Opinión

Lucero, en el recuerdo

Escribe desde Argentina: Ricardo Gómez

(Nota publicada en varios medios electrónicos en el año 2006)

Los marplatenses hemos sido tristemente testigos de un hecho aberrante como pocos, acaecido en esta ciudad en abril del año 2006. El hecho no tuvo una gran trascendencia nacional, quizás porque la víctima no vivía en un country, tal vez por ser pobre y contar con solo 2 añitos de vida, o tal vez solo por el hecho de vivir a 400 kilómetros de donde todo se cocina, nadie lo sabrá nunca. Para el caso, hoy poco importa la poca repercusión en los medios capitalinos, de todas formas este mundo ya perdió absurdamente a uno más de sus ángeles, esos que deberían alegrar nuestras vidas, pero terminan pagando el precio, alto por cierto, de los errores y las desidias ajenas.

Este suceso en particular nos ha golpeado profundamente en nuestros corazones, ya que esta beba ha sido víctima de más de un asesino y en más de una forma. Le tocó nacer en una familia signada por la violencia y la pobreza, donde sus “padres” fueron a su vez víctimas de otros, y no pudieron hacer el corte dentro su propia familia para que ese dolor termine, simplemente lo extendieron en sus propias vidas. Lucero nació con saldo deudor, no por sus propias faltas, ni siquiera tuvo tiempo para eso, sino por culpa de otros. La vida la recibió con el paso cambiado, y todo se encaminó hacia la tragedia, tragedia que se podría haber evitado.

Micaela Abigail Ramos (tal su nombre verdadero) nació de Evangelina del Valle Algarbe, quien en una situación normal estaría en la posición de “madre”, aunque en este caso diré que fue la persona quien parió a la niña, mientras que el que traspasó los espermas es de nombre Néstor Ramos. Ambos vienen con sendos historiales de vidas muy complicadas, Algarbe incluso es la menor de 21 hermanos, razón por la cual dice haber recibido distintas clases de abusos durante su niñez. El varón, por su parte, tiene un abundante historial de golpeador. En este ámbito le tocó en suerte nacer a Lucero.

Desde el mismísimo momento de su nacimiento, Lucero tuvo que chocar de frente con la parte más oscura de esta raza, ya que fue abandonada en el hospital donde vio la luz, por decirle de alguna forma. A partir de ese abandono, las autoridades tuvieron que hacerse cargo de esta niña y la derivaron a lo que aquí se conoce como “Hogares de Belén” un grupo de familias cristianas que se hacen cargo de chicos con problemas similares al de Lucero. Justamente en estos hogares es que se la “re bautizó” con el nombre de Lucero, y ese es el nombre que usaré para la niña. Los meses transcurridos en esos hogares fueron, sin dudas, los de mayor carga emocional y de amor para esta niña, y serán, seguramente, los que alimentaron en algo ese pequeño corazoncito, y tal vez, es de las pocas cosas de valor que nos quedan al analizar estas cosas que no quisiera escribir.

En un fallo que despertó polémicas, la niña fue devuelta a sus “padres” Y digo despertó polémicas porque la opinión de la jueza de menores responsable del tema de Lucero había dado cuenta de lo inestable del “núcleo familiar” formado por la pareja Ramos Algarbe. Esto no fue tenido en cuenta, y en una decisión llamativamente veloz para lo que es la justicia argentina, la niña fue devuelta a sus progenitores. Luego vendrían las versiones de una supuesta suma de dinero ofrecida a la pareja para la “compra” de la niña. Cuando esa venta se cae, el progenitor comienza a infringirle severos castigos corporales a la niña, como si ella tuviera la culpa de esto. Los castigos se fueron incrementando, hasta el punto de ser quemada en reiteradas ocasiones con la punta de un destornillador, esto sumado a los incontables golpes en la cara y en el resto del cuerpecito.

Paulatinamente la situación fue empeorando para la niña, hasta el fatídico día de abril en el que el progenitor (según el relato de la esposa de éste) mató a golpes a la niña, la ató con una cuerda y la envolvió en una bolsa de consorcio. Hecho esto, colocó la bolsa con el cuerpito de Lucero sobre un ropero o placard y se echó a dormir, todo esto a la vista del hermanito mayor de Lucero, de tan solo 4 añitos.

