Opinión

Los protegidos de siempre

Escribe desde Argentina: Ricardo Gómez

Para quienes siguen este blog y tratan cada día de informarse medianamente bien buceando en los distintos medios de comunicación, no llama la atención los conflictos por los que atraviesa la oposición política en estos días. Aquí mismo se dijo, y hace ya bastante, que este desenlace era inevitable. Se veía venir desde lejos, y no porque uno sea un experto en política, que no lo soy, sino que dos más dos fue, es y seguirá siendo cuatro.

No me causa ninguna gracia ver a los radicales insultándose, golpeándose y recriminándose unos a otros. Para el buen desarrollo de la democracia este espectáculo es inaceptable y vergonzoso. Como tampoco es bueno que los otros partidos políticos hayan caído en el desguace y la atomización. Flaco favor le hacen a las Instituciones.

Radicales a punto de ebullición

En el marco de los conflictos partidarios, se pudo ver a los representantes políticos discutir acaloradamente entre ellos. Algunos, bastante pocos, salieron a esgrimir algunas explicaciones sobre las causas de semejante cisma, aunque todo sonó a poco. Es en estos casos en los que uno espera ávidamente algún viso de autocrítica de los protagonistas, aunque los intentos que mostraron fueron, en el mejor de los casos, exiguos. Como ciudadano, quiero conocer los detalles de semejante debacle. No estamos hablando de un grupito de fomentistas, sino de los representantes de un partido político centenario. Por el bien de las Instituciones, deben dar explicaciones.

Pero los detalles suenan a poco. Me da la impresión que los candidatos derrotados omiten intencionalmente y de forma descarada mencionar a una parte importante de todo este andamiaje patético. El único que esbozó algo muy por arribita fue el otrora cómico “Nito” Artaza. El Senador radical comentó en una entrevista que los radicales “no debían seguir la agenda de las corporaciones” ¿Quiénes son esas corporaciones? ¿Tienen nombre? ¿Las conocemos? ¿Por qué el Senador no dice abiertamente quiénes son? ¿A quiénes no deben seguir? Si no tienen que seguirlas nunca más, ¿por qué continúa protegiéndolas?

Hace más de un año que desde este humilde blog vengo diciendo que los políticos que replicaron los antojadizos requerimientos de “esas corporaciones” pagarían el precio. Los radicales, y el resto del arco opositor, no quieren decir el nombre. No se animan porque, vaya novedad, esa “corporación” tiene aun un poder absoluto, cruel y vengativo. Por tal razón, evaden astutamente mencionar su nombre. Por si usted no lo sabe, esa “corporación” innombrable es ni más ni menos que el monopolio Clarín.

Ellos siguen siendo los grandes protegidos en toda esta hecatombe política. Nadie los menciona directamente, se esconden detrás de eufemismos, buscan salidas correctas y elegantes, aunque todos sabemos, y lo venimos diciendo, que esa connivencia resultaría en caos. También se dijo aquí que cuando eso ocurriese, como finalmente pasó, Clarín saldría indemne, e incluso se vaticinó que se darían el lujo de criticar a la oposición como si ellos no formaran parte de la campaña electoral. Y algunos se enojan cuando desde aquí se insiste con demostrar que Clarín es una gravísima enfermedad para las Instituciones de este y de cualquier país.

Lo cierto es que, aunque los protagonistas de la derrota no lo digan, aunque ellos se oculten detrás de sus hojas, aunque sus cómplices busquen coartadas, algunos conocemos el papel lastimoso y cobarde que elucubran desde sus editoriales. Es solo cuestión de tiempo, Clarín. Más tarde o más temprano te comprenderán las generales de la ley.

Ricardo Gómez ricardomardel@yahoo.com.ar

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4 replies »

  1. Me gustó el artículo en su buena narración, la cual ya conocemos de su editor. Tengo muy pocos conocimiento de política, pero el medio mencionado es cuestionado, al ser Clarín, un monopolio y tener una posición casi siempre crítica, naturalmente, no es el mejor aporte social en información y otras yerba.

    Felicitaciones, los artículos son muy buenos y profesional.

    Eduardo

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  2. la mayor enfermedad de los partidos políticos es no respetar cartas orgánicas.
    los argentinos con 28 años de democracia, algo aprendimos, nunca tuvimos una vida fácil, no apoyaremos a una oposición obsoleta sin principios partidarios, con discursos soberbios y sin planes de gobierno propios.

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