Opinión

Una catarata de orgullo

Escribe desde Argentina: Ricardo Gómez

Cuando parecía que nada nos libraría de los persistentes informes sobre el 11/11/11 aparecieron ellas. Las Cataratas del Iguazú nos salvaron de lo que se perfilaba como un día signado por la numerología y los ovnis. Desde que comenzó la votación, allá por el año 2007, todos intuíamos que este sería el año en el que, por fin, la Argentina tendría su merecida Maravilla. Cuando vimos al empresario Suizo Bernard Weber, fundador de la empresa New Open World Corporation y creador del concurso, sobrevolar las Cataratas con su dirigible de 40 metros todos supusimos que la experiencia no lo dejaría indemne. Y así fue. Tras el sobrevuelo comentó a todos los presentes: “El poder de las Cataratas se siente bajo la piel”. Esa frase no hizo más que augurar el resultado ya conocido.

Las Cataratas no fueron las únicas elegidas, al grupo se sumaron: el Amazonas (América del Sur), la bahía de Ha-long (Vietnam), la isla de Jeju (Corea del Sur), Komodo (Indonesia), el río subterráneo de Puerto Princesa (Filipinas) y la Montaña de la Mesa (Sudáfrica). Quedaron afuera de la elección sitios francamente hermosos: el Mar Muerto (Israel, Jordania y Palestina), la Gran Barrera de Coral (Australia), el Gran Cañón del Colorado (Estados Unidos) y la Selva Negra (Alemania).

Al leer las repercusiones de esta noticia en los distintos países beneficiados, he notado que la palabra elegida casi con unanimidad para tratar de expresar lo que se sentía era orgullo. Desde Argentina hasta Corea el orgullo nos invadió a todos. La pregunta que me resuena persistentemente en mi cabecita es si esta palabra es la adecuada para comunicar lo que nos pasa. Vayamos al significado de la misma según la Real Academia Española:

Orgullo

  1. m. Autoestima:
    (al decirle aquello heriste su orgullo)
  2. Exceso de estimación propia, arrogancia:
    (debes moderar un poco tu orgullo)
  3. Satisfacción personal que se experimenta por algo propio o relativo a uno mismo y que se considera valioso:
    (tus notas han llenado de orgullo a tus padres)

Si usted, querido lector, presta atención al significado de la palabra orgullo, notará que, en cualquiera de sus acepciones, hace referencia a algo que se consigue como propio o relativo a uno mismo. Las cataratas, y, a decir verdad, todos los accidentes geográficos, nada tienen que ver con nuestra mano, sino que estaban allí desde muchos años antes de que nosotros siquiera estuviésemos en los planes de nadie. Nuestro único motivo de orgullo, en este caso, es haber tenido la sagacidad de convertir la zona en un predio habitable y usufructuable, pero el diseño nos precede. En virtud de esto, no podemos sentir orgullo simplemente porque las cataratas estén allí.

¿De qué podemos estar orgullosos, entonces? Según la definición, de todo aquello que conseguimos por nosotros mismos. Por ejemplo: alcanzar una meta académica o laboral, haber superado algún límite y cosas por el estilo. Podemos afirmar sin temor a equivocarnos que la satisfacción es un subproducto secundario que surge como consecuencia de haber conseguido algo en nuestras vidas luego de un determinado esfuerzo.

Si ahondamos un poco más, notaremos que son los logros internos aquellos que más satisfacción nos producen. Como se sabe, amar a alguien con amor verdadero produce una satisfacción eterna, mientras que la alegría y satisfacción derivada de adquirir un BMW es temporal. Esto es así porque lo interno tiende a ser eterno, mientras que lo material se corroe con los años. Visto así, el lugar ideal para lograr metas internas es la familia. Es en la familia donde nuestros corazones se ven expuestos a experimentar distintos tipos de amores, con lo cual el crecimiento está garantizado, en tanto y en cuanto haya amor entre los integrantes de la misma.

Usted quizás se pregunte cómo recórcholis es que terminamos tocando este tema si empezamos con las Cataratas. Llegamos aquí porque la palabra orgullo no puede aplicarse a las Maravillas que nos rodean, al menos no de la forma en la que lo hacemos. El orgullo se aplica solo a las cosas que conseguimos por nuestra propia cuenta. El sentimiento que nace de pertenecer al país que alberga a las Cataratas y a tantas otras maravillas es un orgullo más cercano al agradecimiento. Podemos estar agradecidos de vivir en un país como este, pero no orgullosos. Solo podemos sentir orgullo si con nuestras acciones ciudadanas hacemos día a día un país más habitable y justo para todos. Agradezcamos, entonces, por las hermosas cataratas que Dios nos dio, y comportémonos cívicamente como para poder sentirnos orgullosos con nuestros actos.

 

Ricardo Gómez ricardomardel@yahoo.com.ar

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