Opinión

La prevención es el objetivo (casi) siempre

Escribe desde Argentina: Ricardo Gómez

Vivir en este mundo se ha tornado cada vez más peligroso. Para poder sobrevivir hemos tenido que agudizar el ingenio e inventar recursos de seguridad y leyes, todos necesarios para poder seguir adelante con nuestras vidas. Prácticamente todas las actividades que desarrollamos contemplan elementos que proveen seguridad. Sin ellos, nuestras vidas serían muy complicadas. Dichos dispositivos y normativas son actos de prevención insoslayables si queremos vivir sanamente. Veamos:

Cuando debemos movilizarnos en un vehículo, las normas de seguridad están allí. Los automotores vienen con dispositivos de seguridad incorporados a fin de hacer nuestros viajes más seguros. En los modelos más recientes, los sistemas informáticos nos avisan que no nos hemos abrochado el cinturón de seguridad. Podríamos pensar, si se quiere, que la utilización del cinturón es una elección personal, pero no, las leyes nos exigen que cuidemos nuestras vidas, y en ese sentido son más que claras. De hecho, no tener puesto el cinturón de seguridad en autos con air bag es más peligroso que no usarlos. Las Leyes Nacionales sobre tránsito tienden a prevenir los accidentes, y no respetar estas normativas produce cientos de muertos al año.

Donde quiera que observemos, las normas y leyes nos ayudan a sobrevivir. En los hospitales, escuelas, cines, casas particulares etc. Naturalmente deseamos cuidarnos, y evitamos todo aquello que pudiera dañarnos. Todos los gobiernos dedican ingentes esfuerzos para que el tejido social no se dañe, y para ello legislan todos los años sobre estos asuntos. Pero la prevención no se aplica de la misma forma en todos los aspectos de la vida. Aunque resulte paradójico, existen algunos ámbitos de la vida humana para los cuales la prevención no se aplica, es más, está muy mal vista.

Todos sabemos que el virus de sida está diezmando a la población mundial. Y no solo el sida, sino que las otras enfermedades de transmisión sexual están en pleno auge. No todas son mortales, pero algunas de ellas causan severos e irreversibles daños a los que las padecen. Lo mismo ocurre con el cigarrillo. Se ha tardado décadas en conseguir que se apliquen leyes tendientes a proteger a quienes son catalogados como “fumadores pasivos” Miles han muerto en el camino, miles que han llenado las arcas de los dueños de las tabacaleras. Con los preservativos ocurre algo similar: todo se facilita, tanto así que los condones son regalados si es que los jóvenes no pueden acceder a comprarlos. Pero alguien los paga, y eso termina siendo un generoso negocio para quienes fabrican estos adminículos.

Es paradójico que como sociedad busquemos diferenciarnos de los animales mediante la utilización inteligente de la prevención, pero sin embargo, en el ámbito del sexo promovemos con gusto asemejarnos a los animales, ceder a los instintos sin pudores, sin reservas. Nos cuesta ocultar que dicho comportamiento destruye vidas, nos cuesta mirar para otro lado, pero seguimos adelante, seguimos tratando de hacer que nada pasa. Nuestros jóvenes siguen siendo sobre estimulados para comportarse de una manera que les provocará severos daños, y nadie hace nada.

Este comportamiento es inexplicable desde el punto de vista de la prevención, tan usual en casi todos los aspectos de nuestras vidas, que sin embargo se esfuma de forma verdaderamente llamativa en los aspectos sexuales. En casi todo insistimos que se debe prevenir, menos en los comportamientos sexuales. ¿Cuál es el motivo? Los defensores de estos comportamientos alegan que si les decimos a los jóvenes que “no” estaríamos cercenando su derecho a experimentar. En ese orden es que se está trabajando seriamente en la educación de los jóvenes para que exploren sus conductas sexuales libremente, que averigüen sus tendencias, no sea cosa que alguno de ellos sea un potencial homosexual y se vea imposibilitado de expresarlo.

Otro aspecto que es usualmente utilizado a mansalva para justificar estas prácticas es el religioso. Cualquier intento, aunque tenue, de levantar una humilde voz a favor de la profilaxis, de la prevención, será catalogado de facto como religioso. Religión significa, para estas mentes ilustres, castración, sin más. Es probable que algunos religiosos debieran levantar el guante y rever las maneras mediante las cuales han transmitido su mensaje, porque para muchos esto ha sido perjudicial. Lo cierto es que se aferran de todo lo posible para acreditar sus posturas.

En definitiva, este siglo nos encuentra muy adelantados en materia de leyes tendientes a protegernos de las cosas que nos matan. En contraposición, los aspectos más íntimos de nuestros comportamientos nos asemejan cada vez más a los micos que copulaban en ese árbol del que dicen bajamos. Mientras tanto, los grandes medios de comunicación ocultan prolijamente datos que hacen a estos asuntos, como el hecho comprobado de que el método denominado ABC (Abstinence, Be Faithfull Condoms) (Abstinencia, fidelidad y condones) es una estrategia más que válida para reducir los nuevos casos de SIDA. Dar a conocer esto, así como el hecho científico de que los preservativos solo son útiles en el 80% de los casos, sería ir en contra de enormes intereses económicos, con lo cual es razonable que las bocas se callen y las plumas no escriban.

Hoy todos buscan la libertad. Los jóvenes quieren ser como son y disfrutar del sexo sin cuestionamientos. Los abortistas quieren abortar “para que no haya más muertes” dicen. Se llenan la boca diciendo que ellas deciden sobre su cuerpo, coincidiendo ese mensaje con la tendencia nihilista que nos absorbe, aunque dejando de lado los derechos del otro en cuestión: el bebé. ¿A quién le importa eso? Los chicos fueron educados para pensar de esa forma: no hay ninguna prevención posible, así que las consecuencias de dichos actos simplemente son desechables, así de simple. La libertad sin control es libertinaje, a no confundirnos.

Se vienen tiempos complicados, créame. Todos van por sus “derechos”: los abortistas, los que pretenden la liberación de la marihuana, los que sostienen que es ilegal tener que revelar a sus parejas que están enfermos del sida, los que se sienten discriminados porque no pueden ejercer la prostitución en determinadas calles de la ciudad, y así podría seguir hasta que usted se duerma. Nos hemos convertido en ciudadanos muy veloces a la hora de reclamar derechos, aunque bastante laxos a la hora de cumplir con nuestras responsabilidades. La libertad sin responsabilidad es más peligrosa de lo que aparenta. No será promisorio el futuro de la sociedad si solo cedemos a nuestros instintos sin una conducta responsable.

Ricardo Gómez ricardomardel@yahoo.com.ar

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4 replies »

  1. Excelente, sin herir a nadie marca la necesidad de rever las pautas de la educacion sexual. Un escritor que debe tener un lugar en cualquier horizonte que se proponga .

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