Experiencias Personales

El primer libro

Escribe desde Argentina: Ricardo Gómez

Recuerdo con claridad el día en el que mi prima Ana María me regaló mi primer libro “para grandes”. Tendría yo unos 10 años, y andaba de visita por Buenos Aires. La habitación de ella era para mí un lugar extraído de otro mundo. Las paredes estaban cubiertas de libros, y, como solo disponía de cuatro paredes, los volúmenes se amontonaban en el escritorio, la silla del rincón, un viejo baúl, la estufa (en verano) y sobre toda superficie plana disponible. Primero buscó minuciosamente entre los libros, observando con su mano derecha tomando su barbilla, como analizando cuál sería el más conveniente. Quizás, como lectora experimentada que era, solo estaba dándole tensión al momento, lo cierto era que yo estaba expectante, mientras tanto el silencio nos invadía.

Su mano se dirigió con certeza hacia un libro bastante ajado que descansaba debajo de otros tantos. Lo quitó con cuidado y lo miró fijamente durante un rato. Repasó sus hojas al azar, como rememorando viejos momentos compartidos. Pude ver, solo por un instante, esa mirada de quien asocia a un libro con historias personales, con momentos inolvidables vividos juntos. Probablemente le dolió desprenderse de ese preciado bien, o quizás continuaba con su manejo de los tiempos. Luego de verlo por última vez me lo entregó sin más, como quien se decide a dar algo a sabiendas de que dispone de una sola oportunidad antes de arrepentirse. Acto seguido me aconsejó que lo leyera con sumo cuidado, recordándome que sus libros estarían allí para mí cuando yo los quisiese.

Volví a mi ciudad con el preciado regalo en mi poder. Por entonces vivía en Sierra de los Padres, un lugar que brindaba una tranquilidad óptima para la lectura. Recuerdo haberme sentado por allí, a la sombra de algún árbol. Mi perro se acomodó fielmente a mi lado, ajeno sin remordimientos a cuestiones literarias. Acomodé mis lentes y abrí la tapa del libro para cumplir con lo que mi prima me había pedido. Sin saberlo entonces, mi vida ya no volvería a ser la misma.

La novela en cuestión era “Las aventuras de Tom Sawyer” de Mark Twain. Nunca encontré las palabras adecuadas para describir la fascinación que esa historia causó en mi ser. Como conté por ahí, estaba solo, separado de mis primos y demás familiares, y esa lectura me adentró a un universo del cual no quería salir. Devoré sus páginas casi con locura, y volví a releerlas una y otra vez.

Es mucho el poder que tiene un libro si está escrito con pasión. Son muchas las vidas que puede cambiar. Quizás mi prima Ana María sabía esto, quizás no, no lo sé. Lo que sí sé es que todo joven debería tener acceso a la buena literatura en sus primeros años, esos años que lo forjarán en su madurez. Si el primer libro logra despertar ese interés por las historias, ya nada podrá quitarlo de ese camino. Nuestros niños de hoy están un poco alejados de las hojas, y mucho más cerca de los microchips. Todo avance tecnológico es bueno y respetable, pero negarle a un joven esa experiencia mágica que aporta leer un buen libro es imperdonable.

Luego de Twain llegaron Dickens, Stevenson, Hawthorn, Sábato, Cortázar y tantos otros. Una vez leídos se hace difícil pretender incursionar en el mundo de las letras, por no decir imposible. Ya mucho se ha tocado el tema de “la hoja en blanco” y esas cuestiones, y no es mi intención adentrarme en esa área, la cual desconozco. Solo quería compartir con los que siguen este humilde blog una experiencia que tiene relación con los libros. En estos días se está celebrando el día del escritor, y es justo y necesario recordar a quienes, con su magia, nos llevaron por esos mundos que supieron inventar, o describir. Algunas veces pude descubrir en mi propia mirada ese gesto casi imperceptible que le vi a mi prima, ese rictus que aflora desde profundos e insospechados recovecos del alma al entrar en contacto con algún libro entrañable. Es una sintonía que cada vez cuesta más conservar, entre tanto libraco político que nos ofrecen.

Hágale un favor a sus hijos y, por extensión, a toda la humanidad: regale libros.

Ricardo Gómez ricardomardel@yahoo.com.ar

Si te gustó el blog compartilo

6 replies »

  1. Hola Ricardo.

    Es un lindo articulo y es cierto cada vez son menos las personas que disfrutan leyendo un libro y esto no srecuerda lo refrescante y formativa que suele ser una buena lectura.

    Bendiciones.

    Me gusta

    • Es cierto, Daisy. A la larga se notan las consecuencias de alejarse de la lectura. Hay que retomar o adquirir, según el caso, la sana costumbre de entregarle libros a los jóvenes. Espero que así sea.
      Muchas bendiciones, gracias por pasar.

      Me gusta

  2. Siempre estoy buscando que mi nieto de 12 años se interese por leer, pienso que el mundo maravilloso a cuál nos introduce la lectura no se lo puede perder. Gracias por hacerme sentir que no estoy tan equivocada.

    Me gusta

    • Hola Norma.
      No estás equivocada para nada, la lectura es de las mejores cosas que nos pueden pasar. Los chicos desconocen esto por el enorme bombardeo mediático que reciben para lo electrónico. Pero, cuando toman un libro (si se lo sabe elegir) entran a otro mundo.
      Un abrazo, gracias por pasar.

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s