Opinión

De luchas, miserias y esencias divinas

Escribe desde Argentina el Licenciado Miguel Werner

Licenciado Miguel Werner

Luchas y desilusiones

El nuevo milenio, inaugurado hace una década, trajo la ilusión del ansiado mundo de paz que la ONU no pudo garantizar en más de 60 largos años. Los conflictos más terribles persisten en muchos lados. Basta citar como ejemplo Medio Oriente, la península coreana e Irak. Igualmente perviven vestigios de las ideologías que dividieron el mundo: el eje que privilegió las libertades individuales y generó miserias; y el bloque que puso el acento en la igualdad y el bienestar social, pero restringió derechos.

Ni la “mano invisible” de Adam Smith, que supuestamente derramaría “progreso indefinido” para todos, ni el ansiado “paraíso”, que profetizó Karl Marx, se realizaron. Más bien, el bienestar de la humanidad, parece una meta cada vez más lejana. Este no fue posible aún en épocas donde se enarbolaba colectivamente la bandera de una sociedad y mundo mejor y se era capaz de morir por dicha causa. De aquellos altos ideales hoy quedan vestigios, caricaturas o “clientelismos” de distintas especies.

¿Cuántos conflictos y muertes produjeron las luchas? Sea por cuestiones de raza, religión, política o ideología, entre izquierda y derecha, denominaciones que se remontan a la revolución francesa, entre girondinos y jacobinos, aunque en aquel entonces las posturas sólo denominaban una ubicación en el salón de sesiones de la Asamblea Nacional. El antagonismo, sin embargo, cobró fuerza política y mayor virulencia durante más de dos siglos, aún cuando en el fondo ambas extracciones buscan lo mismo: el establecimiento de una sociedad más libre, igualitaria y solidaria.

¿Cuánta sangre de pueblos derramaron las tristes historias de “luchas intestinas” repetidas una y otra vez en cada país? ¿Y los personalismos y egos o ambiciones particulares que prevalece en política (con descalificaciones y falta de diálogo) y ciertas religiones (con cruzadas e inquisiciones)? Podría así continuarse con enumeraciones interminables de confrontaciones entre otros “ismos” y visiones perimidas. La pregunta fundamental aquí sería cómo terminar con tantas desilusiones y desconciertos que generaron estas perspectivas. Con tantas frustraciones y falta de horizontes, que hoy “mata” cerebros de generaciones de jóvenes empujados a la adicción de las drogas, el alcohol y la violencia.

Despertar de sentido

Las persecuciones, las “invasiones” y el “recurso a las armas” no encuentran hoy ninguna justificación. Los graves problemas que en la actualidad azotan a la humanidad, alarmada por el colapso del hogar planetario, no pueden solucionarse con más enfrentamientos, con nuevos dogmas, el insolvente “dios dinero” o la limitada “diosa razón”. Por otro lado, el consumismo no es nuestro irremediable destino. Por eso, la supervivencia humana requiere hoy de nuevos desafíos cívicos, de convicciones y compromisos, de educación y trabajo, de cooperación y diálogo, del redescubrimiento interior y valores, de acuerdos y respeto; fundamento de evolución social y preanuncio de progreso. Pero esto no se produce por magia o por imposición.

La bandera de la fraternidad, que hoy se podría traducir en el imperativo de “globalizar el amor”, debería hoy también garantizar la libertad e igualdad. Porque cuando uno piensa en el bien del otro, la regla de oro de todas las tradiciones espirituales, la comunidad, el olvidado “bien común” de la política, uno se enriquece y se realiza. Esto también tiene que ver con la “ley de la atracción”, que por suerte hoy está en boga, signo de los nuevos tiempos. Este compromiso por el “prójimo”, potencia fundamentalmente lo colectivo, en el que se contempla indefectiblemente los derechos individuales. Esto ya lo demostraron con creces grandes hombres y mujeres que promovieron la ideología del amor, y transformaron la historia: Jesús, Gandhi, la Madre Teresa y Luther King; por citar sólo a los más renombrados en Occidente.


De cara al 2010, que se abre con esperanza en el horizonte, y a todas las promisorias o catastróficas previsiones de aquí al 2012, y parafraseando a John Lennon: “Todo lo que decimos es, démosle una nueva oportunidad al amor” (www.youtube.com/watch?v=OPhu5DR14iM). Esto implica encontrarle la vuelta a la historia, no como naturalizada “lucha” y primitiva competencia o “ley de la selva”, sino de búsqueda y despertar de conciencias, que enciende esperanzas, otorga valor y sentido. Esto implica pasar del “yo” improductivo a la fuerza creadora del “nosotros”. El desafío del amor es lograr trabajar juntos en torno de los grandes ideales exaltados en todos los tiempos, relegando egos.

El “combustible” del amor, no el resentimiento, puede ayudar hoy más que nunca a terminar con las miserias. Parece iluso ¿no?, pero qué decir de “utopías” que preconizaron el “hombre nuevo” y produjeron los más grandes desastres. Vale recordar que miseria viene del griego, donde “mis” es “lejos de”, mientras “eria” remite al dios helénico del amor: eros. Esto significa toda una revolución filosófica. Claro que en Occidente también se “decretó” la “muerte de dios” (por Nietzsche), por lo que la tarea de recuperar la extraviada dignidad y altos ideales, y hacer renacer esa “chispa divina”, reprimida en cada ser por intrascendencias y máscaras del consumismo, será una tarea que requerirá de un esfuerzo supremo y colectivo.

Lic. Miguel Werner   miguelwerner@yahoo.com.ar

Ricardo Gómez ricardomardel@yahoo.com.ar

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