De la encarnación y reencarnación

Escribe desde Argentina la Licenciada Mirta Zangaro de Moisano

Lic. Mirta Zangaro de Moisano

Uno de los factores imprescindibles para poder llegar a una comprensión sobre el significado de la reencarnación es el llegar a consensuar  porqué nacemos a la vida de la materia, porqué encarnamos.

 Para ello si partimos desde el Principio, podríamos decir que Dios, Creador, Inteligencia Absoluta, Amor Absoluto y Libertad Absoluta, al crear a los espíritus (o almas o seres espirituales, o entidades espirituales) lo hace con Sus mismos atributos y, por supuesto, con armonía de todos los atributos, con lo cual estaríamos nombrando la primera Ley Espiritual puesta de manifiesto como corresponde en todos Sus hijos, siendo Sus atributos también Leyes Espirituales para manifestarse e interrelacionarse.
 Además, justamente por ser perfecta Su obra no puede ser estática, sino perfectible y creativa, acorde a otra Ley de Dios: la Ley de la Evolución y, no habiendo creado robots, cada ser es individual y por lo tanto dueño de sus actos.
Resumiendo: Armonía es la primera Ley Espiritual y cada uno de sus atributos Amor, Inteligencia y Libertad son Leyes Espirituales como así también la Evolución; cada ser es individual.
¿Qué sucede cuando se violan estas Leyes?  Es indudable que la armonía espiritual se distorsiona, lo cual ocasiona sufrimiento y conduce al desorden y a la involución, determinando los espíritus sus condiciones espirituales a través de sus propias vibraciones.
Este nuevo estado los lleva a agruparse, su vibración es cada vez más desordenada y en sus choques se dividen en partículas absorbiendo el fluido espiritual de su medio tornándose más rígidos cuanto mayor es su rebeldía, error, etc. accionando en esa forma en defensa de su posición de libertad para elegir su conducta espiritual.

(De ello dio claro ejemplo Anatole France cuando cita a Dios con los dolores de cabeza que le causa la libertad en cuyo nombre el ser humano se parapeta defendiendo muchas veces lo indefendible y Él no puede obrar contra sus propias Leyes)
Si somos capaces de reconocer que el Bien nada deshecha sino que es capaz de utilizar la energía negativa dándole un giro para convertirla en útil, positiva, se podría inferir que allí comenzaron las Leyes de la Naturaleza donde se buscó que los seres más vulnerables no fueran tan influenciables por el resto de su grupo espiritual a través de una existencia dentro de esa carcaza humana que tanto defendemos, pues nos resulta imprescindible en este mundo y que llamamos cuerpo, soma, esqueleto y compañía, carne, materia, etc. Lógicamente se necesitaba el sustrato adecuado, la creación del Universo material, el cual tardó seguramente un tiempo que no era tiempo ya que éste surgió a partir de esa sabia creación del Gran Arquitecto. Así, actos fraticidas que implican un fraccionamiento y un medio espiritual sumamente manchado por los actos de quienes lo habitan, tienen la posibilidad de conformar los distintos elementos de la naturaleza en una evolución constante donde en un punto de esa superación van a volver a formar la unidad espiritual, conformando el mismo ser pues todos somos únicos e individuales, la misma gema será la que vuelva a lucir sus distintas caras, y en cada arista siempre un nuevo resplandor. Esto se reitera en las leyes de la materia (Física, química y neurobiología por ej., cuando se habla de receptores agónicos y antagónicos, cuando se habla de elementos hidrosolubles o liposolubles etc., etc.) donde cada elemento va a utilizar el recorrido adecuado y no otro.
Recordemos que tampoco las partículas que van a conformar el cuerpo están en condiciones de una alta evolución, por lo tanto van a influir sobre la mente del encarnado buscando satisfacer  su principio de placer y desde allí se logra también oscurecer la estancia en este mundo que debería servir como un medio de encontrar la serenidad y el equilibrio. Por otra parte, el hombre busca ocupar los lugares que sustentaba en el grupo espiritual al que pertenecía, y si en él poseía cierta preeminencia, actuará de manera de influir sobre los demás para lograr dentro de sus objetivos recuperar el poder.
El término de la encarnación puede o no ameritar una nueva encarnación o reencarnación, pero no estoy de acuerdo que si hoy pertenezco al género humano mañana esté en el reino vegetal u otros, pues no tiene justificación posible, a no ser que al ingreso al mundo espiritual lleve una posición tan errónea que provoque mi propia fragmentación y cada uno de mis fragmentos  reencarnen  en la naturaleza, pero la unidad espiritual sólo le corresponde al ser humano conformando esa integración del hombre como entidad espíritupsicobiosocial. Como tampoco en mi humilde opinión comparto  el creer que si hoy muere mi padre y a la noche nace mi hijo o a la semana o en dos años o más, mi padre sea luego mi hijo. No es una situación que pueda considerarse ética y menos moral, y menos aún creo saludable brindarle a mi hijo la subjetividad de su antepasado, el niño tiene su propia identidad, lo que debo tratar es de no contaminarla con parecidos ancestrales y cargarle esos mochuelos que no le son propios, hoy la genética y los fenotipos se han encargado de resolver los parecidos. Pero muchas personas resuelven sus problemas con los originarios y cierran sus duelos prolongando al abuelo en el hijo, (u otros parentescos) como una manera de negar su propia muerte. Esta necesidad de perpetuación en la vida material desmiente la bella Obra de Dios.

