Opinión

El camino hacia la Paz

Escribe desde Argentina: Ricardo Gómez

Hoy, 21 de septiembre de 2011, se celebra en todo el mundo el Día Internacional de la Paz. El Día Internacional de la Paz fue proclamado en el año 1981 en la resolución 36/37 de la Asamblea General de las Naciones Unidas para que coincidiera con la apertura del período de sesiones de la Asamblea, el tercer martes de septiembre de cada año. La primera celebración se realizó en septiembre de 1982. En el 2001, la Asamblea General aprobó por unanimidad la resolución 55/252, por la cual se declaró que el 21 de septiembre sería un día anual de cesación de fuego y de no violencia. Es por todo esto que las Naciones Unidas hacen formalmente la invitación a todas las naciones y los pueblos del mundo para que sea respetado este día de cesación de la violencia, y que se utilice para la concienciación del público mediante la educación y la difusión de actividades relacionadas.

Por estas latitudes coinciden también los festejos por el inicio del día de la primavera. También se celebra cada año el día del estudiante, hecho este que seguramente no habrá pasado desapercibido para nadie. Sin embargo, el inicio de esta época tan esperada climáticamente no dará inicio el 21 de septiembre, sino el día viernes 23. Allí será cuando, a las 6.05 hora argentina, (9.05 GMT) se producirá el equinoccio de septiembre, fenómeno astronómico que marca el principio de la primavera en el hemisferio sur y del otoño en el Norte. El año pasado el cambio de estación también ocurrió en esa fecha, pero a las 0.09 hora local. El año próximo, en tanto, la primavera llegará un poco más temprano, aunque tampoco será el 21 de septiembre, sino el 22, a las 11.49.

Así como la primavera no se produce en el momento antojadizo en el que lo deseamos y lo anotamos en el almanaque, la paz tampoco se realizará por el solo hecho de proclamarla a los cuatro vientos. Si usted ha visto algún que otro noticiero, habrá notado que estamos bastante lejos de ese mundo de paz que tanto se declama. Paradójicamente, muchas de las organizaciones que profesan estas iniciativas son las mismas que avalan las invasiones a países emergentes, dando por tierra con esas pretensiones de paz. Una mirada muy por arriba nos dice que la paz no se logrará solo porque la gritemos desde el más alto de los edificios.

¿Por qué nos cuesta tanto vivir sin disfrutar una paz duradera? Es imposible vivir en paz dentro de un marco de desconfianza. El miedo ayuda a generar ese ahogo, esa asfixia que nos hace desconfiar de todos. Un crimen se multiplica por cien, mientras que una obra de bien se oculta prolijamente, para que no se imite. Las batallas se multiplican, los crímenes, lejos de cesar, aumentan en todo el mundo. Se invierten miles de millones de dólares en sostener guerras inútiles para la mayoría de la humanidad, solo rentables para unos pocos, los mismos de siempre. Así es muy difícil vivir en paz. Existen en la web sendos tratados muy gruesos acerca de estas cuestiones, pero lo cierto es que, aun estudiándolos, tampoco se consigue la paz. Se han filmado miles de series y películas con el objetivo de inculcar las buenas costumbres, pero tampoco eso ha conseguido resultados tangibles.

¿Qué hacer entonces? ¿Dónde comienza ese camino que nos puede llevar hacia la paz? Las actividades externas que se realizan en estos días son útiles para enseñar a los más jóvenes la importancia de la paz, pero esas enseñanzas se deben sostener con acciones que perduren el resto del año. Habida cuenta lo manifestado más arriba, la sola realización de esas actividades no nos hará vivir en paz por arte de magia. El problema aquí es que hay una contienda previa a esas guerras, a esas peleas, a esos robos, y es un conflicto que subyace oculto dentro de nosotros. Ese conflicto es una división entre nuestra mente y nuestro cuerpo. Es por esto que la mayor parte de las religiones y los sabios que ocasionalmente surgieron a lo largo de la historia indicaron que la batalla primordial es con uno mismo.

Curiosamente, algunas personas han conseguido un equilibrio interno que les permitió vivir en paz. Lo consiguieron viviendo como ascetas y ermitaños, ocultos en alguna cueva. Esta “elevación”, a mi entender, ha sido un desperdicio de horas y vidas. De nada nos sirve apartarnos de la sociedad, ya que la verdadera paz se aplica cuando conseguimos solucionar los conflictos que tenemos con nuestros semejantes, no cuando nos acovachamos en alguna remota caverna. Aun así, nos demuestra que el camino es de adentro hacia afuera, y no de afuera hacia adentro.

El camino para empezar a solucionar los conflictos que padecemos es enmendar primero nuestro conflicto interno. Solo cuando hayamos reparado ese conflicto primigenio podremos tener la capacidad de enfrentarnos a los otros problemas. Y es allí donde la educación cumple un rol fundamental, partiendo de la base de haber logrado identificar ese conflicto interno y trabajado sobre él, es que podremos multiplicar esa paz en otros. Reproducir esa paz es crucial, porque es inútil conseguir la paz interna si el que está a mi lado sufre. Mientras haya un solo ser sobre la tierra que sufra, la paz seguirá siendo solo una hermosa utopía. Para que ese horizonte se haga realidad, el camino comienza desde adentro, y se multiplica luego en las acciones. Solo de esa forma alcanzaremos la tan ansiada paz mundial.

Ricardo Gómez ricardomardel@yahoo.com.ar

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4 replies »

  1. Esta reflexión es una belleza!
    Si nos ocupamos de resolver la raíz de nuestros conflictos internos, y tejemos la experiencia de la paz interna hacia nuestra red de relaciones definitivamente este Mundo sería otro.
    Tal vez valga parafrasear un poco a Gandhi: “Seamos la Paz que queremos para el Mundo”
    Abrazos Otoñales Ricardo, desde México!!!

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  2. Es una exposición justa y concisa sobre las condiciones del hombre que aún no puede superar. Siempre es el otro, siempre el locus en el exterior, yo no fui, como dicen los chicos. Pero somos nosotros, nosotros juzgamos, nosotros discriminamos, nosotros dejamos que las pasiones nos lleven y nos gane el rencor, triunfe la ira, la sinrazón y la indiferencia y así vamos por el mundo sembrando heridas, pequeñas heridas qaue producen displacer, dolor, desencanto, frustración.

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    • Así es Mirta, lo expresaste mejor que yo. La sociedad toda está diseñada para ser condecendientes con las faltas propias, e intransigentes con las ajenas. Es cuestión de evolución, algún día comprenderemos. Un abrazo, y gracias por pasar.

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