen la memoria. Ruego que cada vez más personas recuerden quien es quien es este País, y voten en consecuencia. Y, para cerrar, agradezco a la vida haberme puesto, al fin, en el lugar y tiempos adecuados.

Ricardo Gómez ricardomardel@yahoo.com.ar

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