Esta concepción sobre la Creación de la que se hace referencia, sería una bisagra entre el interrogante de la materia y su principio que podría dar ciertas respuestas, con mayor mérito desde el punto de vista genético, pues con las leyes espirituales y materiales nuestro Padre no necesita ir ubicando gen por gen para cada nuevo ser que llegue al mundo. Él crea la Ley, luego todo se encausa magníficamente con la sabiduría propia del actuar inteligente presente en cada minúsculo elemento de Su Creación.
Cada religión tiene una parte de verdad, no puede ser de otra manera, ya que todas tienen la influencia de Dios para traer el delicado equilibrio al espíritu que sufre. Pero al igual que la Ciencia material, no podemos hablar de verdades absolutas. Aún en la Ciencia todo es paradigmático, esto es que se sostiene hasta que otro paradigma aparece evacuando mayores interrogantes que el anterior. ¿Por qué las religiones se empeñan en ser científicas y comprobables si la misma ciencia material hoy afirma lo que mañana puede negar? ¿Por qué no reconocer que la Misión más importante no es demostrar que lo mío es lo único, sino que lo mío puede aliviar a aquél que necesite y orientar a aquél  afín con mis creencias? ¿Por qué hablar de milagros que ponen a Dios en un plano de elitismo, cuando en realidad la altísima frecuencia vibratoria de un sacerdote, un hermano, rabino, imán, director,  o quien que fuere, puede abrir en el enfermo que solicita ayuda el camino hacia su curación? ¿Es que Dios es distinto para unos y para otros? ¿Quiénes estamos en el Templo? ¿Quienes lo amamos sólo allí, y luego somos tan rígidos que sin el menor pudor anatematizamos a quien viola una pequeña norma? ¿Por qué hablar de la Palabra de Dios y su Furia y  no del Amor de Dios?
¿Por qué hablar de castigo impulsando el temor como una suerte de Inquisición, si Dios nos brinda cuando observamos la grandiosidad de la Naturaleza la capacidad de disfrutar la Creación, y en ella encontramos Su mano, aprendemos a ser artífices de nuestro propio destino y nos sentimos capaces de recorrer otros horizontes mucho más amplios y dilatados que nos harán crecer?
Dios está mucho más allá de las formas exteriores a su Culto, se refleja en cada acto de Amor, en cuya necesidad también coincide la ciencia como un sentimiento sin el cual entraríamos en la robotización y en el fin de la Humanidad
Existen otras tesituras al respecto, ésta es una forma más, otra mirada de religiones espiritualistas que también traen aportes interesantes sin necesidad de menoscabar otras creencias ni caer en fanatismos que desmientan su capacidad de lógica y verdad.
Una de las interpretaciones metafóricas más cercanas a los niveles espirituales que sustenta cada ser, las he encontrado a través de las Posiciones que se enseñan en nuestra Iglesia de la Unificación, puesto que exponen la necesidad de cambio del individuo sin un índice que permanentemente señale culpa. Resulta complicado dilucidar que el señalar la culpa en otros es porque uno también la ha conocido aunque sea en pensamiento, pero hemos tenido contacto con ella, tal como el que odia tiene en el mismo espacio el amor hacia la persona odiada. Sería similar a las formaciones de compromiso, remitiéndonos a lo psicológico, donde un deseo de obrar como incendiario en algún momento, lo reprimimos y somos bomberos (como un ejemplo a grandes rasgos).
El Padre Verdadero busca mediante su filosofía que encontremos nuestra capacidad de entendernos sin utilizar moldes tan rígidos (pues es sabido que la excesiva rigidez lleva necesariamente al quiebre o fractura) y ha ido más allá con su clara visión en cuanto a la convivencia de las generaciones, puesto que si lo hubiéramos sabido escuchar no estaríamos pasando por el actual desmembramiento familiar y la violencia en sus distintas manifestaciones, Hubiera podido cada familia transmitir su discurso generacional logrando que los cambios excesivamente rápidos de la tecnología no determinaran la conducta actual en las familias. Ello por supuesto no implica que tres generaciones se vean obligadas a convivir en un pequeño monoambiente distanciando a la familia de las normas de higiene y moral, sino que refiere a la estrecha comunicación que la familia debe tener pues si los vínculos familiares son fuertes, no hay paredes que los separen conformando una red social que otorga seguridad, apuntalamiento, alegría de vivir, en fin… la piel del grupo con toda la cultura, creencias y normas que individualizan a cada familia sin que ello signifique una simbiosis.
Al encontrar en nuestro deambular espiritual un corazón amplio que late en base a la Unificación donde no se hacen distingos ni persecuciones en nombre de la Fe, ¿cómo no detenernos a beber de su Fuente, cómo no desear compartir así sea cortos momentos con aquéllos cuya mirada abarca todas las miradas en abrazo fraterno?