Hoy por hoy se lleva adelante el juicio a los “padres” de Lucero. Usted sabe como es esto, los defensores de la mujer que parió a Lucero dicen que ella no es responsable, ya que vivía en un ambiente de suma presión y no era conciente de las consecuencias, bla, bla, bla. Los defensores del macho argentino que golpeaba a una nena de tan solo 2 años sostendrán que el tipo padece severos trastornos sicológicos, razón por la cual no era consciente de las consecuencias. Alguno quizás salte con el dedo acusador diciendo que esto es culpa del Estado, que no controla quiénes forman familias. No se en que terminará esto, lo que si sé es que el dolor en mi corazón no cesa. No puedo ver siquiera la foto de esa niña sin que las lágrimas rueden por mi cara. Y me pregunto dónde queda en este caso ese sentimiento que toda madre debe tener de dar la vida por sus hijos. Y el dolor tal vez se produzca porque ese amor, el de una madre, es de las pocas cosas que nos quedan de que aferrarnos. Si hubiera que representar el amor de Dios, la mejor forma de compararlo sería con el amor incondicional de una madre.

Sin embargo, en este caso, Lucerito fue traicionada por quienes la trajeron al mundo sin preguntarle, y solo como una desagradable consecuencia de un momento de fornicación. Esta es una de las paradojas de esta humanidad en la que nos tocó nacer, en la que tenemos que educarnos para casi todo, menos para formar familias. Nadie puede legislar sobre esto, y cualquiera puede hacer uso de ese derecho trascendental. No sé en qué terminará el juicio de estas personas, pero no imagino cómo una madre puede vivir con el peso de no haber puesto a su hija por sobre todas las cosas, no lo imagino, ¿qué quiere que le diga? Evidentemente para algunas la idea de tener un macho dominante es más fuerte que el amor por sus hijos.

Y yo sigo con ese sabor amargo en la boca y en el espíritu. Algunas veces uno quisiera haber nacido como una ameba, para no tener que ver estas cosas, y debo aferrarme a todas mis creencias para no maldecir a quienes abusan de esta forma tan desmedida de los inocentes. Progenitores cobardes, jueces ciegos, y todo un sistema que no mira, no ve, no siente. Los niños son solo fojas que se leen como “casos” en la sobremesa de un country, luego de un opíparo asado rociado de buen vino. Errores que nadie pagará nunca, y nunca nadie dejará oír su voz de disculpas, ni siquiera eso nos queda. Igual ya es tarde, Lucerito no está, y en su corta vida padeció la suma de todas estas cuestiones.

Y ni siquiera escribiendo estas líneas pude exorcizar mis dolores. Sigo con un profundo dolor en el corazón. Usted tendrá cosas que hacer, no le robo más tiempo. Antes de seguir con su vida, mire nuevamente la foto de Lucerito. Mírela de nuevo. ¿Tiene hijos? Vaya, abrácelos, demuéstreles que los quiere, protéjalos, y dele gracias a Dios por no estar inmerso en cosas como las relatadas. Si puede ir a abrazarlos hágalo. Créame, no es poca cosa.

Lucero, segunda parte

Lucero

Lucero

Ricardo Gómez ricardomardel@yahoo.com.ar

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3 replies »

  1. La verdad que ante semejante hecho no hay otra alternativa que llorar de dolor e impotencia…creo que TODOS SOMOS RESPONSABLES EN ALGUNA MEDIDA…pecamos por omisión y por acción. No tengo más palabras para expresar lo que siento.

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  2. tengo tres hermosos hijos, por los que daria mi vida y mucho mas, es el dia de hoy que recuerdo las noticias de ese tragico dia. todavia me duele el alma. No puedo creer que solo le dieran 8 años a esa mujer si puedo llamarla asi, porque en realidad es un insulto para el resto de nosotras. estoy segura que en su lugar nada ni nadie hubiera podido detenerme para protegerla. es muy triste que despues de tantos años solo sea un amargo recuerdo y no un ejemplo de justicia y proteccion de los niños-

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    • Es verdad, María, es incomprensible. A mi también esta historia me marcó profundamente, quizás porque está en las antípodas del comportamiento humano. Una madre debería dar la vida por sus hijos, como la mayoría lo hace. Este es un caso que quizás convenía dejarlo oculto, por algo será.
      Gracias por pasar, un abrazo.

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