A quienes  puedan colaborar para hacer nuestra vida un poco más feliz debemos tratar de no dejarlos pasar de largo a nuestro lado; al mismo tiempo verlos como lo que son: Maestros en el difícil arte en la comprensión del otro; seamos sus seguidores buscando allanar las dificultades intrínsecas a la propia Misión pues a medida que aumente su Sabiduría nosotros tendremos algo más valioso para aprender. Es lamentable ver en qué forma cruel la envidia se posesiona de seres que en su enorme ego pretenden destruir a quienes les enseñan amor y tal vez sea porque lo oscuro se siente herido, cegado ante la proximidad de la luz.
El sabio espiritual siempre brillará pues es su esencia manifestándose en evolución constante, en equilibrio de sus atributos, su mirada permanecerá siempre serena. Aquél que sustente envidia y celos tendrá cargas tan pesadas sobre sus espaldas, cargas que él mismo pone, que cada vez le resultará más difícil mantener la marcha bípeda y menos aún aprender a volar con las alas plateadas del perfeccionamiento que nos acerca a Dios como fuente de inspiración.
Aceptar el concierto de la vida acercándonos hermanadamente es un ideal pero no resulta inalcanzable cuando nuestro guía nos enseña que el respeto por la subjetividad es el principio básico de la Unificación.

Licenciada Mirta Zangaro de Moisano

Fuente

Ricardo Gómez ricardomardel@yahoo.com.ar

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2 Replies to “De la encarnación y reencarnación”

  1. me gusta como una idea renovadora, es otra proposicion y muy interesante de analizar. Explica mejor porque estamos en esta tierra.

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